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10 de 10
NOMBRE COMPLETO: Robert Collins Vólkov
EDAD: 30 Años
LUGAR DE NACIMIENTO: Norilsk una ciudad de Rusia
NACIONALIDAD: Ruso
SEXO: Hombre
APARIENCIA FÍSICA: Robert tendría una estatura de 1,95cm, siempre lo veras con el pelo tintado de varios colores, ojos marrones y un cuerpo definido.
PERSONALIDAD: Robert es un chico bastante inquieto, de carácter muy fuerte que la mayoría de las veces solo piensa por el mismo, pero eso no quita que no piense también por los demás ya que valora mucho la amistad, jamás lo veras traicionando a ninguna persona que aprecie.
INFANCIA Y ADOLESCENCIA: La infancia de Robert fue bastante dura, siempre fue un niño de pocos amigos ya que no lo aceptaban, para todos los demás era "El rarito" solo por hacer lo que le gustaba sin importar lo que dijera toda la gente que le rodeaba. El solo quería encontrar la felicidad y estar agusto consigo mismo pero era bastante difícil ya que lo único que llegaban a sus oídos eran fuertes insultos, golpes incluso le llegaban a robar casi a diario.
Fueron pasando los años y nada cambiaba todo el mundo seguía metiéndose con el hasta que un día todo lo corto de golpe, Decidió salir a la calle con un bate de beisbol y vengarse de todo aquel que en su momento le dijo algo ofensivo a Robert, fue calle a calle buscando a los que abusaban de el y a cada uno que veía de ellos le daba un fuerte paliza con el bate.
Obviamente la vida de Robert ya no iba a ser la misma, el se sentía mucho mejor ya salía a pasear por su barrio escuchando punk rock bebiendose una buena birra y moviendo todas las drogas y armas que conseguía, se podría decir que de "El rarito" paso a ser "El popular"
ACTUALIDAD: Desde que Robert viajo a Los Santos se hizo colega de unos punkis totalmente de su royo, escuchan punk rock juntos beben alcohol... En fin ser libre de hacer lo que quieras es lo que tiene, aunque parezca que Robert no hace nada mas que pegarse fiestas beber y drogarse también trabaja en un pequeño taller al lado de la zona de Davis ya que sus amigos le ensañaron un poco de mecánica y allí esta sacando dinero. Que quede claro que las drogas, armas, fiestas jamás saldrán de la vida de Robert.
organizacion eliminada
Junior Ramírez nació en un humilde barrio de Santo Domingo, República Dominicana. En su niñez, la vida era dura, pero llena de esperanza. Su familia era su refugio: su madre, Rosa, era una mujer fuerte y trabajadora, y su padre, Antonio, aunque distante y serio, siempre aseguraba que la comida no faltara en la mesa. Roberto, su hermano mayor, era todo para Junior; lo veía como un héroe, un hombre que caminaba con orgullo por las calles del barrio y siempre parecía saber qué hacer. Pero cuando Junior tenía 10 años, su vida dio un giro brusco cuando su familia emigró a los Estados Unidos.
La promesa de una vida mejor en Nueva York rápidamente se desmoronó ante la realidad. Se instalaron en el Bronx, donde las luces brillantes de la ciudad se mezclaban con sombras oscuras y peligros invisibles. Las calles estaban marcadas por la violencia, y las pandillas dominaban los vecindarios. En ese ambiente hostil, Antonio y Roberto, en un intento desesperado por proteger a la familia y encontrar estabilidad, se unieron a los Trinitarios, una pandilla que controlaba gran parte del territorio. Rosa, por su parte, vendía comida en las esquinas, trabajando hasta el agotamiento para sobrevivir y mantener a Junior fuera de ese mundo. Pero las calles tenían otras intenciones para él.
Junior, aunque era solo un niño, veía y escuchaba más de lo que los adultos creían. Las conversaciones susurradas de su padre y su hermano sobre peleas, drogas, y enemigos nunca escaparon de sus oídos. Sabía que ambos estaban atrapados en algo peligroso, y una parte de él sentía temor constante por sus vidas. Su madre trataba de mantener la familia unida, siempre con palabras de consuelo y promesas de que todo mejoraría. Pero Junior sabía que esos días oscuros apenas comenzaban.
Cuando Junior tenía 16 años, la tragedia golpeó con la brutalidad de un huracán. Su padre y su hermano fueron llamados a una confrontación con una pandilla rival, los Dominicans Don't Play (DDP), que disputaba el control del territorio en el Bronx. Era una pelea que no podían evitar; las tensiones habían escalado durante semanas, y los rumores de guerra eran tan espesos como el humo de los cigarrillos que los pandilleros fumaban en las esquinas.
La noche del enfrentamiento, Junior vio a su padre y a Roberto salir de casa con los ojos apagados y la mirada fija en el horizonte, como si supieran que no regresarían. Su madre, impávida pero con lágrimas contenidas, no dijo nada. La noche se sintió interminable, el silencio en el apartamento era ensordecedor. Hasta que llegaron las noticias: Antonio y Roberto habían caído en una emboscada. Murieron luchando, defendiendo su lugar en las calles que no tenían compasión por nadie.
Para Junior, la noticia fue un golpe devastador. Su mundo se desmoronó. Sintió que había perdido no solo a su padre y a su hermano, sino también cualquier esperanza de una vida normal. Rosa quedó destrozada, refugiándose aún más en su trabajo callejero para ocultar el dolor. Pero Junior no pudo encontrar alivio en el duelo. En lugar de llorar, el vacío dentro de él se llenó de una furia ardiente, una necesidad imparable de venganza.
Los años que siguieron estuvieron marcados por una lucha interna en Junior. Sabía que la muerte de su padre y su hermano era un reflejo de lo que las calles hacían a quienes se sumergían en ellas, pero la rabia que sentía lo impulsaba en una dirección peligrosa. Se aisló, dejó la escuela y comenzó a frecuentar a los amigos de Roberto, aquellos que aún eran leales a los Trinitarios. Aunque su madre le rogaba que no siguiera ese camino, Junior no podía escucharla. Sus noches estaban llenas de pesadillas en las que veía a su padre y a su hermano siendo asesinados, y solo podía pensar en una cosa: venganza.
A los 18 años, Junior tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre. Decidió unirse a los Trinitarios, la misma pandilla que había costado la vida de su familia. Sus motivaciones eran claras: iba a hacer pagar a los DDP por lo que habían hecho. Sabía que no había vuelta atrás. El día que fue iniciado, sintió una mezcla de adrenalina y desesperación, pero también una oscura satisfacción. Por fin tenía una meta, un propósito, aunque este lo arrastrara a lo más profundo del abismo.
Junior rápidamente ascendió dentro de la organización, no por su ambición, sino por su implacable determinación. No temía ensuciarse las manos. Cada golpe, cada enfrentamiento, era una forma de acercarse más a su objetivo: encontrar a los responsables de la muerte de su padre y su hermano. En el proceso, se fue perdiendo a sí mismo. Los amigos que conocía lo trataban con respeto y miedo, y su madre, al verlo llegar a casa tarde con el rostro endurecido y las manos manchadas de sangre, dejó de intentar cambiar su destino. Sabía que el hijo que había criado ya no existía. Solo quedaba un joven consumido por el odio.
Durante esos años, Junior se involucró en operaciones más grandes dentro de los Trinitarios: tráfico de drogas, ajustes de cuentas, y enfrentamientos violentos con pandillas rivales. Su reputación creció, pero también lo hizo su lista de enemigos. Vivía en constante alerta, consciente de que el mundo en el que había entrado tenía un precio, y tarde o temprano, todos pagaban con su vida.
Finalmente, cuando Junior tenía 24 años, el momento que había estado esperando llegó. A través de sus conexiones, descubrió quiénes habían estado detrás de la emboscada que mató a su padre y a su hermano. Los líderes de los DDP responsables seguían activos, moviéndose por las sombras del Bronx. Junior reunió a sus hombres y comenzó a planear su venganza. El enfrentamiento final sería una sangrienta guerra en las calles, sin espacio para la redención.
La noche de la venganza, Junior se enfrentó cara a cara con los hombres que habían destruido su familia. Las balas volaron, el caos envolvió el callejón oscuro, y los gritos de batalla resonaron en los edificios. Junior derribó a sus enemigos uno por uno, cegado por la furia que lo había consumido durante tantos años. Pero cuando el último de ellos cayó, en lugar de satisfacción, sintió un vacío insoportable.
De pie, en medio de los cuerpos, Junior se dio cuenta de la verdad. Su venganza no le había devuelto a su familia. Solo le quedaban los fantasmas de aquellos a quienes había perdido, y el peso de las vidas que había tomado a lo largo del camino. Mientras las sirenas de la policía se acercaban, supo que había cruzado una línea de la que no podía regresar. El odio lo había consumido, y ahora, era parte de la misma oscuridad que había matado a su padre y a su hermano.
Junior Ramírez, el chico que alguna vez soñó con una vida mejor, ahora era un prisionero de las calles, un hombre atrapado en una espiral de violencia que no conocía fin. Y aunque había conseguido su venganza, su alma estaba irremediablemente perdida.
Nombre y apellidos: Caleb Moore
Edad: 33
Nacionalidad: Estadounidense
Sexo: Masculino
Lugar de residencia: Ciudad de Los Santos EEUU
En el árido y polvoriento Texas, en el corazón de una ciudad donde las sombras se estiraban más que el sol del desierto, nació Caleb Moore. Un niño marcado por su sangre, un destino que parecía predestinado, aunque él nunca lo aceptó con facilidad. Con 1,90 cm de altura, una musculatura definida que hablaba de entrenamientos intensos y disciplina, ojos azules tan profundos como el cielo despejado de las vastas llanuras tejanas y un cabello castaño que caía ligeramente sobre su frente, Caleb era alguien que capturaba la atención sin esfuerzo. Pero la verdadera fuerza de Caleb no estaba en su apariencia, sino en la historia que lo había formado, una historia en la que el pasado y las decisiones familiares le pesaban tanto como un yugo.
Su padre, Roy Moore, era un hombre cuyos dedos estaban manchados de algo mucho más oscuro que la sangre de un simple cirujano. Roy no solo era un cirujano, sino uno de los más prestigiosos en el negocio clandestino de la medicina. Durante años, había sido la mano oculta que reparaba a los soldados de las mafias, que salvaba a los carteles de la caída de su imperio. Un médico cuya ética no existía, que cobraba altos precios por mantener a las organizaciones criminales de Texas fuera de la cárcel. Sus operaciones no se limitaban a la sala de urgencias. Roy Moore podía suturar una herida, reparar un órgano, pero también sabía cómo borrar la huella de un asesinato, cómo sellar el destino de aquellos que querían escapar de la ley.
Por otro lado, su madre, Lia Brown, era la antítesis de Roy en muchos aspectos. Diseñadora de moda, una mujer que entendía la belleza de la vida desde un ángulo completamente diferente. Lia se había ganado la fama en la escena de la moda de Texas por su talento y su visión única, y su estilo era conocido por todos, desde los barrios más lujosos hasta los más humildes. A través de ella, Caleb aprendió la importancia de la estética, de la creatividad y la visión, aunque muy pocos comprendían cómo estas dos figuras tan opuestas podían convivir en un hogar.
Y luego estaba Kay Moore, su hermano mayor, un hombre que parecía vivir en otro universo. Kay, el mayor de los Moore, era conocido en toda la ciudad por ser un rapero prometedor, una leyenda del underground tejano. Con su estilo inconfundible, sus letras profundas y su ritmo visceral, había logrado un éxito rápido en el mundo del rap, pero también se veía arrastrado por el lado más oscuro del negocio. Kay había seguido los pasos de su padre, y aunque no era tan involucrado en el crimen como Roy, no podía escapar de la sombra de la mafia que lo rodeaba. A los 22 años, su nombre era sinónimo de la cultura de Texas, pero también era conocido por las amistades peligrosas con los mismos carteles que el padre de Caleb manejaba en secreto.
La historia de Caleb, sin embargo, no era solo una historia de herencia. Él no deseaba seguir los pasos de su padre ni se sentía atraído por el brillo superficial de la fama de su hermano. A pesar de la influencia de la mafia en su vida, Caleb se distanció de los negocios turbios. De hecho, su mayor deseo era encontrar su propio camino, uno que le permitiera dejar atrás el legado de sangre y manipulación que lo había rodeado desde pequeño.
Su vida comenzó en las calles de Texas, donde el rugido de los motores y el murmullo de los negocios oscuros se colaban a través de las ventanas de su hogar. Desde joven, Caleb fue testigo de cómo las sombras de la mafia se cernían sobre su familia. Su padre, Roy, siempre estaba ausente, encerrado en su "consultorio", tratando a criminales con heridas de bala, haciendo operaciones sin licencia y, en ocasiones, dando vida a hombres a los que la ley ya les había dado por muertos. Pero lo que más impactó a Caleb fue la noche que su hermano Kay desapareció.
En una de las noches más oscuras, cuando Caleb tenía solo 18 años, la ciudad de Texas tembló bajo el peso de un ajuste de cuentas. Kay había sido secuestrado por un grupo rival de raperos que también estaban involucrados en negocios turbios con el narcotráfico. La noticia llegó a la familia como un estallido de terror. Roy Moore, con su mente fría y calculadora, entró en acción rápidamente, pero Caleb, quien sentía una rabia contenida que había acumulado durante años, decidió tomar el asunto por su cuenta.
No se trataba solo de salvar a su hermano, sino de romper con el círculo de violencia que su familia había cultivado durante generaciones. Esa noche, Caleb caminó hacia el corazón del barrio rival con un par de pistolas ocultas bajo su chaqueta, sin pensarlo dos veces. Enfrentó a los secuestradores con la violencia de un hombre que había sido moldeado por años de contacto con la oscuridad, pero con la determinación de hacer algo bien. Su hermano fue rescatado, pero la experiencia dejó una marca indeleble en Caleb.
Esa noche, Caleb decidió que la vida de un Moore no tenía que ser siempre una vida de sombras. Aunque la sangre de su padre y las cicatrices de su hermano corrían por sus venas, Caleb eligió caminar por otro camino. Pero salir del ciclo no fue fácil. La mafia no olvida, y la conexión entre su familia y las organizaciones criminales nunca desapareció.
A los 23 años, Caleb se encontraba en una encrucijada. A pesar de sus deseos de tener una vida tranquila, los ecos del pasado siempre lo seguían. La ciudad de Texas seguía siendo su hogar, pero también el lugar que siempre lo arrastraba de vuelta a la oscuridad.
Pero a pesar de todo, Caleb comenzó a dar pasos hacia un futuro propio. Se dedicó a entrenar en disciplinas como el boxeo y el muay thai para liberarse de la ansiedad que lo consumía. También se asoció con algunas de las mejores academias de lucha, buscando mejorar sus habilidades físicas y mentales. A lo largo de los años, su cuerpo se volvió una máquina de fuerza y resistencia, y su nombre comenzó a resonar en el círculo de los luchadores y en el mundo underground de la ciudad.
El destino tenía una forma peculiar de unirse con los hilos del pasado y del presente, pero Caleb nunca dejó que eso le quitara la capacidad de ser dueño de su vida. Su hermano, aunque todavía relacionado con la mafia, le había enseñado mucho sobre la resistencia, sobre cómo sobrevivir en un mundo donde la moral no siempre tiene cabida. Su madre, Lia, le enseñó a ver la belleza incluso en medio de la oscuridad.
Ahora, con 33 años, Caleb Moore sigue en su lucha interna por equilibrar lo que es y lo que debe ser. Un hombre musculoso, tatuado, con una mirada fría pero apasionada por lo que quiere. Sabe que las sombras siempre estarán cerca, pero también sabe que la verdadera fuerza radica en poder tomar el control de su propio destino.
No importa cuán profundo sea su pasado ni lo que le depare el futuro: Caleb Moore es un hombre que no se deja definir por las circunstancias. La vida, como el rap de su hermano Kay, es impredecible, pero siempre está llena de acción, de decisiones difíciles y de momentos que definen el camino hacia la libertad.
ACTUALIDAD:
Hoy, Caleb es conocido en Los Santos no solo por su imponente presencia física, sino también por su astucia y habilidad para moverse en las áreas más complejas de la ciudad. Su nombre ha sido vinculado a una de las mafias más influyentes y peligrosas de la ciudad, una organización cuya influencia y poder se extienden por cada rincón de Los Santos.
Pero su vinculación con el crimen no es lo único que ha definido su éxito. Caleb ha invertido sabiamente en otros aspectos del lujo y el entretenimiento que esta ciudad ofrece, uno de los establecimientos más exclusivos y lujosos de Los Santos. Un lugar donde el glamour y la opulencia se combinan con la adrenalina y el riesgo de las apuestas.
((Continuara...))
NOMBRE COMPLETO: Dimitri Vodyanov Markov.
EDAD: 50 Años.
LUGAR DE NACIMIENTO: Moscú.
NACIONALIDAD: Ruso.
SEXO: Hombre.
APARIENCIA FÍSICA: Dimitri tendría una estatura de 1,86cm cuerpo mesomorfo y varias cicatrices en su rostro.
PERSONALIDAD: Dimitri es un hombre bastante serio y tranquilo, le cuesta socializar con la gente, amigo de sus amigos, seguro de si mismo y muy responsable.
INFANCIA Y ADOLESCENCIA: La infancia de Dimitri fue muy buena, era un niño muy inteligente al cual le gustaba mucho estar en familia y disfrutar de los buenos momentos ya que era un niño muy normal. Poco a poco fue creciendo y las cosas empeoraron ya que desde la separación de sus padres Dimitri comenzó a hacer cosas que nunca nadie se habría imaginado.
Dimitri con tan solo 17 años fue a un restaurante a comer tranquilamente, se sentó en una mesa y espero a que alguien le atendiese pero al ver que nadie llegaba se levanto y se acerco a una mesa la cual habían varios hombres sentados, estos eran muy elegantes ya que lucían trajes muy lujosos y joyas, Dimitri les pregunto si había alguien atendiendo las mesas y la respuesta de los hombres fue: sientate niño, Dimitri se quedo en blanco sin saber que decir pero alfinal se sento y empezo a hablar con los señores, la converacion fluia bastante bien pero derrepente uno de los hombres le pregunto si queria ganar mucho dinero, a lo que Dimitri respondió que si. Al acabar la conversacion Dimitri no sabia donde se metia ya que estaba hablando con un grupo que pertenecia a la mafia rusa Robos con violencia, allanamiento de morada, homicidios etc... llegaban a la vida de Dimitri.
ACTUALIDAD: Dimitri ahora vive en Los Santos es un hombre cualquiera que hasta el momento camina solo, trabaja de camionero y le gustan las apuestas, armas y alguna que otra droga.