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Tomás Davis nació en Los Santos a principios de los 90, en un barrio humilde donde la calle fue su primera escuela. Creció viendo cómo la vida se movía rápido entre pandillas, coches modificados y problemas constantes. Desde pequeño entendió que, si quería salir adelante, debía hacerlo con disciplina y cabeza fría.
Su carácter es responsable, firme y leal, aunque también mantiene un toque desconfiado que le ayuda a analizar bien cada situación antes de actuar. Para él, la justicia y el respeto son valores fundamentales, y siempre soñó con ser alguien que pudiera marcar la diferencia en la ciudad.
Con los años, Tomás decidió seguir el camino de la ley. Inspirado por paramédicos que lograron mantener las vidas en su barrio, tomó la decisión de entrenar duro, formarse y prepararse para convertirse en un paramédico capaz de prestar ayuda a quien lo necesite.
Nombre Completo: Alejandro Lorente
Edad: 26
Barrio/Lugar de Residencia: Strawberry.
Biografía: Alejandro Lorente, nació entre calles donde el respeto no se pedía, se ganaba. Desde pequeño aprendió a moverse rápido, hablar poco y observarlo todo. Creció rodeado de problemas, carreras ilegales y gente que cambiaba de bando por dinero, así que entendió pronto que en la calle la lealtad vale más que cualquier billete.
Con los años empezó haciendo recados y moviendo mercancía para la gente pesada del barrio, hasta que su nombre empezó a sonar por cómo resolvía los problemas: frío, inteligente y siempre un paso por delante. No era el típico loco que dispara por ego; Alejandro sabía cuándo negociar y cuándo hacer desaparecer el problema.
Actualmente es una cara respetada dentro del barrio. Controla movimientos, contactos y negocios ilegales mientras mantiene una imagen tranquila, aunque todos saben que cuando Alejandro Lorente aparece, algo importante está a punto de pasar. Su objetivo no es solo dinero: quiere controlar la ciudad y dejar su apellido marcado en cada esquina.
Alejandro Lorente, nació en Los Santos a principios de los 90, en un barrio donde la ley siempre llegaba tarde y la calle dictaba sus propias normas. Desde crío aprendió rápido que, para sobrevivir, había que moverse con cuidado, hablar poco y observar mucho. Mientras otros jugaban al escondite, él ya sabía desmontar una moto robada en menos de diez minutos.
Creció rodeado de trapicheos, coches robados que cambiaban de dueño cada semana y favores que se pagaban con más favores. Aunque nunca fue de buscar bronca, tenía un don para meterse en líos… y otro aún mejor para salir de ellos. Su carácter se volvió frío, desconfiado y calculador, pero siempre mantuvo un código: lealtad a los suyos y cero chivatos.
En la adolescencia se juntó con un pequeño grupo del barrio dedicados a robos menores, menudeo y trabajos rápidos. Alejandro, era el cerebro silencioso: no el más violento, pero sí el que sabía planear, elegir rutas de escape y mantener la calma cuando todo se ponía feo. Con el tiempo, su nombre comenzó a sonar en círculos donde la legalidad era una palabra decorativa.
Tomas Davis nació en Los Santos a principios de los 90, en un barrio humilde donde la calle fue su primera escuela. Creció viendo cómo la vida se movía rápido entre pandillas, coches modificados y problemas constantes. Desde pequeño entendió que, si quería salir adelante, debía hacerlo con disciplina y cabeza fría.
Con los años, Tomás decidió seguir el camino de la ley, inspirándose por policías que lograron mantener las vidas en su barrio, tomó la decisión de entrenar duro, formarse y prepararse para convertirse en un agente de la ley capaz de prestar ayuda a quien lo necesite.