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Publicados por Mark Haxx

  • Mark Haxx

    Mark Haxx nació y creció en Jamestown Street, uno de esos lugares donde aprender a sobrevivir vale más que aprender a leer. Desde chico entendió que la calle no perdona a nadie. Las sirenas, los disparos y las peleas eran parte del ruido diario del barrio. Mientras otros chicos crecían jugando en parques o volviendo a casa después de la escuela, Mark pasaba horas solo sentado en la vereda viendo cómo la vida de la gente alrededor se destruía lentamente.

    Sus padres, Marcus Haxx y Brianna Jackson, estaban vivos, pero nunca realmente presentes. Ambos estaban hundidos en las drogas, el alcohol y distintos vicios que los consumían día tras día. Había noches enteras donde desaparecían y Mark tenía que arreglárselas solo, buscando comida en la heladera vacía o durmiendo con el sonido de discusiones y botellas rompiéndose al otro lado de la pared. Ser hijo único hizo todo peor. Nunca tuvo un hermano que lo cuidara, ni alguien con quien compartir el peso de crecer en un lugar donde nadie parecía preocuparse por él.

    Desde muy chico aprendió que en Jamestown Street mostrar debilidad era una sentencia. A los 12 años ya había visto muertos tirados en la calle. A los 14 empezó a correr encargos para gente peligrosa del barrio: mover paquetes, vigilar esquinas, esconder armas. No lo hacía por respeto ni por fama; lo hacía porque necesitaba comer y porque entendió rápido que la calle te usa o te destruye.

    La pobreza fue moldeando su carácter. Mark creció con bronca, con hambre y con la sensación constante de que el mundo le debía algo. Muchas veces dormía sin luz ni agua en su casa, caminando descalzo por el barrio porque ni siquiera tenía zapatillas decentes. Con el tiempo, esa imagen terminó convirtiéndose en parte de su identidad. El chico flaco y tatuado que caminaba sin remera por Jamestown empezó a hacerse conocido entre la gente del barrio.
    Pero lo que realmente cambió su vida fue la violencia. Durante su adolescencia presenció tiroteos entre bandas rivales casi todos los meses. Más de una vez tuvo que tirarse al piso para esquivar balas perdidas. Vio amigos caer presos, otros morir y algunos desaparecer para nunca volver. Cada una de esas situaciones fue endureciéndolo más. La calle le quitó el miedo.

    A los 17 años cayó preso por primera vez después de quedar involucrado en un robo que salió mal. Pasó un tiempo encerrado, rodeado de criminales más grandes y peligrosos. Ahí aprendió códigos, respeto y silencio. La cárcel terminó de convertir al chico perdido de Jamestown en alguien frío, calculador y dispuesto a todo para sobrevivir. Cuando salió, ya no era el mismo.

    Fue en esa época cuando empezó a rondar constantemente por las cuadras controladas por la Wheelie, también conocida como WWB. Al principio era solo otro pibe del barrio caminando entre las esquinas, observando cómo se movían los verdaderos dueños de Jamestown. Pero Mark tenía algo distinto: nunca corría, nunca hablaba de más y jamás se quebraba bajo presión. Los miembros de la pandilla comenzaron a notarlo poco a poco.

    No hubo una sola persona que lo reclutara. Fue la propia Wheelie la que terminó adoptándolo. Lo veían siempre presente, siempre firme en el barrio, incluso cuando había problemas. Empezó haciendo favores pequeños: vigilar movimientos sospechosos, avisar cuando venían patrullas, acompañar en negocios ilegales y defender territorio cuando aparecían rivales. Con el tiempo, ganó respeto porque nunca dudaba.

    La primera vez que realmente se ganó el nombre dentro de la WWB fue durante un enfrentamiento en Jamestown Street. Mientras varios corrían al escuchar los disparos, Mark se quedó firme ayudando a sacar a uno de los miembros heridos de la pandilla. Esa noche entendieron que no era solo otro chico perdido de la calle. Era alguien dispuesto a morir por el barrio.
    Desde entonces, Mark Haxx se convirtió en un miembro mas dentro de la Wheelie. Su cuerpo lleno de tatuajes cuenta parte de su historia: cicatrices de peleas, años de violencia y el enorme tatuaje con forma de “W” que lleva marcado con orgullo como símbolo de lealtad eterna a la pandilla. Anda sin remera y descalzo porque así creció y porque nunca quiso olvidar de dónde salió realmente.

    publicado en Biografías de Personajes
    Mark Haxx
    Mark Haxx
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