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Tomás Davis nació en Los Santos a principios de los 90, en un barrio humilde donde la calle fue su primera escuela. Creció viendo cómo la vida se movía rápido entre pandillas, coches modificados y problemas constantes. Desde pequeño entendió que, si quería salir adelante, debía hacerlo con disciplina y cabeza fría.
Su carácter es responsable, firme y leal, aunque también mantiene un toque desconfiado que le ayuda a analizar bien cada situación antes de actuar. Para él, la justicia y el respeto son valores fundamentales, y siempre soñó con ser alguien que pudiera marcar la diferencia en la ciudad.
Con los años, Tomás decidió seguir el camino de la ley. Inspirado por paramédicos que lograron mantener las vidas en su barrio, tomó la decisión de entrenar duro, formarse y prepararse para convertirse en un paramédico capaz de prestar ayuda a quien lo necesite.
Alejandro Lorente, nació en Los Santos a principios de los 90, en un barrio donde la ley siempre llegaba tarde y la calle dictaba sus propias normas. Desde crío aprendió rápido que, para sobrevivir, había que moverse con cuidado, hablar poco y observar mucho. Mientras otros jugaban al escondite, él ya sabía desmontar una moto robada en menos de diez minutos.
Creció rodeado de trapicheos, coches robados que cambiaban de dueño cada semana y favores que se pagaban con más favores. Aunque nunca fue de buscar bronca, tenía un don para meterse en líos… y otro aún mejor para salir de ellos. Su carácter se volvió frío, desconfiado y calculador, pero siempre mantuvo un código: lealtad a los suyos y cero chivatos.
En la adolescencia se juntó con un pequeño grupo del barrio dedicados a robos menores, menudeo y trabajos rápidos. Alejandro, era el cerebro silencioso: no el más violento, pero sí el que sabía planear, elegir rutas de escape y mantener la calma cuando todo se ponía feo. Con el tiempo, su nombre comenzó a sonar en círculos donde la legalidad era una palabra decorativa.
Tomas Davis nació en Los Santos a principios de los 90, en un barrio humilde donde la calle fue su primera escuela. Creció viendo cómo la vida se movía rápido entre pandillas, coches modificados y problemas constantes. Desde pequeño entendió que, si quería salir adelante, debía hacerlo con disciplina y cabeza fría.
Con los años, Tomás decidió seguir el camino de la ley, inspirándose por policías que lograron mantener las vidas en su barrio, tomó la decisión de entrenar duro, formarse y prepararse para convertirse en un agente de la ley capaz de prestar ayuda a quien lo necesite.