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•Un trato entre sombras• 影で行われた取引
La ruta hacia el acuerdo.
La noche había caído sobre Paleto Bay cuando las luces de la casa seguían encendidas. Dentro, alrededor de la mesa, se encontraba reunida parte de la cúpula del club junto a dos de los miembros que habían llegado recientemente a la familia.
No era una reunión destinada a pasar el rato ni una de esas conversaciones que nacían espontáneamente después de una ruta; aquella noche había un propósito concreto y cada uno de los presentes lo sabía. Sobre la mesa se estaba terminando de organizar una venta de armamento que se realizaría con una de las pandillas aliadas, por lo que antes de poner un pie fuera de Paleto había que dejar claros todos los detalles del movimiento. Para los dos miembros nuevos, además, aquella reunión servía como una primera mirada hacia una parte menos visible de la vida del club: entender cómo se tomaban las decisiones, cómo se repartían las responsabilidades y, sobre todo, cómo la confianza entre los miembros podía ser tan importante como cualquier otra cosa que llevaran consigo en la carretera.
La conversación se extendió durante un buen rato mientras se repasaban los últimos detalles del trato. Se habló de la mercancía que debía trasladarse, del punto donde tendría lugar el encuentro y de cómo se desarrollaría la entrega una vez que ambas partes estuvieran frente a frente. No hacía falta levantar la voz ni convertir la reunión en algo solemne; quienes llevaban más tiempo dentro de Owari conocían bien la importancia de escuchar antes de actuar, y los recién llegados permanecieron atentos a cada indicación. La venta no era solamente un negocio más, sino también una oportunidad para demostrar que las alianzas que se construían con el tiempo podían sostenerse cuando llegaba el momento de cumplir con la palabra dada. Cuando finalmente todo quedó decidido, la mesa comenzó a vaciarse y la tranquilidad de la casa dio paso al movimiento que precedía a cualquier salida del club.
Desde la casa, el grupo se dirigió hacia el taller de Paleto Bay. Allí esperaba la siguiente parte de la operación, con los vehículos preparados y los últimos detalles por revisar antes de emprender el viaje hacia el sur. El taller volvió a llenarse de movimiento mientras se organizaba aquello que debía ser trasladado y cada miembro terminaba de preparar su moto. Después de una noche de planificación, ya no quedaba demasiado por discutir: lo que había sido hablado alrededor de aquella mesa ahora debía convertirse en hechos. Poco a poco, los motores comenzaron a despertar y las luces de los vehículos iluminaron el exterior del taller, marcando el comienzo de una ruta que los llevaría lejos del norte.
La caravana abandonó Paleto Bay y tomó la carretera, dejando atrás las calles conocidas y las luces del pueblo mientras avanzaba hacia el desierto de Grand Senora. El paisaje fue cambiando con el paso de los kilómetros; las montañas y la vegetación del norte fueron quedando atrás para dar lugar a caminos más secos, terrenos abiertos y largas extensiones donde la oscuridad parecía todavía más profunda. El viaje transcurrió sin mayores complicaciones, con el grupo manteniéndose unido durante el trayecto hasta aproximarse al lugar acordado. Allí, lejos del movimiento de la ciudad y de cualquier mirada innecesaria, se produciría el encuentro con la pandilla aliada.
Cuando finalmente llegaron al punto acordado, la otra parte ya se encontraba preparada para recibirlos. Los vehículos se detuvieron y durante unos instantes el silencio del desierto volvió a imponerse sobre el sonido de los motores. Después de tantas horas de planificación, la operación había llegado al momento para el que todos se habían preparado. El armamento fue entregado a la pandilla aliada como parte del acuerdo y ambas partes pudieron cerrar el negocio sin que fuera necesario prolongar más el encuentro.
Para los miembros más nuevos, aquella noche también había dejado algo más que un simple viaje. Habían visto cómo una operación podía comenzar mucho antes de que los motores se encendieran: primero en una mesa, después en el taller y finalmente sobre las carreteras que conectaban el norte con el resto del condado. Habían compartido la planificación con la cúpula, habían acompañado al club durante el traslado y habían estado presentes cuando aquello que se había acordado entre hermanos se convirtió en un trato real. Era una de esas experiencias que, con el tiempo, terminaban formando parte de la historia de cualquiera que decidiera quedarse dentro de Owari no Seraph.
Con el acuerdo cumplido, los motores volvieron a encenderse y el grupo comenzó a prepararse para abandonar el desierto. La noche todavía tenía mucho por delante, pero el propósito de aquella salida ya estaba cumplido. Quedaban kilómetros de carretera por recorrer antes de volver a Paleto, aunque esta vez el camino de regreso se sentía diferente: la mercancía ya no estaba con ellos, el trato había sido cerrado y una nueva operación quedaba atrás como otro capítulo dentro del recorrido del club.
Porque para Owari no Seraph, cada ruta terminaba siendo algo más que un destino. Algunas comenzaban en una carretera, otras alrededor de una mesa, y otras nacían de una alianza construida con el tiempo. Aquella había comenzado en la casa de Paleto, había pasado por el taller y había terminado bajo el cielo abierto de Grand Senora, dejando detrás un trato cumplido y una nueva experiencia compartida entre quienes formaban parte de la familia.
"La ruta continuaba. Y esta vez, el destino era un trato."
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