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Mejores publicaciones hechas por StivJar

  • Biografia Jack Specter

    EDAD: 29
    ESTATURA: 1.73
    PESO: 75

    Nació en Pereira en 1996, en una casa de paredes delgadas, piso de cemento y techo de zinc que crujía con cada lluvia. No recuerda haber tenido lujos, pero recuerda risas. Su madre cocinaba con lo justo, su padre trabajaba el día entero cargando bultos en plazas de mercado o cultivando en fincas de paso. Creció entre buses viejos, olor a panela hirviendo y el sonido metálico de las motos.

    Pero en su barrio —como en muchos otros en Colombia durante los años 2000— la guerra no se veía venir, simplemente llegaba. Un día llegaron hombres armados. No llevaban uniforme claro. Hablaron poco. Preguntaron por su padre. Dijeron su nombre como si fuera una sentencia. A los 9 años, lo vio todo desde el rincón de la cocina, donde su madre lo había escondido.

    Ambos padres murieron esa noche. El niño no lloró. No gritó. Solo esperó el silencio. Y cuando llegó, salió corriendo.

    A partir de ahí, su vida fue de paso en paso: una casa prestada, luego otra. Una familia que lo acogió por pena, otra que lo devolvió por miedo. Nunca duraba más de unos meses en el mismo lugar. Nunca preguntaba por qué.

    A los 13 años, se quedó solo. Literalmente. Sin techo, sin escuela, sin apellido que usar. Se fue de Pereira. Subió a camiones, viajó colado en buses. Terminó en Bogotá, donde las calles eran frías pero anónimas. Eso lo tranquilizaba. Nadie lo conocía. Nadie le preguntaba nada.

    Empezó a vivir en la calle. Primero con otros niños. Luego solo. Aprendió a dormir ligero, a comer lo que encontrara, a no confiar en nadie. Lo llamaban “el mudo”, porque hablaba poco. A los 15 años, alguien le pidió su nombre. No quería dar el verdadero. No quería revivirlo. Se inventó uno:

    —Jack… Jack Specter.

    Desde entonces, ese fue su nombre. Nadie más supo cómo se llamaba antes. Ni él quiso recordarlo.

    Sobrevivió como pudo: recicló, vendió dulces en buses, cuidó carros en centros comerciales. Algunas veces pasó noches en albergues. Otras, en cajeros automáticos, bajo puentes o en andenes de hospitales. Aprendió a desconfiar del Estado, de la policía, de las promesas vacías.

    A los 18 años, ya tenía un cuerpo de adulto, pero seguía siendo un chico solo, con una historia que prefería callar. Nadie sabía de dónde venía. Nadie sabía a quién había perdido. Y así, sin papeles, sin documentos, sin pasado, nació Jack Specter: una sombra más entre miles en la ciudad.

    No era un final.
    Era apenas el comienzo.
    homeless-woman-in-the-urban-street-photo.jpg

    Jack Specter no tenía planes. Tenía urgencia. A sus 18 años, no había identidad oficial, ni estudios, ni familia. Tenía solo lo que había recogido en los últimos años en la calle: algo de ropa, una mochila vieja, y dinero sucio, robado a desconocidos que nunca lo recordarían.

    Sabía que Colombia no le ofrecía futuro. Sabía también que no podía salir por la puerta grande. No tenía pasaporte. No existía en ningún sistema.

    Se fue por tierra, como tantos otros. Caminó, se subió a camiones sin preguntar a dónde iban. Cruzó montañas, selvas y fronteras escondido entre frutas, chatarras o animales. En algunos pueblos vendía objetos, en otros robaba lo justo para seguir. Nadie lo ayudó, pero tampoco se dejó atrapar. Aprendió a moverse como un fantasma.

    Finalmente, cuando llegó a la última frontera, no tenía nada. Pero ahí conoció algo extraño: un avión comunitario, como lo llamaban los que sabían. No era un vuelo comercial. Era un acuerdo tácito entre gobiernos, ONG olvidadas y estructuras paralelas: un transporte para los invisibles, los indocumentados, los que no eran nadie. Lo llamaban el avión de los santos, porque llevaba a los muertos vivos a una ciudad simbólicamente llamada Los Santos.

    Los Santos era una ciudad frontera entre lo legal y lo invisible. Un sitio donde las reglas eran borrosas, donde la identidad era líquida, y donde lo que importaba no era quién eras, sino cómo sobrevivías. Ahí, Jack encontró algo que nunca tuvo: libertad para hablar.

    Empezó desde abajo, como siempre. Pero ya no estaba huyendo. Estaba construyendo. Se involucró en comunidades marginales, en grupos que trabajaban por los derechos de los que no tenían nombre, ni papeles, ni voz. No imponía su presencia. No gritaba. Convencía. Con palabras claras. Con ideas lógicas. Con empatía directa.

    No era un líder carismático de gritos y banderas. Era uno de palabra justa, que sabía escuchar, entender la posición contraria, y construir puentes. La ciudad no tardó en notarlo. Primero los barrios bajos, luego los centros sociales, luego incluso oficinas de medios alternativos. Jack Specter se volvió un nombre conocido.

    No por lo que había sufrido.
    Sino por lo que sabía decir.

    Muchos lo respetaban. Otros lo temían. Era difícil debatir con él sin caer en contradicción. Entendía la política callejera, pero también la lógica de los poderosos. No hablaba desde el odio, sino desde la necesidad de resolver.

    Fue parte de varias organizaciones. Algunas legales, otras toleradas. Siempre con el mismo objetivo: crear espacio para los que nunca lo tuvieron.

    En ese camino conoció a personas que valían más que todo lo que había perdido: amigos leales, comprometidos con sus causas, con su historia, con su visión. Con ellos, empezó a imaginar algo más grande: resurgir, no como un espectro, sino como alguien con un nombre real, reconocido por la ciudad.

    No para tener poder.
    Sino para tener derecho a existir.

    publicado en Biografías de Personajes
    StivJar
    StivJar

Últimos posts de StivJar

  • Renzo Kanzaki

    Renzo: Libertad en la Sombra

    renzo.jpg

    Desde que tengo memoria, Japón fue mi mundo y mi prisión. Mis padres adoptivos no eran simples personas; sus nombres susurraban respeto y miedo en los callejones más oscuros de Tokio y Osaka. Crecí entre reglas estrictas y lealtades que se pagaban con sangre. Las calles en las que jugaba de niño eran un laberinto de neón, humo y peligro: grafitis que gritaban historias de pandillas, autos quemados, motos que rugían como bestias salvajes, y hombres con cicatrices que te miraban como si pudieran leer tu alma. Allí, aprender a sobrevivir no era una opción: era ley.

    Mis padres me entrenaron en disciplina, estrategia y control, pero también en obediencia absoluta. Cada vez que veía un motor rugir o un coche acelerar en las calles, sentía cómo algo dentro de mí despertaba: un fuego de libertad que siempre me estaba prohibido. La velocidad era mi sueño, pero también mi castigo, porque en esa familia, el placer no tenía lugar.

    Recuerdo una noche lluviosa en Shinjuku, cuando un anciano me contó la historia de Seiryu, el dragón azul del Este. Me dijo que Seiryu no era solo un símbolo; era el protector de los cielos, el guardián del Este y de la justicia, y al mismo tiempo, un guerrero implacable que siempre busca equilibrio entre poder y libertad. Me explicó que Seiryu nunca se dejaba atrapar, siempre se movía entre tormentas y vientos violentos, y que quienes tenían su espíritu dentro podían enfrentarse a cualquier opresión sin perder su esencia.

    Aquella historia me marcó. Seiryu se convirtió en mi guía invisible: el dragón azul representaba todo lo que yo quería ser. Fuerza, control, estrategia… pero sobre todo libertad. Cada vez que sentía que la familia me encadenaba, recordaba el rugido del dragón y me prometía que algún día crearía mi propio camino, uno donde nadie pudiera dictarme mis límites.

    Cuando llegó la noticia de que sería ascendido dentro de la familia, supe que mi tiempo para decidir había llegado. La promoción significaba poder, sí, pero también ser propiedad de la familia para siempre. Esa noche, bajo la lluvia que empapaba los techos y el aroma a humo de los callejones, decidí que me iría.

    Escapé de Japón con un solo equipaje: un par de chaquetas de cuero, recuerdos de mi infancia y el fuego de Seiryu dentro de mí. Llegué a Los Santos, una ciudad de oportunidades y peligros, donde las reglas se escriben sobre el asfalto y la ley es solo una sugerencia. Por primera vez, sentí que podía respirar.

    Cada kilómetro en mi moto, cada acelerón por las avenidas iluminadas de Los Santos, me recordaba por qué luchaba: libertad. No olvidaré nunca lo que aprendí en Japón, pero tampoco permitiré que nadie me ate de nuevo. Quiero construir mi propia organización, fuerte y respetada, basada en las lecciones de mi infancia, pero también en la libertad que Seiryu me enseñó a buscar.

    Mientras rugía mi motor por la autopista, con luces de neón reflejándose en mi casco y el viento cortando mi rostro, comprendí que todo lo que había vivido me preparó para esto. Un día, mi organización sería leyenda, y como Seiryu, mi espíritu nunca sería atrapado, siempre libre y dominante, dueño de su propio destino.

    publicado en Biografías de Personajes
    StivJar
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  • Biografia Jack Specter

    EDAD: 29
    ESTATURA: 1.73
    PESO: 75

    Nació en Pereira en 1996, en una casa de paredes delgadas, piso de cemento y techo de zinc que crujía con cada lluvia. No recuerda haber tenido lujos, pero recuerda risas. Su madre cocinaba con lo justo, su padre trabajaba el día entero cargando bultos en plazas de mercado o cultivando en fincas de paso. Creció entre buses viejos, olor a panela hirviendo y el sonido metálico de las motos.

    Pero en su barrio —como en muchos otros en Colombia durante los años 2000— la guerra no se veía venir, simplemente llegaba. Un día llegaron hombres armados. No llevaban uniforme claro. Hablaron poco. Preguntaron por su padre. Dijeron su nombre como si fuera una sentencia. A los 9 años, lo vio todo desde el rincón de la cocina, donde su madre lo había escondido.

    Ambos padres murieron esa noche. El niño no lloró. No gritó. Solo esperó el silencio. Y cuando llegó, salió corriendo.

    A partir de ahí, su vida fue de paso en paso: una casa prestada, luego otra. Una familia que lo acogió por pena, otra que lo devolvió por miedo. Nunca duraba más de unos meses en el mismo lugar. Nunca preguntaba por qué.

    A los 13 años, se quedó solo. Literalmente. Sin techo, sin escuela, sin apellido que usar. Se fue de Pereira. Subió a camiones, viajó colado en buses. Terminó en Bogotá, donde las calles eran frías pero anónimas. Eso lo tranquilizaba. Nadie lo conocía. Nadie le preguntaba nada.

    Empezó a vivir en la calle. Primero con otros niños. Luego solo. Aprendió a dormir ligero, a comer lo que encontrara, a no confiar en nadie. Lo llamaban “el mudo”, porque hablaba poco. A los 15 años, alguien le pidió su nombre. No quería dar el verdadero. No quería revivirlo. Se inventó uno:

    —Jack… Jack Specter.

    Desde entonces, ese fue su nombre. Nadie más supo cómo se llamaba antes. Ni él quiso recordarlo.

    Sobrevivió como pudo: recicló, vendió dulces en buses, cuidó carros en centros comerciales. Algunas veces pasó noches en albergues. Otras, en cajeros automáticos, bajo puentes o en andenes de hospitales. Aprendió a desconfiar del Estado, de la policía, de las promesas vacías.

    A los 18 años, ya tenía un cuerpo de adulto, pero seguía siendo un chico solo, con una historia que prefería callar. Nadie sabía de dónde venía. Nadie sabía a quién había perdido. Y así, sin papeles, sin documentos, sin pasado, nació Jack Specter: una sombra más entre miles en la ciudad.

    No era un final.
    Era apenas el comienzo.
    homeless-woman-in-the-urban-street-photo.jpg

    Jack Specter no tenía planes. Tenía urgencia. A sus 18 años, no había identidad oficial, ni estudios, ni familia. Tenía solo lo que había recogido en los últimos años en la calle: algo de ropa, una mochila vieja, y dinero sucio, robado a desconocidos que nunca lo recordarían.

    Sabía que Colombia no le ofrecía futuro. Sabía también que no podía salir por la puerta grande. No tenía pasaporte. No existía en ningún sistema.

    Se fue por tierra, como tantos otros. Caminó, se subió a camiones sin preguntar a dónde iban. Cruzó montañas, selvas y fronteras escondido entre frutas, chatarras o animales. En algunos pueblos vendía objetos, en otros robaba lo justo para seguir. Nadie lo ayudó, pero tampoco se dejó atrapar. Aprendió a moverse como un fantasma.

    Finalmente, cuando llegó a la última frontera, no tenía nada. Pero ahí conoció algo extraño: un avión comunitario, como lo llamaban los que sabían. No era un vuelo comercial. Era un acuerdo tácito entre gobiernos, ONG olvidadas y estructuras paralelas: un transporte para los invisibles, los indocumentados, los que no eran nadie. Lo llamaban el avión de los santos, porque llevaba a los muertos vivos a una ciudad simbólicamente llamada Los Santos.

    Los Santos era una ciudad frontera entre lo legal y lo invisible. Un sitio donde las reglas eran borrosas, donde la identidad era líquida, y donde lo que importaba no era quién eras, sino cómo sobrevivías. Ahí, Jack encontró algo que nunca tuvo: libertad para hablar.

    Empezó desde abajo, como siempre. Pero ya no estaba huyendo. Estaba construyendo. Se involucró en comunidades marginales, en grupos que trabajaban por los derechos de los que no tenían nombre, ni papeles, ni voz. No imponía su presencia. No gritaba. Convencía. Con palabras claras. Con ideas lógicas. Con empatía directa.

    No era un líder carismático de gritos y banderas. Era uno de palabra justa, que sabía escuchar, entender la posición contraria, y construir puentes. La ciudad no tardó en notarlo. Primero los barrios bajos, luego los centros sociales, luego incluso oficinas de medios alternativos. Jack Specter se volvió un nombre conocido.

    No por lo que había sufrido.
    Sino por lo que sabía decir.

    Muchos lo respetaban. Otros lo temían. Era difícil debatir con él sin caer en contradicción. Entendía la política callejera, pero también la lógica de los poderosos. No hablaba desde el odio, sino desde la necesidad de resolver.

    Fue parte de varias organizaciones. Algunas legales, otras toleradas. Siempre con el mismo objetivo: crear espacio para los que nunca lo tuvieron.

    En ese camino conoció a personas que valían más que todo lo que había perdido: amigos leales, comprometidos con sus causas, con su historia, con su visión. Con ellos, empezó a imaginar algo más grande: resurgir, no como un espectro, sino como alguien con un nombre real, reconocido por la ciudad.

    No para tener poder.
    Sino para tener derecho a existir.

    publicado en Biografías de Personajes
    StivJar
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  • Biografia Jack Specter

    Jack Specter: la oveja negra
    Se describe como una persona analitica, calculadora hasta cierto punto, con cierto grado de debilidad en cuestion de que sabe que le corresponde a cada quien, es bastante elocuente, con determinacion y confianza para terminar una discucion con argumentos ya sea con bases o con mentiras, precisa de la frase de ( se aprende mas de experiencias agenas a experiencias propias).
    fisicamente es una presona atletica no muy alto 1.73, tiende siempre a tinta su cabello de blanco haciando alusion a su apellido, le gustan los tatujes.

    Jack nacido en Colombia en 1996, nace de una familia de clase media, rodeado de problemas comunes y monotonos en su nucleo social, fue un estudiante promedio, cumplio su roll dentro de su familia, su hermano fue quien reemplazo el roll de padre ya que su padre murio por cirrosis hepatica, cuando jack tenia 5 años; su historia es simple y por esto decidio salir de esta vida corriente y agobiante.
    18 años, decide irse de su pais sin un peso solo con sus ticketes , dejando todas sus cargas cotidianas atras, cansado de su aburrida vida, incluyendo toda relacion con sus familiare, es ahi donde emprende su destino a los santos.
    alli entiende como funciona la realidad en un ambito caotico, impredecible y jack se enamora de esta vida, conoce a muchas personas en esta ciudad muy allegadas como Diego Duque a quien conocen un bar de sandy, jorge vega a quien conoce en el trabajo de basurero, entre otros amigos, no esta demas decir que jack con su impulso de de experimentar a estado en pandillas, motorclubs, mafias sin dar detalles nunca pertenecio a organizaciones gubernametales precisamente evitando sus vivencias pasadas.
    Jack quiere explorar nuevas virtudes, nuevas experiencias para sobreescribir una vida que en su dia fue poco emocionante y corriente.

    publicado en Biografías de Personajes
    StivJar
    StivJar
  • Stiven Jara

    Nombre: Stiven Jara
    Ciudad de nacimiento: Chicago, Estados unidos
    Nacionalidad: Estadounidense
    Fecha de nacimiento: 16/05/2003

    APARIENCIA FÍSICA:
    Altura - 178 CM
    Color de ojos - Cafe Oscuro
    Color de cabello - Negro
    Color de piel - Marrón Claro

    PERSONALIDAD: Atento, Simpático, Extrovertido, Sereno, Inteligente, Impulsivo, Desconfiado, Testarudo.

    Biografía: nacido en chicago donde vivió hasta los 7 años de edad, su padre era comerciante de productos de materia prima para realizar exportaciones a diferentes sitios estratégicos del país sin embargo tenia problemas de ludopatía y alcoholismo por lo cual aunque se tuviera la posibilidad de vivir una vida cómoda este problema solo permitió vivir como una familia de clase media, murió por cirrosis luego de dejar el alcohol 4 años.
    por otro lado su madre siempre fue una persona sabia en cuanto sus virtudes personales, tiene conocimientos en confección y luego de la muerte de sus esposo velo por sus dos hijos, decidió irse a Colombia y volver con Stiven a estados unidos para terminar sus estudios, Mauricio quien es el hermano se quedo en colombia.
    su infancia en chicago fue normal no tuvo traumas puesto que su padre aun así teniendo sus problemas nunca hubo abuso por parte de el hacia su familia y en Colombia realizo el bachillerato en el instituto técnico superior con calificaciones sobresalientes.
    a sus 15 años decidió partir a estados unidos para terminar sus estudios básicos homologados lograr su sueño de pertenecer a las fuerza armadas de estados unidos u otro cargo gubernamental del cual sentirse orgulloso sirviendo a su pais de nacimiento, se graduo con honores en Trinity School por sus buenas.
    en la actualidad se encuentra ejerciendo como guarda de seguridad en pegasus enterprise con excelentes resultados, esperando algun dia poder postularse en alguna entidad gubernametal para cumplir sus sueño de servir a su pais.

    publicado en Biografías de Personajes
    StivJar
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