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  • Nate West

    Nate West nació un 10 de agosto de 1995 en el Holy Cross Hospital de Washington
    D.C. Nació más grande de lo normal, pelo negro como la noche, tez oscura y unos ojos azules que cautivaron a todo el mundo que le vio nacer.
    Se crió en una pequeña casa de Michigan Park junto a sus padres Russell y Nicole West, quienes se habían conocido en el el high school y quienes llevaban juntos desde entonces.
    La familia West era una familia humilde. Tanto Russell como Nicole habían crecido en un barrio conflictivo del que siempre quisieron salir.
    Russell nació en Brookville, Pensilvania. Allí vivió con su padre hasta los 6 años de edad, cuando éste por trabajo, ya que trabajaba en un pequeño taller que no daba lo suficiente ni para comer; entonces se llevó a su hijo con él a Washington D.C, donde les esperaba una prometedora vida que realmente se vio afectada por el alcoholismo del padre de Russell, quien desde los 12 años hizo todo lo posible por sobrevivir solo.
    Por otro lado Nicole se crió en Delight, Maryland junto a sus abuelos, ya que había perdido a sus padres desde muy pequeña en un accidente de tráfico.
    Nicole siempre fue una chica muy estudiosa que se dejó influenciar demasiado llegada la adolescencia. Dejó de estudiar para meterse en más problemas de los que nadie nunca quisiera, aunque por suerte la cosa mejoró cuando conoció a
    Russell; un chico de su clase que acababa de llegar y con el cual se pasó toda su vida.
    Cuando el pequeño Nate llegó, Nicole y Russell sólo podían sentir felicidad, estos años atrás habían construido un hogar en una casa que la abuela de Nicole le dejó en herencia en la zona de Michigan Park. Un par de manzanas hacia el este desde
    su casa, regentaban una acogedora floristería la cual escondía un pequeño secreto en el sótano, ya que Russell se dedicaba aún al contrabando de marihuana, plantando y cultivando en su sótano, utilizando así la tienda para el propio blanqueo del dinero.
    Siempre creyeron que su pequeña tapadera estaba segura: tenían sus clientes, no llamaban la atención, podían justificar todo el dinero falseando las cuentas de la tienda… parecía un plan casi perfecto.
    Con tan solo 4 años Nate era un niño feliz e inocente. Iba a la escuela, estudiaba lo que podía y mientras sus padres trabajaban se pasaba el día jugando en el parque
    con sus amigos Blake y Nathan, dos chicos de su misma escuela que vivían por la zona, cuyos padres eran amigos de la familia de Nate.
    Esos eran los años más felices que recordaría, era feliz, vivía con sus padres quienes le querían con locura, se sentía querido, se lo pasaba bien en el colegio, pasaba las tardes jugando con sus amigos y nunca le faltaba de nada, por eso Nate era un niño tan risueño que cautivaba a todo el mundo allá donde pasará.
    Como sus padres estaban siempre ocupados con la tienda que tenían, a los 6 años Nate formaba parte de un pequeño equipo de basket que habían formado unos chicos mayores a su edad del instituto. A su corta edad Nate ya era un niño muy alto, rápido y bastante apasionado con todo lo que hacía, la energía que no invertía en mejorar en los estudios la estab a invirtiendo en el deporte, por lo que Nicole y Russell no dudaron en aceptar que su pequeño formase parte del equipo. Jugaban únicamente contra equipos de otros centros, unas veces ganaban y la mayoría perdían, por desgracia, pero a pesar de no ser un buen equipo, Nate sentía que tenía otra familia en la que confiar, con la que contar.
    Era el día del octavo cumpleaños de Nate cuando ciertas cosas empezaron a llamar su atención. Sus amigos del basket eran mayores que él, le sacaban un par de cursos, por lo que Nate a pesar de su corta edad empezaba a tontear con temas
    “más adultos”. Su primer cigarrillo fue ese mismo día. Nunca olvidará que de la tos del momento sentía que iba incluso a escupir un pulmón. Eso pronto se convirtió en una rutina; tras cada partido de basket Nate y los chicos se juntaban lejos de la
    cancha para fumar. Fue a sus 11 años la primera vez que probó el alcohol, Roddy, uno de los chicos de su club de basket le había robado la petaca a su padre, él decía que todas las noches se pasaba bebiendo de ella, cosa que Nate no llegó a
    entender cuando el amargo sabor del whisky rozó su boca aquella tarde.
    Como sus padres estaban siempre trabajando, nunca llegaron a conocer las malas influencias con las que su hijo se estaba juntando.
    A los 13 años Nate empezó a saltarse las clases, ya no sacaba tan buenas notas, se pasaba los días con los chicos del club de basket, apenas iba a los partidos y se movía por ambientes que dejaban mucho que desear: sus amigos comenzaban a
    vender droga, algunos tenían armas, habían dejado las clases y robaba únicamente para pagar la mierda que se metían.
    Nate empezaba a darse cuenta de la clase de gente con la que se había estado juntando los últimos años de su vida, por lo que Nate comenzaba a ser un chico más rebelde, con mucha maldad, se metía con los niños pequeños de su colegio,
    comenzaba a robar en las tiendas del barrio y retomó la relación con sus amigos de la infancia: Blake y Nathan.
    Los rumores sobre que sus propios padres eran camellos y vendían marihuana no hacía más que alimentar un odio que iba creciendo dentro de Nate hacia todo el mundo. Se sentía solo a pesar de haber crecido con “una familia feliz” ya que sus
    padres nunca tenían tiempo para él, solo se dedicaban a trabajar y trabajar y nunca tenían tiempo para las “tonterías de Nate”, como su madre las llamaba.
    Poco a poco sentía más curiosidad acerca del trabajo de sus padres, no entendía como una tienda de flores podía darles el dinero suficiente para llevar una buena vida, sin lujos, pero buena al fin y al cabo.
    Empezó a curiosear en la tienda de sus padres, quería saber por qué se pasaban los días trabajando con unas estúpidas flores, por qué nunca tenían tiempo para él.
    Nunca encontró nada, por lo que empezó a valorar si sus padres realmente se habían vuelto unos locos de las flores; salvo el sótano que siempre estaba cerrado con llave. Una noche junto a sus amigos decidieron colarse en la floristería de sus padres ya que Nate quería saber qué se escondía tras la puerta cerrada del sótano, queriendo encontrar la razón del éxito de la estúpida floristeria, y el hecho de que sus padres la tuviesen cerrada y no le permitieran la entrada le hacía querer cruzar esa puerta.
    No era ningún secreto que el barrio en el que vivían empezaba a ser un poco conflictivo, las drogas estaban afectando la zona, había mucha gente enganchada a muchas cosas, muchas deudas por pagar y alguna que otra banda luchando por
    hacerse con el control de esta misma, por lo que si algo ocurría sus padres no se darían cuenta de que su propio hijo era quien había entrado allí.
    Todo el plan parecía perfecto: robarle las llaves a sus padres mientras dormían, abrir la puerta, ver que había dentro, cerrar e irse. Parecía algo sencillo, lo que pasó fue que Nate jamás se esperaba encontrar lo que encontró al abrir la puerta del sótano:
    una gran plantación de marihuana. Nate entonces enfureció, los rumores que escuchaba a menudo sobre sus padres eran ciertos, aún así no lograba entender por qué se lo ocultaban. En un ataque de ira intentó cargarse todo lo que allí había,
    pero Nathan consiguió detenerle usando toda la fuerza que tenía mientras le recordaba que nadie debía saber que habían sido ellos quienes habían entrado.
    Mientras Nate se calmaba en los brazos de su amigo Blake, que sí sabía que todo era cierto y quería demostrar que era real, decidió a escondidas sacar una fotografía de lo que allí se encontraba.
    Nadie lo sabía, pero la familia de Blake pertenecía a una de esas bandas que se pegaban dia si y dia tambien por llevar el tema de la marihuana en el distrito, por lo que tener una prueba gráfica de quienes estaban robandoles la clientela les daba una gran ventaja, así como la información suficiente para plantarles cara a los West yendo a extorsionarlos y así quedarse con su material y los beneficios de este.
    Los días pasaron como si nada, llamaba la atención que la familia de Blake rondaba cada día más la floristeria de sus padres. Nate no le dio importancia alguna, ya que al ser gente de su barrio y familia de su amigo, entendió que irían a comprar su “material especial” como otras tantas personas.
    Fue un 15 de septiembre cuando la cosa se complicó.
    Nate estaba en casa esperando a que sus padres llegaran de trabajar para cenar.
    Éste estaba viendo la televisión tranquilamente mientras el hambre se iba haciendo poco a poco con el control. Al ver que se hacía tarde y no llegaban, decidió acercarse hasta la floristería. Para él este ya era el colmo, sus padres estaban tan metidos con su trabajo que ni siquiera tenían prisa por venir a casa, con su hijo, para cenar todos juntos como la familia que se supone que eran.
    Su sorpresa fue cuando llegó y encontró el local en llamas. Se acercó corriendo temiendo por sus padres cuando vio a unos tipos vestidos de negro subirse corriendo a una furgoneta e irse rápidamente del lugar.
    Nate, asustado, llamaba a gritos a sus padres, entre las sirenas de los bomberos y la policía la rabia salía de su cuerpo en forma de gritos que nunca obtuvieron respuesta.
    La familia de Blake era quien había entrado en la tienda, al haber conocido quienes eran los que estaban jodiendo su negocio de narcotráfico, éstos decidieron pasarse más amenudo por la tienda, observando cada paso que daban e incluso comprando
    su maria, intentando que los West no sospecharan de ellos.
    La tarde del 15 de septiembre la familia se armó, escondiendo un par de pipas bajo la ropa y decidieron ir a hablar con los West. Al entrar, cerraron la tienda y se los llevaron al sótano. Allí tras un rato intentando que estos produjeran la mercancía para ellos e intentando sacarlos del mercado “por las buenas” y ver que no lo
    consiguieron, decidieron encerrar tanto a Nicole como a Russell en el sótano y prender fuego al local con ellos dentro, no sin antes llevarse toda la droga posible.
    Dos años más tarde nos encontramos con una versión de Nate totalmente distinta: ya no era el niño inocente que era, se había convertido en una persona fría, desconfiada y vengativa.
    Tras el "accidente" de la floristería donde perdió a sus padres Nate se volvió loco intentando encontrar a los culpables. Cuando se enteró de que Blake había hecho una fotografía la noche que se colaron en la tienda fue a por él con los ojos inyectados en sangre. Lo golpeó hasta que no pudo más, creyendo que eso haría volver a sus padres. Cuando Nate se separó de Blake tuvo que echar a correr, ya que el hermano mayor de éste le perseguía con una llave inglesa en la mano. Nate corrió y corrió y no se detuvo hasta que se quedó sin aliento.
    Tuvo que buscarse la vida como pudo, dejó los estudios, se dedicaba a robar y vender droga mientras se escondía de la familia de Blake, quienes le buscaban para devolverle a Nate cada uno de los golpes que él le había dado al que había sido su
    amigo muchos años. Así siguió hasta que reunió el dinero suficiente para irse.
    Pasaron unos duros y largos años en los que Nate vagaba por la vida sin rumbo fijo, dolido por la pérdida de sus padres, por la traición de su amigo, por el miedo de que le encontrasen y terminaran con su vida y la incertidumbre de qué sería de él en un futuro próximo y nos encontramos con Nate a sus 18 años: un chico alto, moreno, con unos ojos azules que solo mostraban dolor, desconfianza y soledad.
    La vida nunca fue sencilla para él desde que dejó Washington D.C. Cuando pudo huyó hasta llegar a Miami. Las cosas parecían ir mejor allí, era una persona más entre tantas, pasaba desapercibido, consiguió alquilar una habitación en un motel de
    mala muerte en el que se escondió y en el cual se prometió a si mismo que dejaría de huir, que empezaría a labrarse una vida, a construirse un futuro.
    Consiguió terminar sus estudios básicos mientras trabajaba de forma ilegal en un taller no muy lejano a su motel donde el gerente le pagaba una miseria por limpiar el local y vigilarlo por las noches.
    Cuando tuvo un mínimo de dinero ahorrado y sus estudios terminados, comenzó a trabajar en una pequeña tienda de comestibles de la zona, allí conoció a Drake, un chico de bien, que venía de la zona de Miami Beach, el cual se convirtió en un gran apoyo para Nate, le ayudó a alquilar un piso, le consiguió un trabajo mejor en un restaurante de comida rápida, donde al menos ganaba un poco más de dinero, lo que le permitió empezar a tener una vida más estable y centrarse un poco más en su vida y asegurarse un futuro.
    Pasaron los años y Nate encontró en Drake el hermano que nunca tuvo, así que cuando este se fue a la universidad Nate volvió a sentir que se quedaba solo, esta vez en un lugar desconocido y con muchas oportunidades para la vida.
    En uno de los turnos en el restaurante Nate conoció a Charly, uno de esos niños pijos que solo fardan del dinero que tienen, de los coches que cogen polvo en su garaje y que presumía de los éxitos de sus padres como si fuesen suyos.
    Charly invitó a Nate a una de sus "fiestas privadas", las cuales consistían en carreras ilegales con los coches más lujosos de cada participante, ya que Charly tenía un pique con otro "niño rico" pero sus habilidades de conducción dejaban mucho que desear.
    Después de la primera carrera proclamándose campeón Nate descubrió un nuevo mundo, en el cual apostaba cada semana los ahorros que tenía, viviendo siempre al límite, la adrenalina era lo que sentía que le mantenía vivo.
    Muchos kilómetros recorridos después de tantas carreras, tras varias noches durmiendo en el calabozo cuando la victoría no se había proclamado para él y la policía había intervenido y un par de fracturas ya curadas de algún que otro accidente, Nate decidió no acudir a una de las carreras porque los fantasmas de su pasado habían vuelto y no sentía que debía ir. Decidió llamar a Drake en busca de consuelo y fue cuando éste le dijo de reunirse de nuevo, ya que estaba en la ciudad por problemas familiares.
    Quedaron en un club de Miami Beach y allí al fin pudo volver a reencontrarse con su gran amigo y conocer a la hermana de éste, quien al parecer era la causante de que Drake hubiese vuelto, por lo que en el fondo estaba hasta agradecido.
    Abby, ese era su nombre, una chica extrovertida, morena, un poco blanquita pero con una personalidad que cautivó a Nate en tan solo una noche.
    Ella decía que vivía en Los Santos, San Andreas, donde tenía un trabajo estable, una buena vida, donde quería abrir un negocio aunque aún estaba buscando inversores y algún alma loca que se atreviera a emprender su idea junto a ella. En resumen, ella decía que estaba muy feliz con la vida que iba construyendo.
    Escucharla hablar de su vida, sus planes y la manera en la que lo iba contando, con la ilusión que desprendía su rostro hizo que Nate sintiese la misma energía dentro de sí mismo.
    5 días.
    5 días fueron los días que Abby y Nate pasaron juntos. Mañana, tarde y noche; se hicieron inseparables en ese pequeño periodo de tiempo.
    Cuando Abby tuvo que irse para volver a Los Santos, Nate volvió a sentir ese vacío que anteriormente había sentido cuando Drake se fue; pero esta vez era diferente, Nate no quería volver a repetir su historia, por lo que dejó todo lo que había construido en Miami para irse a Los Santos en busca de Abby. Se plantó en el restaurante y dejó su trabajo. Llamó a Charly para decirle que no contase más con él en las carreras que se iba y aunque a éste no le hizo mucha gracia aún así se despidió de él sin problemas. Hizo la maleta, cogió todo lo que tenía ahorrado de las últimas carreras y se plantó en el aeropuerto sin dudarlo, con la esperanza de que su vida volviese a tener un rumbo fijo y con tan solo una persona en mente: Abby.
    La expectativas que Nate tiene de cara al futuro es una vez más empezar de cero, conseguir tener una vida digna, un empleo fijo, al fin tener su propia casa y no tener que seguir preocupándose de los fantasmas del pasado. Conseguir evolucionar y ser una nueva y mejor versión de sí mismo, por eso cree que dar el paso de dejarlo todo y mudarse a Los Santos es su destino.
    Así como Nate al fin vuelve a tener sueños y esperanzas en el fondo sigue arrastrando todo lo que su vida en Washington supuso. Teme que le encuentren, teme volver a quedarse solo y volver a convertirse en un una persona que vaga por
    la vida simplemente esperando a que llegue su hora, sin objetivos ni aspiraciones.

    publicado en Biografías de Personajes
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