Alexander Monroe había llegado a una ciudad desconocida con una mezcla de esperanza y determinación. Después de meses buscando oportunidades, finalmente encontró un taller que llamaba su atención: Trevor Customs. La fachada de ladrillo rojo y el aroma a gasolina y pintura en aerosol le dieron una sensación de familiaridad y emoción.

Al entrar, fue recibido por Trevor, un mecánico veterano con manos callosas y una sonrisa amistosa. La oficina estaba llena de planos, piezas de autos y posters de autos modificados que reflejaban la pasión del dueño.