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Nombre: Nano Brooks Edad: 25 años Físico: Moreno, 1.90 cm, 80 kg
Historia de Vida
Nací el viernes 8 de septiembre del año 2000 en el hospital de Sandy Shores. Crecí en una familia sencilla pero con valores muy marcados.
Mi madre, Susan Moreno, siempre fue una mujer amable y trabajadora. Desde pequeño me enseñó el valor de la vida, el respeto hacia los demás y la importancia de ayudar a quien lo necesita. Gracias a ella aprendí que, incluso en los momentos difíciles, siempre hay que intentar hacer lo correcto.
Por otro lado, mi padre, Caleb Brooks, tenía una forma muy distinta de ver el mundo. Él me enseñó a mantener la calma en situaciones de estrés, a ser frío cuando la situación lo requiere y a pensar antes de actuar. Decía que en los momentos de presión es cuando realmente se ve de qué está hecho un hombre.
Crecí entre Sandy Shores y sus alrededores, un lugar donde no siempre todo es tranquilo. Desde joven vi muchas cosas que un chico de mi edad no debería ver: peleas, problemas y personas tomando el camino equivocado. Eso me hizo entender rápido cómo funciona la calle y aprender a mantenerme firme frente a situaciones complicadas.
A pesar de todo ese entorno, siempre intenté mantener los valores que mi madre me inculcó. No quería terminar como muchos de los que crecieron conmigo. Con el tiempo desarrollé un carácter fuerte, disciplinado y con la capacidad de mantener la cabeza fría incluso cuando todo alrededor se vuelve un caos.
Hoy soy alguien que entiende tanto el lado humano de las personas como la dureza del mundo real, y eso me convirtió en alguien capaz de actuar con determinación cuando la situación lo exige.
Nació en un pueblo rural del norte de España, en una familia trabajadora. Su madre, María del Carmen Ruiz, ama de casa de carácter firme, le inculcó la importancia de la familia, la humildad y el respeto. Su padre, Antonio Soberaa, jornalero rural, silencioso y disciplinado, le transmitió la cultura del esfuerzo y la dignidad del trabajo.
Creció entre el campo y las tareas rurales, aprendiendo desde niño a vivir con lo justo y a no depender de nadie. La vida lo obligó a madurar pronto, forjando un carácter serio, reflexivo y responsable.
A sus 45 años, mide 1,80 m, tiene complexión robusta, cabello gris, barba cuidada y ojos marrón castaño. El cansancio del tiempo se nota en su postura, pero su mirada sigue firme.
Hoy reside en Torre Davis. Vive de forma sobria y reservada, con un fuerte sentido del deber, compromiso con el orden y una empatía silenciosa hacia las injusticias. Habla poco, actúa con firmeza y no necesita imponerse para generar respeto.
NOMBRE COMPLETO: Josee Jara EDAD: 50 años LUGAR DE NACIMIENTO: San Pedro, Paraguay NACIONALIDAD: Paraguayo SEXO: Hombre
PADRES: Su madre, Lorena Amarilla, ama de casa paraguaya de carácter firme y tradicional, siempre enseñó a Josee la importancia de la familia y la humildad. Su padre, Héctor Jara, trabajador rural, silencioso y disciplinado, marcó en él la cultura de esfuerzo, respeto y trabajo duro desde temprana edad.
APARIENCIA FÍSICA: Hombre de 1,80 m, complexión robusta y fortalecida por años de trabajo físico. Cabello rubio, barba cuidada y ojos marrón castaño. Su postura refleja cansancio acumulado con el tiempo, pero su expresión conserva determinación.
PERSONALIDAD: Serio, reservado y extremadamente responsable. La vida lo volvió reflexivo, paciente y con una empatía silenciosa hacia quienes sufren injusticias. Posee un fuerte sentido del deber y un compromiso inquebrantable con el orden y la justicia. No levanta la voz sin necesidad, pero cuando lo hace, es para marcar límites firmes. Carga un dolor interno que se convirtió en motor y propósito.
INFANCIA: Creció en un pueblo humilde de San Pedro, Paraguay, rodeado de campo y animales. Pasó su niñez pescando, ayudando a su padre en tareas rurales y aprendiendo a vivir con lo justo. Desde chico entendió que nada le llegaría sin esfuerzo.
JUVENTUD: A los 18 años emigró junto a su familia buscando mejores oportunidades. En Estados Unidos, persiguiendo el sueño de un futuro más estable. Allí formó una familia y comenzó a trabajar como repartidor, empleo que mantuvo durante décadas, aun cuando no le ofrecía propósito ni satisfacción. Fue padre joven, y durante esos años su hijo se convirtió en su mayor orgullo y motivación.
ACTUALIDAD: El asesinato de su hijo durante un asalto marcó un antes y un después en su vida. Esa tragedia generó un vacío imposible de llenar, pero también una claridad: no quería ser espectador pasivo de la injusticia. Hoy, con 50 años, reside en La Alta y ha decidido transformar su dolor en acción. Busca ingresar al Departamento de Policia como forma de servir a la comunidad, proteger la vida en todas sus formas y honrar la memoria de su hijo, convencido de que cada acto responsable mantiene el orden y evita que otras familias sufran lo mismo.
EDUCACIÓN: Educación secundaria completa. Capacitación operativa adquirida mediante trabajo manual y logística durante años de reparto. Actualmente en preparación física y teórica para cumplir los requisitos de ingreso al gobierno y desempeñarse de forma profesional.
OTROS: Disfruta de la pesca y de los espacios naturales porque allí encuentra paz. Valora la disciplina, la palabra y la justicia más que cualquier reconocimiento. No busca protagonismo, solo propósito real.