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El barrio se encontraba tranquilo, como cualquier otro día, hasta que una camioneta de lujo apareció por la esquina. De ella descendió un hombre desconocido, vestido con clase, que de inmediato llamó la atención de los presentes. Tras presentarse con respeto, dejó caer la idea de que estaba en busca de un nuevo grupo que pudiera brindarle cierta protección. Elias, siendo de los más nuevos en la pandilla, apenas levantó la oreja, manteniendo la postura para no faltar el respeto a los veteranos que también escuchaban la propuesta.
Horas más tarde, la calma volvió a romperse cuando tres autos, con pinta de estar blindados, entraron al barrio con actitud desafiante. De ellos bajaron sujetos que insinuaron ser parte de un cartel, pidiendo hablar con alguien de rango alto. Todo parecía apuntar a un negocio de drogas. Elias, de nuevo en silencio, solo escuchó desde la esquina, midiendo cada palabra sin entrometerse demasiado.
Al día siguiente, la necesidad habló más fuerte. Elias, sin un peso encima y con la situación fresca en su cabeza, buscó a Kodack para plantearle la idea de reactivar un punto de droga en el barrio.
Ambos se subieron al auto y dieron una vuelta, conversando sobre cómo levantar el spot y hacerlo correr.
Con la decisión tomada, Elias apareció en el bloque al día siguiente con un bolso cargado con lo necesario para arrancar. Se acomodó en el punto y comenzó a activar el movimiento.
No pasó mucho hasta que un hombre con pinta de millonario llegó al lugar, gritando su necesidad por una dosis. Elias, siempre precavido con su entorno, cerró el negocio rápido y sin problemas. El trato salió limpio, marcando el inicio de una nueva movida en el barrio.
Un día, mientras caminaba por Forum Drive, Ryan conoció a una joven llamada Kira. Ella, conmovida por su historia, decidió darle una mano en las calles. Kira lo introdujo a un negocio interesante: defender territorios peleando con armas blancas y marcando las paredes con graffitis para reclamar el espacio. Esta experiencia no solo le dio una fuente de ingresos, sino también una lección sobre cómo sobrevivir y prosperar en un mundo hostil.
Con el tiempo, Ryan se distanció de este grupo y emprendió un nuevo camino. Se unió a la Blood Hood Union, una pandilla que representaba el color rojo y que le ofreció un sentido de pertenencia. Gracias a su esfuerzo y lealtad, Ryan se ganó rápidamente el respeto de sus compañeros y alcanzó un rango importante dentro de la organización. Sin embargo, por razones externas, los Bloods terminaron disolviéndose.
Ryan pasó un tiempo solo, reflexionando sobre su futuro, hasta que decidió iniciar su propio proyecto junto a su tío Jhon Mckenzie, un hombre que llevaba muchos años viviendo en Los Santos y que les había dado una mano tanto a él como a Leroy cuando llegaron. Así nació su nueva organización: Families. Ubicados en Forum Drive, en el corazón de Chamberlain Hills, los Families representan el color verde y se dedican a actividades como la venta de drogas, armas y cargadores. Además, realizan robos estratégicos a "ricachones" fuera del barrio, manteniendo siempre el respeto por su comunidad.
Hoy en día, el proyecto de Ryan sigue en desarrollo, y con su determinación y liderazgo, busca dejar una huella imborrable en las calles de Los Santos.
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La organización mantenía sus propiedades en excelentes condiciones, equipadas con todo lo necesario para cada hermano y preparadas para cualquier imprevisto. Por esta razón, Noah y Nate decidieron dedicar una madrugada a la reforma de la propiedad en Sandy Shores. Pasó de ser una simple casa a convertirse en un auténtico bar, una verdadera sede donde podrían reunirse con los vecinos, beber unas cervezas y probar alguna que otra cosa más fuerte...
Con esta reforma, el lugar se volvió un punto estratégico para profundizar relaciones con sus aliados y cerrar nuevos negocios. Ahora el bar cuenta con una mesa de billar, una barra bien equipada con ron, whisky y cervezas, además de una mesa con dos sillones para charlar cómodamente.
Pero hubo un detalle oscuro y no menor: crearon una habitación siniestra en el fondo. Esta pieza se diseñó con un propósito claro y letal; serviría como el lugar donde torturarían y eliminarían a sus enemigos cuando fuera necesario. También funcionaría como sala de interrogatorios, un espacio donde los AMERICAN BROTHERS podrían obtener información de quienes les debían respuestas, asegurando que ningún detalle se escape de sus manos.
Uno de sus almacenes en el sur estaba siendo equipado casi al 100%, con químicos como bismuto, peróxido de hidrógeno y acetona, además de un surtido de drogas y armas esenciales para la operación. Este esfuerzo de abastecimiento abriría las puertas a un futuro negocio con los moteros del norte, consolidando aún más las alianzas estratégicas de los AMERICAN BROTHERS y expandiendo sus actividades en el mercado.