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Jamal nació en un callejón de la Comuna 13, en Medellín, en 1997. Su madre era enfermera comunitaria; su padre, un exmiliciano metido en tratos con las bandas locales. A los 10 años, Jamal ya sabía cómo esconder un arma y mentirle a un policía. A los 13, su familia escapó rumbo a EE. UU. tras una emboscada en la que su padre desapareció. Llegaron con lo puesto. Un tío les consiguió un apartamento en Davis, al sur de Los Santos. Jamal no hablaba inglés. Tenía acento, piel oscura, y cara de forastero. Se comió golpes, burlas, y amenazas. La escuela lo abandonó; la calle lo entrenó.
A los 17, quemó su ID falso. "Jamal Henao murió ese día." Desde entonces, en el barrio lo conocen como Jamal Murda. Porque en su mente, “si no naciste rey, te haces uno”.
Nació bajo una lluvia fina, en una casa de bloques sin repello, encajada entre dos cerros de la Comuna 13. Jamal Henao fue el tercero de cuatro hermanos, el único varón, y el más callado. Su madre, Yolanda, era enfermera voluntaria en un puesto de salud; su padre, Wilson Henao, era un hombre oscuro: mitad leyenda, mitad fantasma. Exmiliciano, exalgo, extodo.
En las noches, Jamal se dormía escuchando disparos a lo lejos. A veces, no tan lejos. En su cuadra decían que había aprendido a gatear esquivando vainillas de plomo.
A los 7 años ya sabía distinguir el sonido de una pistola calibre .38 de una 9 milímetros. A los 9, su padre le enseñó a guardar silencio cuando pasaban los "fantasmas" —hombres armados sin uniforme que cobraban favores con sangre.
Pero fue a los 10 años que la vida cambió para siempre: Una redada. Una casa vacía. Y una madre llorando con las manos llenas de papeles. Wilson Henao había desaparecido. No muerto, no preso. Desaparecido.
Dos semanas después, su madre consiguió tres pasajes en dirección norte. Jamal no volvió a ver su barrio, ni su escuela, ni a sus amigos.
Tenía 13 años cuando bajó del bus que los dejó en Davis, en el sur de Los Santos. El idioma le sonaba como una pelea de perros. El calor era distinto. Las calles olían diferente. Y lo miraban como si fuera un error.
Jamal no era ni afroamericano ni latino del todo. Lo llamaban “colombian kid” unos, “negro raro” otros. En la escuela lo empujaban por hablar raro. En el barrio lo seguían solo por su cara. Nunca se sintió tan solo, ni siquiera en Medellín.
Su madre consiguió trabajo limpiando moteles. Él empezó a faltar a clases. A andar solo. A observar.
Una noche, frente al espejo de su cuarto, agarró su identificación escolar y la rompió en pedazos. “Henao ya no sirve aquí”, murmuró. “Aquí, o te comen… o te coronas.”
Empezó a presentarse como Jamal Murda. Un nombre sin pasado. Sin papá desaparecido. Sin acento. Un nombre que decía: “yo mando mi historia”.
Aprendió inglés en la calle, no en libros. Aprendió a caminar sin mirar atrás. Aprendió que ser invisible es una ventaja, hasta que decides hacerte ver.
Con los años, su acento se fue. Su mirada se volvió más fría. Y aunque nadie más lo sepa, cada vez que alguien dice “King”, él recuerda a Henao… al niño que alguna vez fue, escondido bajo la cama mientras afuera se mataban por una esquina.
Jamal Murda se construyó en silencio. No necesitó pandilla para volverse calle. No necesitó fama para imponer respeto. Solo necesitó una vida entera de pérdidas.
Pero hay noches… Noches en las que escucha cumbia vieja en la radio, o cuando alguien lo llama “mijo” con acento paisa, que Jamal Henao vuelve por un segundo. Solo un segundo.
Y luego desaparece otra vez.!
Nombre y apellido: David Foca Edad: 27 Lugar de nacimiento: Los Santos
Fecha: 22/06/1996
David un joven oriundo de la ciudad de Los Santos, toda su vida ha vivido alli, desde pequeño apasionado por los motores y la seguridad, mayormente su pasión fue mas por las motos, su padre tenia un taller mecanico, en el cual David se paseaba por las tardes, cuando tenia 20 años su padre falleció a causa de un robo, le dejó el taller a David, él siendo joven y llevándose de la ambición no duró mas de 3 años con el taller, por descuidos y malos amigos lo perdió, de todos los recuerdos de su padre y su taller, solo le quedó una moto chopper la cual cuida como si fuese de oro, ya que el valor sentimental y recuerdos que tiene es mas grande de lo que cuesta.
Desde entonces ha sido un poco duro, le tocó madurar desde temprano, para asi lograr su crecimiento economico, ha pasado por diferentes trabajos.
Con una mezcla de curiosidad y necesidad, David acepta una oferta tentadora para unirse a las filas de la mafia rusa. Sus habilidades mecánicas y su deseo de seguridad se convierten en activos valiosos en un mundo donde la astucia y la fuerza bruta son moneda corriente.
A medida que se adentra más en las intrigas y los secretos de la mafia, David se ve obligado a tomar decisiones difíciles y comprometedoras. La línea entre el bien y el mal se desdibuja ante sus ojos, y se encuentra enfrentando dilemas morales que ponen a prueba su integridad y lealtad.
Sin embargo, a pesar de las sombras que acechan en cada esquina, David sigue adelante con determinación, impulsado por la esperanza de encontrar un lugar donde pertenecer y un propósito que dar sentido a su vida. En la turbulenta travesía hacia la iniciación en la mafia rusa, David descubre que el precio del poder, la seguridad y la lealtad puede ser más alto de lo que jamás imaginó, pero su determinación y valentía lo llevan a enfrentar los desafíos que se interponen en su camino hacia el oscuro corazón de la mafia.
David, un joven marcado por la adversidad y la búsqueda de un propósito más allá de las sombras que acechan en las calles de Los Santos, se encuentra en un punto crítico de su vida. Su valentía y habilidades excepcionales han llamado la atención de los poderosos en el mundo del crimen organizado y la seguridad nacional, y es precisamente esta combinación de cualidades lo que lo convierte en un candidato perfecto para unirse a las filas de la KGB. Con valentía y determinación, se prepara para enfrentar los desafíos que le esperan en su camino hacia la KGB, sabiendo que el precio del poder y la seguridad puede ser más alto de lo que jamás imaginó.
Es durante una operación particularmente arriesgada que David llama la atención de la FSB. Su valentía y habilidades excepcionales no pasan desapercibidas para la agencia de seguridad nacional rusa, que ve en él un potencial activo para infiltrarse en las filas de la mafia y recopilar información crucial.
A medida que la FSB lo recluta y lo entrena, David se encuentra dividido entre dos mundos: el de la criminalidad y el de la justicia. Se enfrenta a decisiones difíciles y peligrosas, pero su determinación y su deseo de redimirse lo impulsan a seguir adelante.
Con el tiempo, David se convierte en un aspirante encubierto de la FSB, utilizando su experiencia en el mundo criminal para desmantelar operaciones ilícitas y proteger la seguridad nacional de Rusia. Aunque su pasado lo persigue, encuentra un sentido de propósito y pertenencia en su nuevo papel como defensor de la ley y el orden.