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Una vez asentados, invitamos a Yu Keiko, uno de los propietarios de Bazztep, para que conozca el lugar en el que nos habíamos instalado. A su llegada, le hicimos un tour por todo el lugar y en medio de la charla, salió la idea de organizar una ExpoMotor en la zona.
Ni cortos ni perezosos, comenzamos a trabajar mano a mano con Bazztep para la organización de esa ExpoMotor. Yu Keiko nos comentó que él podría encargarse de amenizar la velada con su mesa de DJ, así como de ayudarnos a promocionar la ExpoMotor y llegar a más gente.
Con el paso de los días, todo se iba afinando más de cara a esa ExpoMotor. Habíamos diseñado el cartel, el cual le mostramos a Yu Keiko entusiasmados y le gustó, por lo que los remitimos directamente a la imprenta para comenzar a ponerlos por la ciudad.
Todo comienza a marchar como la seda, cuentan con un equipo humano maravilloso, una flamante grúa restaurada con el esfuerzo de todos, una reputación con el estado impecable... ¿Qué más se podría pedir? Oh... Sí, claro... Un taller en el que trabajar.
Ruby y Levius se ponen manos a la obra y revisan cada taller, no sólo de la ciudad, sino del estado. Y ciertamente hay muchos que no están operativos, pero hay un par que llaman su atención. Decididos, se encaminan al ayuntamiento a consultar sobre la situación de esos talleres, donde lo único que les han podido indicar es que se encuentran abandonados, en desuso. Querían preguntar más, pero debido a las próximas elecciones, no había nadie del gobierno que pudiera atenderlos.
¿No sería mejor darle una nueva vida a uno de esos talleres? Si, además... no hay nada de malo en que estén funcionando y dándole algo de vida a ese pobre taller polvoriento mientras no puedan firmar un contrato de compra-venta con el gobierno ¿no?.
Entonces, sólo faltaba instalarse. Para ello, apartaron los materiales de los anteriores propietarios, almacenando todo con mucho cuidado en cajas debidamente etiquetadas y llevándolas a un pequeño almacén que tiene el taller y comenzando a traer todo lo que precisarían para trabajar ahí. Poco a poco, el taller comenzaba a cobrar vida nuevamente.
Recién instalados en el taller, veían el movimiento de la zona y empezaban a dudar de si funcionaría, pues, el taller llevaba mucho tiempo parado. Sin embargo, poco a poco fue teniendo una buena acogida. Las primeras clientas del lugar fueron unas chicas muy amables con un problema con el sistema de aire y refrigeración del motor.
Y no fueron las únicas que confiaron en Pit Stop para reparar ese día. Empezó a correrse la voz de que ese taller volvía a estar operativo y con un buen equipo que se preocupaba por los detalles y de que todo quedase como nuevo.
Pero no sólo hubo reparaciones, también confiaron en el taller para la customización de un vehículo. El cambio de piezas no supuso ningún problema, pero, al no contar el taller con una cabina de pintura, supuso un pequeño desafío que han podido sortear gracias a una buena gestión. Desplegaron una lona en el suelo y con un soplador de aire portatil la hincharon. Resulta que no era sólo una lona, ¡era una cabina de pintura portátil! ¡Que práctica!
Spoiler
Recuerda que puedes contactar con nosotros mediante nuestro aplicativo o a través de nuestro teléfono de empresa: 408210
Ya con unos hermosos uniformes nuevos, toca ponerse manos a la obra con la restauración de esa vieja gloria que se ha comprado. Todos sabíamos que requeriría de mucho trabajo y también teníamos fe de que valdría la pena.
Comenzamos revisando el chasis, mas concretamente la suspensión, los frenos, la dirección, los ejes y ruedas, así como el sistema eléctrico y el estado en general del chasis.
Nos llevamos una buena sorpresa al comprobar que casi todo lo mecánico estaba en unas condiciones bastante buenas. Sí, un poco sucias y polvorientas, lo cual puede ser peligroso, pero se puede solucionar rápido. Mientras unos limpiaban y ponían a punto eso, otros se ocupaban de desmontar la carrocería para poder lijarla y sacar todo el óxido y suciedad.
La cadena de la grúa también estaba hecha polvo y esa no había modo de salvarla... Tocaba cambiarla sí o sí por una nueva, aunque el proceso fuese algo tedioso al tener que desenrollar la vieja y enrollar la nueva, asegurándose de que quede bien agarrada.
Volvimos a colocar una parte de las piezas de la carrocería antes de pintarla y de colocar la nueva cadena y, la verdad, es que aquello brillaba tanto que podías verte reflejado en cualquier parte. ¡Que agradable era ver así la grúa, bien pulida!
Ahora, solo faltaba una buena imprimación, la pintura y enganchar bien la nueva cadena. ¡Eso era pan comido con lo bien que estaban trabajando entre todos!
No es de extrañar que todo el equipo estuviese cansado, pues había sito un trabajo duro, aunque muy gratificante. Y sí, que menos que invitar a un refresco a todos los chicos y, cómo no, una buena foto para el recuerdo.
((Aquí encontrarás algunos de los /me del proceso))
Tras conseguir la confianza del Estado y viendo la demanda por parte del mismo, llegamos a la conclusión de que la grúa quizás era un poco pequeña, así que, tocaba buscar una más acorde a la cantidad de trabajo que tendríamos.
Pero el presupuesto, quizás, no era el más alto. Tras ver un anuncio de Larry's, donde comentaban que contaban con las mejores gangas del estado, optamos por ir hasta Sandy Shores a consultar.
El chico que estaba en ese momento nos dijo que, por desgracia, no tenían nada como lo que estábamos buscando, una grúa de buen tamaño, aunque no fuese en las mejores condiciones, pero nos comentó que, no muy lejos, había un centro de reciclaje, o como los lugareños lo llaman, un cementerio de aviones.
¿Cómo iba un cementerio de aviones a tener lo que buscamos?
Al llegar y acercarnos algo más a la propiedad, lo comprendimos mejor. No era un cementerio de aviones. Había todo tipo de vehículos... Coches, alguna embarcación, autobuses... Pero lo que menos había, eran aviones, aunque si es lo que más ocupaba espacio y se veía desde fuera.
Tras pasar la tarde revisando el lugar, acompañados de un señor ya algo mayor, dimos con nuestro particular diamante en bruto, pero estaba claro que habría mucho que pulir, y no solo metafóricamente. Aun así, sabíamos que no nos iríamos sin esa belleza de chatarra grúa.
La llevamos hasta el taller, donde tocaba revisar el motor y ver si esa pequeña (por llamarla de modo cariñoso) podía funcionar por si misma tras tanto tiempo parada.
¡Que sorpresa cuando tras, sencillamente, limpiar un poco los filtros y conductos, arrancó a la primera! Sin duda había sido una gran compra y una fantástica inversión.
Pero hablando de inversiones... Estas no son sólo materiales, también lo son en el equipo humano de Pit Stop. Sí, es importante saber de mecánica, pero si algo tenemos claro es que nadie nace sabiendo. Al día siguiente, tras presentarle la nueva grúa a los empleados, tocó una pequeña clase teórica y práctica para Heather.
Aprovechamos a un cliente que sufría problemas con las bujías y la batería, que ya le fallaba en ocasiones, y repasamos cuáles eran los cinco problemas más habituales que puede dar un motor y como proceder. Ciertamente, era un caso muy bueno para ello, pues, son dos de los cinco. Los tres restantes, ya os los contaremos en otra ocasión.
Con nuestras indicaciones y supervisión, Heather pudo hacerse cargo de la situación, efectuando una reparación digna de cualquier buen profesional. Sin duda, le augura un gran futuro en la empresa.
Una vez puesta a punto la pequeña grúa y con un pequeño equipo humano constituido, el estado otorga un pequeño encargo a la empresa en el que poder demostrar su valía. Había que llevar unas herramientas y partes de vehículos hasta diferentes lugares en donde algunas personas se habían quedado tiradas. El equipo no dudó en ponerse manos a la obra en cargar todo lo necesario en la grúa, verificando siempre que las piezas no se rayen y que estén bien sujetas.
Una vez finalizada la carga de materiales necesarios, llegó el ansiado momento de sacar a pasear la grúa que con tanto esfuerzo habían logrado comprar y pusieron rumbo a junto el primer cliente, con un hermoso atardecer acompañando durante el camino.
Tras la primera entrega, el cliente le comentó a los chicos lo satisfecho que había quedado con su labor, pues ha sido un servicio rápido y eficaz. Luego se dirigieron a realizar la segunda entrega tras las bonitas palabras que este les dedicó.
Los pequeños detalles no sólo hay que cuidarlos en el trabajo, asegurándose de que todo esté perfecto, sino que también hay que cuidarlos en la vida del día a día. Es por eso que, en ocasiones, parar 5 minutos para tomarse un refresco disfrutando de la última luz del día, es importante para recargar nuestra propia batería.
Ya sintiéndose con energías renovadas, retomaron el camino hasta la tercera y última entrega. Aun con la pausa para el descanso, iban en tiempo más que de sobra para no defraudar ni al cliente ni al Estado. Lo importante, es que todas las partes quedaron satisfechas. Los clientes recibieron en hora lo que precisaban. El Estado pudo ver la valía de Pit Stop y la empresa tuvo esa bonita sensación de un trabajo bien hecho.
Estamos seguros de que el cariño puesto a los pequeños detalles, es lo que hizo que el Estado no los tuviese de prueba mucho más, pues, claramente, se estaban esforzando y poniendo todas sus ganas y su corazón.
Todo proyecto debe tener un inicio. Una ingeniera automotriz queriendo ser promotora deportiva... ¿Por donde debería comenzar? ¡Oh! ¡Claro! ¡Por tener su propia empresa de mecánica! Aunque eso requiere dinero, permisos... Y un taller, claro... Aunque eso último no sería un problema gracias al taller comunitario que tiene habilitado el estado de San Andreas al sur de la ciudad. Sabiendo lo que uno necesita, todo comienzo es más sencillo.
Una vez reunido el dinero para los tramites, se establece la empresa de mecánica "Pit Stop Engineers" en Los Santos. Y como no, necesitarían empleados, por lo que toca trabajar en un arduo proceso de selección.
Tras las primeras contrataciones, toca ponerse manos a la obra. No todas las nuevas incorporaciones cuentan con experiencia previa en el sector, pero las ganas de aprender que desprenden contagian de entusiasmo a cualquiera. Llega el momento de enseñarles cómo queremos trabajar y por qué debemos destacar.
Así, Ruby citó a sus nuevos empleados y, con la pequeña grúa que adquirió para trabajar, pudo explicarles bien cada pequeño detalle del motor, desde lo más sencillo como limpiar el filtro del aire, hasta cambiar la bomba de combustible o identificar de dónde vienen las fallas en el sistema eléctrico.
Es imposible conocer la historia de Pit Stop Engineers sin antes conocer un poco la de su propietaria, Ruby Lockhart, así como la de su padre, Daniel.
Daniel siempre fue un apasionado de la mecánica, de los coches y de la velocidad. Teniendo eso en cuenta, a nadie le sorprenderá que este se haya dedicado a la preparación de vehículos para pequeñas ligas de asfalto. Y no solo preparaba coches para algunos pilotos aficionados, sino que con su grupo de amigos preparaba un vehículo para poder participar en esas pequeñas ligas.
Daniel fue un buen piloto, especialmente para esas ligas menores, aunque una vez consiguió dar un salto en su trayectoria y se clasificó para una importante carrera fuera de su estado natal, Carolina del Norte. Fue un poco fruto de la casualidad, resultó que tuvieron que descalificar al ganador de la carrera en la cual le clasificaron por utilizar ciertas piezas no reglamentarias y el segundo sufrió una lesión que le impedía participar y esas dos posiciones que Daniel subió de repente, le pusieron dentro.
Al tratarse de un evento tan inesperado y con tan poco tiempo, no logró conseguir patrocinadores que le ayudasen en la ardua tarea de cubrir los gastos de preparar su propio vehículo, así como el desplazamiento y demás. Juntando todo su valor y con la ayuda de sus amigos, aunque justos, lograron tener el coche a tiempo. Al presentarse en la carrera, necesitaban un nombre para la escudería donde pararía en boxes, pero... ¡No tenía una escudería que le patrocine! Por un momento los chicos y Daniel pensaron que se quedarían fuera, hasta que Daniel sugirió "crear" su propia escudería temporal y llamarlo "Pit Stop", porque, al fin y al cabo, sólo necesitaban un nombre para la zona de boxes.
Daniel pudo correr y sus amigos le animaban como los que más desde su Pit Stop. Aunque no logró un podio ni una posición que le permitiese mantenerse en esas ligas con un poco más de renombre, ese día recibió el mejor premio de todos... Iba a ser padre.
Ruby, su hija, desde bien pequeña se interesaba por cómo funcionaban las cosas, ¡hasta desmontaba sus propios juguetes para ver los mecanismos!. Eso hizo que Daniel le empezase a enseñar poco a poco como preparar coches, el funcionamiento de un motor, etc.
Tras cumplir los 16 y sacarse el carnet de conducir, Daniel le regaló a Ruby su primer coche, un Chevrolet Camaro SS del 67. Estaba destartalado, la chapa era un desastre y el color se veía gastado. Juntos restauraron ese hermoso Camaro, dejándolo listo para nuevas aventuras.
Al terminar sus estudios obligatorios, Ruby tenía claro que quería dedicarse al mundo de la mecánica, pero llevándolo un paso más allá. Es por eso que decidió estudiar Ingeniería Automotriz en la Universidad de Kettering, Michigan. A medida avanzaba con la carrera, mayor era su pasión por el mundillo automovilistico, lo que la impulsó a matricularse en su último año de carrera en una especialización en Diseño Automotriz. Es cierto que no tenía mucho tiempo para descansar, pero sabía que si quería lograr sus sueños, debía dejarse la piel.
Por supuesto que regresó a Carolina del Norte con su familia, pero sin olvidarse de su propia filosofía del trabajo y sin estar dispuesta a dejar de luchar por un sueño. Cuando vio la oportunidad en Los Santos, no dudó ni un instante en mudarse a la otra punta del país.
El mayor sueño de Ruby, propietaria e ingeniera de Pit Stop, en busca de un futuro maravilloso para el sector automotriz.
Lo que buscamos en Pit Stop es llevar el mundo del motor a un nuevo nivel. ¿Cómo? Mediante la diversión. Creemos en las jóvenes promesas y por ello nuestra intención es la creación de una escuela de pilotos, desde pequeños y seguros karts para las nuevas generaciones hasta vehículos más potentes (tanto automóviles como motocicletas) para los adultos. ¡Pero eso no es todo! También pretendemos crear nuestra propia escudería, la cual por supuesto nos acompañará en la competición que nos encantaría crear destinada a aquellos pilotos hábiles en búsqueda de oportunidades y de iniciarse en la escena de las carreras de motor.
Aunque eso no es todo lo que nos gustaría hacer, ya que el sector automotriz es inmenso y no sólo nos acompaña en estas actividades deportivas, queda mucho por ver fuera de nuestros vehículos, como una bonita exposición de autos clásicos o de réplicas de vehículos famosos, así como encuentros o quedadas al puro estilo JDM como si nos encontrásemos en Daikoku Futo.
Pero no queremos limitarnos solo al asfalto y por ello no podemos evitar pensar en las disciplinas Off-Road, como los rallys, el motocross, el rock crawling o el enduro, entre otros. Desde luego, estos serían los escenarios ideales para que cualquier piloto demuestre su destreza y habilidad en terrenos más escarpados y hostiles.
¡No podemos olvidarnos de nuestros amantes del derrape! Por supuesto, queremos preparar rutas por la montaña, como si de una Touge se tratase, Gymkhanas increíbles, donde los conductores podrán demostrar su destreza en el arte del derrape controlado, así como algunas exhibiciones de esta fantástica disciplina donde es de admirar el control del piloto sobre su máquina. Sin ningún tipo de duda, promete ser un gran espectáculo.
Y por si todo esto no fuese lo suficientemente salvaje, tenemos más ideas para llevar a cabo, como intensas batallas sobre ruedas, donde la resistencia del vehículo juega un factor clave. Sí, hablamos de derbys de demolición. Son el evento perfecto para sacar toda la rabia acumulada de un modo divertido y con una organización que se preocupe, ante todo, de la seguridad de los pilotos.
Sabemos que no todo puede ser adrenalina, por ello, también hemos pensado que a todo el mundo le gusta llevar su vehículo reluciente, hasta da un subidón de autoestima cuando vas montado en un coche o una moto que brilla más que el mismísimo futuro. Por eso creemos que los lavados de vehículos temáticos son una gran oportunidad para mimar a tu fiel medio de transporte.
Nuestro principal objetivo es optar a la concesión de la gestión del circuito Vinewood Racetrack, en el cual realizaríamos nuestros eventos principales y utilizaríamos la zona de boxes para la reparación y puesta a punto tanto de los vehículos competidores como la atención a aquellos ciudadanos que deseen llevar su coche a otro nivel.
Así mismo, nos gustaría negociar un permiso para utilizar libremente el circuito Redwood Lights Track, ubicado en la zona de Harmony, donde querríamos llevar a cabo otros eventos deportivos que se adapten mejor a ese terreno.
Pit Stop Engineers.
Nuestro cualificado equipo de mecánicos está especializado en la preparación de vehículos de competición, destacando por encima de todo en la ingeniería automotriz. Por supuesto, reparan, customizan y dejan los vehículos al gusto de su cliente, cuidando cada mínimo detalle en el proceso.
Puede conseguir más información y ponerse en contacto con nosotros mediante nuestro Aplicativo
ACTUALIZACIÓN
Katya entró junto con Cherry a formar parte de la LSES, teniendo que decirle a Lion que lamentaba mucho no poder formar parte del Bean Machine, ya que su deber como médico para ella es mayor. Por suerte, este lo comprendió y no puso ningún tipo de impedimento.
La etapa académica de Katya en la LSES fue una buena etapa, aunque no podía hacer todo a lo que estaba acostumbrada y eso la frustraba un poquito, pero no fue un impedimento para graduarse con honores con una nota media de un 9.21
[Medalla Nº12 LSES - Ekatherina Petrova] [Placa Paramedic - Ekatherina Petrova]
Su etapa como paramédica dentro de la LSES discurrió sin mucho ajetreo, centrándose en la rama médica por la que claramente tiene preferencia. Su examen de ascenso lo realizó codo con codo con Cherry y, huelga decir que aprovaron sin mucha dificultad.
[Placa Nurse - Ekatherina Petrova]
Siendo ya enfermera de la LSES, y sin haberse sumado a ninguna de las divisiones disponibles hasta la fecha, Katya sentía que su trabajo no la llenaba como lo hacía anteriormente, por lo que comunicó con gran pesar una ausencia, para poder encontrarse nuevamente a ella misma, pero, esa ausencia, terminó convirtiéndose en una renuncia, la cual indicaba que tal vez sería un hasta luego y no un adiós.
Tras casi un mes de esa renuncia y ya con los aires más renovados, cree que ya es el momento de buscar un cambio en su vida. Su novia Cherry también había renunciado a la LSES pero esta encontró un nuevo trabajo rápidamente, formando parte del Medical Corps de la LSAF y, quién sabe, tal vez ese camino pueda resultar en lo que Katya necesita.
Ya en Los Santos, lo primero que hicieron las chicas fue dejar curriculum en el hospital, pero, como no se puede vivir del aire, encontraron en la pesca un modo relajado de sacar lo justo para vivir, hasta que conocieron a Pep.
Pep resultó ser un hombre pudiente, con una empresa de taxis a su cargo, pero que había tenido una terrible experiencia con sus anteriores empleados. Tras Pep darse cuenta de que ambas parecían mucho más responsables que sus anteriores incorporaciones, decidió darles una oportunidad a ambas. Con mucho esfuerzo y constancia en la empresa de Pep, las chicas ascendieron rápido, ganándose así la confianza (y también la amistad) de Pep.
No fue mucho más tarde cuando en una quedada automovilística Cherry le presentó a Juls y a Hitosi a Katya. ¡Por fin les ponía cara! Había escuchado que se gustaban y que no se atrevían a dar el paso. En un momento de la noche, Juls e Hito se encontraban charlando y se notaba a kilómetros esa tensión entre dos personas que se atraen, así que Katya fingió un pequeño tropiezo, empujando sin querer a Hitosi a los brazos de Juls. Instantes después, estos dos se encontraban besándose.
Unos días más tarde, Katya fue a una entrevista de trabajo para comenzar como camarera en el Bean Machine. Aceptó sin pensarlo, porque lo de estar con el culo quieto no es lo suyo. Si hubiese sabido que un par de días después Cherry le informaría del email con la admisión en la academia y que tendrían que presentarse mañana en el observatorio y con ropa cómoda.
Nombre: Ekatherina Apellido: Petrova Fecha de nacimiento(dd/mm/aa): 03/11/1994 Edad: 27 Procedencia: Nacida en Moscú, Rusia. Familia: Vladik Petrov (padre), Anya Petrova (madre, presa), Maks Petrov (hermano), Cherry Blossom (pareja). Estudios: Graduada en Medicina por la Universidad Médica Estatal de Moscú. Especialidad en Cardiotorácica. Antecedentes penales: Sin Antecedentes. Historial médico: Grupo sanguíneo AB+ Clase social: Media. Raza: Caucásica. Altura: 178 cm Peso: 67 Kg Complexión: Delgada Carácter: Katya es una persona paciente, aunque con las ideas claras. Es de las que dicen las cosas a la cara, pero buscando siempre el mejor modo, ya que también es bastante empática y sabe medir sus palabras. Miedos y debilidades: Siente un pánico irracional hacia las arañas y los payasos le dan cierto yuyu. Se preocupa por la gente que quiere y tiene miedo a perderla. También es rencorosa y tiene mucho orgullo. En ocasiones se puede mostrar un poco fría. Fortalezas: Paciente, conciliadora, metódica y sosegada. Otros datos de interés: Le gusta la música rock, viajar y patinar sobre hielo. Objetivos en Los Santos: Su principal objetivo es formalizar su relación con Cherry. También le gustaría ver si es capaz de sacarse las castañas del fuego ella sola, tan lejos de su familia.
Historia de tu personaje:
Nacida el 03 de Noviembre de 1994, a las afueras de Moscú, en Rusia. Se crió en una zona de clase social media, con sus padres, Vladik Petrov y Anya Petrova, y su hermano 3 años mayor, Maks Petrov. Eran una familia normal en el barrio. Vladik y Anya tenían una tienda donde, además de productos de alimentación, también se vendía la deliciosa comida casera de Anya. La tienda iba viento en popa cuando Maks y Katya eran bastante pequeños, pero la cosa empezó a flaquear cuando tenían 8 y 5 años, por lo que, mirando por el bien de sus pequeños, Vladik llegó a un acuerdo con un par de miembros de la mafia rusa. Vladik les dejaba utilizar una de las cámaras como almacén de cadáveres hasta que tuviesen como hacer desaparecer los cuerpos.
Vladik trató de evitar que Anya se enterase, pero sabía que las habituales visitas de estos peculiares clientes algún día terminarían coincidiendo con que estuviese Anya sóla en la tienda, así que hizo lo más lógico para él… Presentó a Anya a las mujeres de los mafiosos para que se entretuviese con ellas y los chismorreos. Efectivamente, funcionó, pero no tuvo en cuenta el temperamental carácter de su esposa, ya que esta, tras un año tratando de encajar, discutió con una de ellas y la empujó, con la mala suerte de que del empujón le reventó uno de los implantes de pecho cutres, que llevaba la mujer de uno de los cabezas de familia. Este, al enterarse de lo sucedido, les destrozó la tienda y se aseguró de incriminar a Anya y de desvincularse él y su organización.
Una mañana Vladik llegó a la tienda y vio cómo se estaban llevando a Anya detenida. Este, sabiendo que no tendría recursos suficientes para librarla, decidió proteger a su familia, por lo que se fue corriendo a casa, preparó una maleta para él y otra para los niños y puso rumbo a la escuela para recoger a los niños.
Tras recoger a los niños, se instalaron en un pequeño pueblo llamado Rostov, en Veliki. Alquilaron una pequeña casa y se instalaron. No tardó en ponerse manos a la obra para buscar un nuevo colegio para Katya, que tenía ya 6 años, y Maks, que tenía 9, así como un nuevo empleo para él, buscando mantenerse a salvo tanto él como los niños.
El verano del primer año ya instalados llegaba un gran circo de fama mundial de gira. Vladik pensó que sería una buena forma de darles un respiro de la rutina a los niños, por lo que no dudó ni un segundo en comprar las entradas. Llegado el día del circo, fueron los tres para la función. Al principio todo iba muy bien, hasta que un payaso, que se dedicaba a bromear con el público, hacer malabares y demás, se le acercó a Katya, la cual empezó a llorar de forma desconsolada.
Pese a que la pequeña Kat extrañaba a su madre, no tardó en acostumbrarse a su nuevo hogar. En el colegio le iba bien, era una alumna promedio a la que le costaba socializar. Igual por eso no tenía muchas amigas, pero las pocas que tenía las cuidaba como si fuesen sus hermanas, o incluso mejor, porque se pasaba el día soportando las tonterías de su hermano mayor el inmaduro. Es una lástima que nadie le dijese a Kat que las amigas del colegio no son para siempre y que ir a distintos institutos las distanciaría y no volverían a saber unas de otras.
Kat comenzó el instituto con 11 años, casi 12, convencida de que se comería el mundo, pero no, eso no sucedió. En el primer año, trabó amistad con su compañera de pupitre, Irina. En el segundo curso ya eran inseparables. Estudiaban juntas, hablaban de chicos, iban de compras… Y en el tercer curso Katya, teniendo ya casi 15 años, empezó a tontear con un chico de 1º bachillerato. Al principio no eran más que unos tonteos inocentes, pero a medida que avanzaba el curso, la temperatura entre ellos subía y terminaron saliendo. Pasaron un verano increíble juntos, divirtiéndose.
Al final de ese verano, a punto de empezar el nuevo curso, Kat fue hasta la casa de Irina, sabiendo que no estarían sus padres y llevando un pack de cervezas que le había cogido ‘prestadas’ a Maks. Cuando se aproximaba a la puerta, a través de la ventana del salón pudo entrever que había alguien más con Irina. Se acercó con cautela, tratando de ver quién era esa otra persona. Vio a su novio con ella y le pareció extraño, pero podría ser, ya que se llevaban bien, aunque justo cuando iba a ir a llamar a la puerta, vió como se besaban y la cosa iba a más.
Katya estaba realmente molesta ante esta situación. Dudó entre tirar las cervezas rompiendo la ventana, entrar y montar un escándalo o irse silenciosamente. Optó por una mezcla de las 3. Rompió una ventana con una de las cervezas lanzándola al interior de la casa y se dirigió a la puerta, pero, en lugar de entrar, esperó a que abrieran la puerta. Kat sabía que saldría él a ver qué había ocurrido, y así fue, por lo que, según se asomó, le reventó otra cerveza de las que le quedaban en el pack en la cabeza y se fue sin decir ni una sola palabra a ninguno de los dos.
Pasó una temporada encerrada en sí misma, sin apenas mediar palabra con nadie. El lado bueno es que se centró casi por completo en sus estudios, por lo cual su media de ese año y del siguiente comenzó a subir y pasó de ser de aprobados a ser de notables y sobresalientes. El lado malo, es que se enteró de que su hermano estaba moviendo droga, pero en lugar de decirlo, se dedicaba a cogerle marihuana de su cuarto y le amenazaba con chivarse a papá de que era un camello si él decía algo de que ella se la fumaba.
Así terminó su último año de la educación obligatoria. Alentada por Vladik, comenzó a estudiar bachillerato con 15 para 16, ya que su cumpleaños cae tras haber comenzado el curso, sin tener en mente ningún estudio superior, pero 1º de Bachillerato fue un año complicado, no solo por el cambio académico, sino porque Maks se metió en un lío con su proveedor y le metieron un par de tiros en el torso. Por poco no lo cuenta. Se fue a quirófano de urgencia. Una bala le había roto una costilla que hizo una perforación en el pulmón provocando un neumotórax.
Gracias al increíble trabajo del cirujano cardiotorácico y del equipo, Maks logró salir con vida de esa serie de operaciones. Cuando el médico vino a decirles a su padre y a ella que estaba fuera de peligro, pero que tendría que pasar una temporada ingresado de, al menos, un mes, Kat se sintió muy aliviada al escuchar esa noticia del médico, ya que sintió mucho miedo ante la idea de perder a su hermano,
Durante ese tiempo, Kat visita a Maks a diario en el hospital, observando el funcionamiento de los equipos, pidiéndole a la gente que atiende a su hermano que le expliquen qué hacen y por qué… Maks le decía que se preocupaba demasiado. Y si, se preocupaba, pero ya no era sólo eso, era que sentía esa curiosidad, esas ganas de querer hacer, de querer ayudar.
Un par de días después de que le dieran el alta a Maks, Vladik entró en cólera, yendo hasta el cuarto de Maks, donde le miró muy serio y le gritó “¡La cagaste, como siempre! ¿¡Es que no sabes estarte quieto!? ¿¡No sabes dónde no meter las narices!? ¡Podrías hacer algo bueno con tu vida por una vez! ¿¡Vas a aprender de esto!?”
Kat no pensaba quedarse callada viendo como su padre le montaba un escándalo a su hermano, todavía convaleciente, así que se acercó a Vladik y le dijo muy fría y calmada “Ojalá no tengas que depender de él o de mi el día de mañana, porque te estás comportando como un imbécil.”. Él le miró atónito y sin saber cómo reaccionar, para finalmente dar media vuelta y salir por la puerta de casa. No regresó hasta el día siguiente.
Vladik, arrepentido de su comportamiento con sus hijos, juntó todos sus ahorros para financiarle a Katya la carrera de medicina, a la cual accedió con una beca debido a sus buenas notas.
Cuando Kat terminó el bachillerato, con 17 para 18 años, tanto ella como su padre y su hermano pudieron regresar a Moscú tras tantos años. Ella para estudiar en la Universidad Médica Estatal de Moscú y Maks y Vladik para regresar a su antigua casa.
Kat tenía una sensación de agobio encima al pensar en esa carrera. No podía permitirse fallar, no sólo por no perder la beca que tanto necesita, sino que tampoco quería sentir que había tirado a la basura los ahorros de su padre.
Fue aprobando todo a curso por año. Apenas tenía vida fuera de los libros y apuntes. El primer año sacó todo con sobresalientes. El segundo curso igual, todo sobresalientes. En el tercer año tuvo una asignatura que se le atragantó un poco y sacó un aprobado justito. Entre el tercer y cuarto año estaba preocupada por si le retiraban la beca, pero al ver que no era así, no pudo evitar sentir que se acababa de quitar un gran peso de encima. Con esa carga emocional ya fuera, Kat mantuvo su buena media, con un poco menos de esfuerzo durante el cuarto año.
No podía creerse que con casi 21 años estuviese a sólo 3 años de prácticas durante la residencia de graduarse. La idea la emocionaba y asustaba a partes iguales. Tras un tranquilo verano intentando no pensar en ello, empezó su residencia en la clínica de Novosibirsk. Comenzó con tareas sencillas, como ocuparse de las heridas superficiales de los pacientes mientras otro médico se ocupaba de las más graves, aunque según con quién estuviese, le permitían hacer tareas más complicadas siempre y cuando estas fueran supervisadas por alguien que, como mínimo, tuviese terminada la carrera.
Ya al final de su etapa de residente, con casi 23 años, mientras realizaba sus funciones, entró una chica pelirroja, algo más alta que ella, con una maleta y en sujetador, sin respeto ninguno por el edificio, algo que ella no iba a consentir, tras observarla, tenía que actuar, entonces fue cuando miró a Cherry y dijo, “¡Tápese y muestre un poco de respeto, esto es un hospital!”, esta chica ¿quien se creía que era?
Cherry no pudo hacer otra cosa que sonreir, caminar hacia delante y dejar su maleta junto a su conjunto superior al lado de la chica y, tras mirarla de arriba a abajo, le dijo riendo, “Ekatherina Petrova, coja mis cosas y llévelas a mi despacho. Soy la nueva encargada de planta”.
La pobre Kat se quedó estupefacta y, sin mediar palabra, cogió la maleta y la camiseta de tirantes y se fue pitando al despacho lo más rápido posible. Desde luego Katya sólo quería que se la tragara la tierra. ¡Acababa de decirle a su nueva jefa que tenía que taparse sus atributos!
Regresó con las orejas bajas, intentando que no se le notase su cara de disgusto tras el desafortunado incidente previo, pero no pasó desapercibido ante Cherry y tras decirle que no pasaba nada y que continuase con sus quehaceres, las cosas se fueron poco a poco relajando.
Pasaron las semanas con cierto ajetreo en urgencias creado por el mundial de fútbol que se celebraba ese año en Rusia, y mientras, empezaron las insinuaciones de Cherry, la cual para hacerlos todavía más evidentes, se dedicaba a llamarla a su despacho para todo lo que se le ocurría, hasta para que le pidiera un taxi, aprovechando así para abrirle la puerta completamente desnuda, siempre con la excusa de que se estaba cambiando para irse. ¡Como si Kat no tuviera ya suficiente!
Poco a poco se fue acercando a Cherry, lo cual llevó a más y acabaron teniendo alguna que otra cita furtiva, alguna visita en cama ajena y al final pues la cosa ya no dejaba de crecer y se empezó a vislumbrar la posibilidad de una relación entre ambas.
Kat acabó con 24 años la residencia en Novosibirsk tras seis años de carrera. Ya era médico oficialmente y comenzó a trabajar activamente en el hospital a las órdenes de Cherry, quién se las apañó para que las enviasen por las clínicas asociadas de toda Siberia tratando a la gente de las clínicas asociadas con el hospital, a la par que preparaban sus respectivas tesis para especializarse. La tesis de Kat era en cardiotorácica, como los médicos que salvaron la vida de Maks.
Aprovechando las largas horas de viaje de los cientos de kilómetros por carretera, decidieron coger una autocaravana para continuar su camino. Era un todo en uno, podían conducir, dormir y follar libremente, siempre que no hubiera trabajo que atender, claramente. Así fue como su relación se consagró y empezaron formalmente a salir, tras más de dos años desde que se habían conocido.
Sin embargo, Cherry tuvo una llamada inesperada y preocupante del Señor Miyagi, su padrastro, y se la necesitaba en Okinawa de manera urgente. Tras unas llamadas, pusieron rumbo a Novosibirsk, Cherry para el aeropuerto más cercano y Kat a casa.
Katya, ya con 26 años, aprovecha este tiempo para solicitar una visita a su madre a prisión, ya que no la veía desde que tenía 7 años. Unos días tras solicitar la visita, llegó el día esperado.
Se reencontró con su ‘Mamochka’. Anya apenas reconoció a Kat cuando la vio. Esa escasa hora que duró la visita, apenas les llegó para explicarse cómo fué Anya incriminada y como Kat llegó a ser la mujer que era hoy en día.
Tras visitar a su ‘Mamochka’, tocaba ir a ver a ‘Papochka’ y a su ‘starshiy brat’. Parece que la vida les iba tratando mejor desde que regresaron a Moscú. Maks consiguió un empleo como aprendiz de sexador de pollos en una granja a escasos kilómetros de casa. Vladik con su larga experiencia con su tienda, le contrataron como gerente en un supermercado low cost llamado Mere que estaba empezando a coger fuerza en la zona.
La visita no pudo durar mucho más. Llamarón a Kat y resultó ser para una entrevista de trabajo en un importante hospital de Boston, para suplir en una excedencia. Tenía que partir a EEUU al día siguiente para la entrevista, así que preparó todo lo necesario, se despidió de su familia y se fue hasta allá, para darse cuenta de que había sido recomendada por Cherry. Tras la entrevista y haberlas visto trabajar juntas con un paciente, la jefatura del hospital se percató de que juntas formaban un gran tándem, organizado y eficiente, así que no dudaron ni un segundo y contrataron a las dos.
Dicho y hecho. Cherry comenzó como jefa de cirugía y Ekatherina como su médica adjunta.
Llegaron a Boston, donde les enseñaron el hospital y conocieron a los internos, los cuales tendrían que ayudar a formarlos para ser los mejores residentes. Entre todos los internos, destacaban 2, Alena Powell y John Davis. Davis se convirtió en el ojito derecho de Katya, ya que este quería formar parte del departamento de instrucción, el cual había quedado temporalmente en manos de Katya, además, este presentaba un gran talento natural el cual Katya creía que le llevaría muy lejos.
Con Powell hubo una relación muy buena, que se afianzó tras un rescate en la montaña que salió mal, donde Cherry tuvo que ir a sacar a Powell y a otro compañero, esto mejoró su amistad no solo dentro del hospital, sino también fuera, siendo una muy buena amiga tanto para Cherry como para Katya.
Desde luego, ese año que pasaron en el hospital deja muchos recuerdos para Cherry y Kat, como cuando uno de los internos, Rodriguez, volcó por completo una ‘alpha’. Kat no vió ese increíble (aunque verídico hecho), se lo contó Cherry, la cual todavía no comprendía cómo pudo volcar la ambulancia pese a que lo vio desde el aire mientras volvía en el helicóptero de una emergencia. Cherry acabó tan desquiciada con el papeleo, que Katya fue un gran apoyo para ella, ayudándola a poder llevarlo a cabo con éxito.
Pasado ese año y con Powell y Davis ya convertidos en residentes, Cherry y Katya terminaron de cubrir la excedencia, pudiendo así desvincularse de Boston y probar suerte por ellas mismas en otro lugar. Y así fue como juntas pusieron rumbo a Los Santos.