• ++ $t("navbar.forum") ++
    • Categorías
    • Recientes
    • Popular
  • ++ $t("navbar.shop") ++
  • ++ $t("navbar.streams") ++
  • ++ $t("navbar.news") ++
logo
++ playersTotal ++ ONLINE
• English
• Español
  • Español
  • English
  • ++ $t("landing.play") ++
  • Registrarse
  • /
  • Conectarse
  • ++ $t("landing.play") ++
• English
• Español
  • Español
  • English
  • ++ $t("landing.play") ++
  • Registrarse
  • /
  • Conectarse
  • ++ $t("landing.play") ++
  • ++ $t("navbar.forum") ++
    • Categorías
    • Recientes
    • Popular
  • ++ $t("navbar.shop") ++
  • ++ $t("navbar.streams") ++
  • ++ $t("navbar.news") ++

++ $t("links.title") ++

      No se encontraron coincidencias
  • Buscar
  1. Inicio
  2. got1111 en kick
  • Perfil
  • Siguiendo
  • Seguidores
  • Temas
  • Mensajes
  • Mejor valorados
  • Grupos

got1111 en kick

@got1111 en kick

0
Reputación
1
Mensajes
1
Visitas
0
Seguidores
0
Siguiendo
Registrado Última vez conectado

got1111 en kick Seguir

Mejores publicaciones hechas por got1111 en kick

Este usuario no ha publicado nada aún.

Últimos posts de got1111 en kick

  • Biografia de Goti Ibarra

    Goti Ibarra nació en una casa chica, de paredes finas y techo de chapa, en un barrio del conurbano donde el ruido nunca se iba del todo. Desde chico aprendió que dormir liviano era casi una habilidad, entre motos que pasaban fuerte, discusiones en la calle y sirenas que sonaban cada tanto.

    Su viejo, Ricardo, era mecánico. Laburaba todo el día en un taller improvisado en el garaje, con las manos siempre negras de grasa. No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, Mateo escuchaba. Le enseñó a usar herramientas antes que a escribir en cursiva, y a entender que las cosas se arreglan… si tenés paciencia. Su vieja, Laura, era enfermera en un hospital público. Llegaba cansada, pero siempre encontraba tiempo para preguntarle cómo estaba. De ella heredó algo que no podía explicarse: esa necesidad de no mirar para otro lado cuando alguien la está pasando mal.

    En la escuela nunca fue el mejor alumno, pero tampoco el peor. Era de los que entendían rápido, pero se aburrían fácil. Le iba mejor en la calle que en el aula. Tenía un grupo chico de amigos, entre ellos Nico, su mejor amigo desde la primaria. Eran inseparables: fútbol en la plaza, tardes enteras boludeando y sueños medio ingenuos sobre “salir del barrio”.

    La adolescencia fue complicada. Muchos de los pibes con los que creció empezaron a meterse en cosas jodidas. Plata fácil, respeto rápido, pero a un precio alto. Mateo estuvo cerca de ese mundo más de una vez. Sabía cómo funcionaba, conocía a la gente, y en más de una ocasión le ofrecieron “trabajo”. Nunca aceptó del todo, pero tampoco estaba tan lejos como le gustaba admitir.

    A los 15 años pasó lo que terminó de marcarlo. Nico se metió en un robo con otros pibes más grandes. La idea era simple: entrar, sacar rápido y salir. Pero nada salió como esperaban. Hubo un forcejeo, un disparo, y Nico no volvió. Mateo se enteró por un vecino, de la peor manera: con rumores, versiones cruzadas y ese silencio incómodo que queda cuando alguien sabe que algo terminó mal.

    Ese día algo se rompió. Durante semanas no habló con nadie. Dejó el fútbol, se alejó de varios amigos y empezó a pasar más tiempo solo, ayudando a su viejo en el taller o quedándose despierto de noche sin hacer nada. La bronca le duró meses, pero con el tiempo se transformó en otra cosa: una mezcla rara de culpa, impotencia y ganas de entender por qué todo terminaba siempre igual.

    Terminó la secundaria casi por inercia. No tenía un plan claro. Trabajó un tiempo con su viejo, después hizo changas: repartidor, ayudante de obra, lo que apareciera. Pero nada le cerraba. Sentía que estaba atrapado en el mismo lugar, viendo cómo la historia se repetía con otros pibes más chicos.

    Con el tiempo empezó a observar más: a la gente, a la calle, a cómo se movían ciertos grupos, a quién mandaba y quién obedecía. Sin darse cuenta, desarrolló una especie de intuición para leer situaciones y personas. Sabía cuándo algo estaba por pudrirse antes de que pasara.

    A los 20, después de otra noche larga sin dormir y de una discusión fuerte con su viejo sobre “no hacer nada con su vida”, tomó una decisión. No fue heroica ni romántica. Fue más bien práctica, casi impulsiva: quería meterse en el lugar desde donde, al menos, podía intentar cambiar algo de todo eso que había visto crecer.

    publicado en Biografías de Personajes
    got1111 en kick
    got1111 en kick