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Organizaciones Ilegales (OOC)
El silencio en las calles fue solo temporal.
Los que dominaban antes están listos para volver.
Brothers Bronxs Próximamente.
Brezey Borge tenía unas averías con su motocicleta Cliffhanger, decidió ir a su mecánico de confianza ubicado por la entrada de la autopista de Senora Freeway, sorprendentemente alcanzaba más de 160 Km/h era indescriptible la sensación del viento en el rostro.
Hizo una parada técnica pues no aguantaba las ganas de ir al baño, estaciono la motocicleta en la orilla de la autopista mientras orinaba y llamó a su jefe para indicarle que ya estaba aproximándose a la minería.
Llego al mecánico, ingreso por el porton principal dónde se encontró con Leoncio el mecánico de confianza que trabajaba en el taller, le indico las fallas que presentaba su motocicleta y espero el arreglo de las mismas, al finalizar le pago mientras miraba su moto detenidamente.
Emprendió rumbo a la mineria, hablo con su jefe Floyd luego de aclararle la razón por la cuál llegaba tarde al trabajo y así fue como inicio una rutina más de trabajo diario.
Youtube Video
excelente
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𝐂𝐀𝐏𝐈𝐓𝐔𝐋𝐎 𝟕: 𝐄𝐋 𝐑𝐎𝐁𝐎 𝐀𝐋 𝐁𝐀𝐍𝐂𝐎 𝐂𝐄𝐍𝐓𝐑𝐀𝐋
"No todas las cicatrices se ven. Algunas se quedan grabadas en la memoria del club." — SpeedStar Club
Los Santos seguía atrapada en su decadencia habitual. Tiroteos constantes, contrabando sin freno y guerras entre pandillas que ya no sabían por qué luchaban. En medio de ese ruido, SpeedStar decidió volver a lo básico: disciplina, control y propósito. Kovalsky volvió repentinamente tras dos años fuera de la ciudad. Él fue uno de los compañeros que vio nacer y crecer al club. Esta vez no vino a prometer gloria, sino a imponer orden. Entrenamientos duros, exigencia mental y una idea que solo los más preparados podían sostener:
El robo al Banco Central.
Nada se improvisó. Cada movimiento fue ensayado. Aun así, no todos estaban hechos para cargar con lo que vendría. Entre los que sí estaban, llevaba apenas tres meses en el club: William. Amable. Callado. Siempre dispuesto. Padre soltero. Su mujer había muerto de cáncer dos años antes dejándolo solo con un hijo de 8 años y una vida que sacar adelante como pudiera. Para él, el Banco Central no era ambición ni ego: era una oportunidad. Dinero para su familia. Un respiro. Un futuro.
El golpe comenzó limpio. Las puertas del banco se abrieron de golpe y el silencio cotidiano se rompió al instante. Armas en alto. Voces firmes. Órdenes claras.
— “¡Manos arriba! ¡Todo el mundo al suelo, ahora!”
Clientes, empleados y el propio guardia de seguridad quedaron congelados durante un segundo eterno antes de obedecer. El guardia fue el primero en ser reducido; no hubo resistencia, solo una mirada de miedo al verse superado. El sonido de las armas golpeando el suelo marcaba el ritmo de los primeros minutos.
SpeedStar se movía con precisión. Nadie gritaba de más. Nadie disparaba.
Cada paso estaba medido. Mientras parte del grupo aseguraba la sala principal, otros avanzaban por los pasillos interiores. Puertas abiertas de una patada. Oficinas vacías. El eco de las botas mezclándose con la alarma que empezaba a sonar, insistente, insoportable, recordándoles que el tiempo ya corría en su contra. Diez rehenes fueron reunidos en el suelo, controlados, sin golpes innecesarios. Entre ellos, una mujer embarazada, visiblemente alterada al principio. William se agachó al lado de ella. No por orden si no por instinto. Le habló con calma y se presentó, saltándose la norma de que todos debían proteger su identidad bajo un apodo, dijo su nombre. —“Lo siento por el ajetreo, mi nombre es William y te aseguro que nadie va a hacerte daño ni a ti ni a tu bebé".
Ella empezó a contener su rápida respiración para relajarse, cerrando los ojos y sin querer observar su alrededor. En 2 minutos acabó alzando la vista, más relajada, para mirar a William con preocupación. Durante los siguientes minutos entendió que William no quería hacerle daño, con voz temblorosa terminó contando que esperaba un niño, que nunca pensó acabar así. William le respondió con una sonrisa cansada, incluso con alguna broma torpe. Le dijo que aquel día sería solo una historia más que contar cuando todo pasara.
Ella sonrió mirándole a los ojos. Él también.
Por unos minutos, dejaron de ser rehén y ladrón. Solo dos personas intentando aguantar el miedo.
Mientras tanto, el resto del grupo avanzó hacia el corazón del edificio. Pasillos cada vez más estrechos, puertas reforzadas, cerraduras que parecían no acabar nunca. El sonido metálico de herramientas trabajando contrarreloj se mezclaba con la alarma y las primeras sirenas acercándose desde el exterior. Se llegó a la gran caja fuerte. Billetes. Lingotes de oro. La alarma no dejó de sonar. Afuera, la policía de Los Santos cerraba el perímetro. Las negociaciones comenzaron y todo parecía controlado.
El primer grupo con el botín salió en un vehículo bajo condiciones claras. Cinco rehenes liberados a cambio de su huida. El resto de rehenes quedaban dentro junto a otros ladrones que vendieron su libertad a cambio de una parte más grande del botín la cual iría directamente a sus familias.
Entre ellos quedaba William y la mujer embarazada. Permanecieron dentro y ella estaba agotada. William volvió a acercarse, le pidió que respirara con él, le prometió que pronto estaría en casa. Incluso le dijo, medio en broma, que le debía un café por el susto.
Ella confió. Él también.
Entonces, sin previo aviso, más de diez agentes antidisturbios irrumpieron rompiendo toda negociación. Dispararon contra cualquiera que pareciera una amenaza. El caos fue inmediato. William apenas tuvo tiempo de girarse. Una bala lo alcanzó. Cayó delante de ella. Segundos después, otro disparo impactó en el vientre de la mujer embarazada. El grito fue breve. El silencio después, terrorífico. El operativo de médicos intentaron salvarlos. Pero no fue suficiente. William murió. La mujer también y con ella el hijo que esperaba. Ese día murió un miembro de SpeedStar, un aliado y dos inocentes. El resto fue herido, detenido, trasladado al hospital… y después a la cárcel. A día de hoy, algunos siguen cumpliendo condena. No son altas. No asesinaron a nadie. Los agentes responsables del disparo que acabó con la vida de la rehén fueron expulsados del cuerpo y están a la espera de juicio. Materialmente, el golpe funcionó. Humanamente, fue una derrota irreparable.
Kovalsky logró escapar junto al resto.
Cinco días después, se presentó en el hogar de la madre de William, que se hacía cargo del hijo de 8 años ahora huérfano. Cuando la madre abrió la puerta, Kovalsky pudo ver al hijo de William con mirada triste asomándose por las escaleras, entonces tuvo que mantener la compostura para hacer lo que sería su último trabajo en Los Santos. Le entregó a la madre de su compañero el botín que le correspondía, guardado en una pequeña maleta.
Días después, abandonó la ciudad de forma indefinida. No dejó destino. No dejó palabras. Solo ausencia.
Desde entonces, en SpeedStar hay una certeza que nadie discute: el dinero se gasta, la fama se apaga, pero los nombres que se pierden… pesan para siempre.
Ayer, día 2/2, se reunieron en la Isla, ´Gambino´ esta noche nostálgico igual que ´Shyno´, dieron un recorrido a toda la Organización por igual, mostrándoles el Hotel y la Isla.
Después del recorrido, contando historias y anécdotas, se reunieron en la Oficina principal, donde se resolvieron dudas sobre el Cartel y se aclararon nuestras posiciones en la Isla, ´Gambino´ aclaro que si, la Isla es Legado directo de Apóstoles, pero no es nuestra, todavía no somos importantes como para creer eso.
Después de la reunión en la Oficina, se llevo a la Organización a las catacumbas, donde pocos saben lo que se encuentra ahí, pero los que lo saben, no entran.
Se explico como operaba el Cartel de Cayo Perico, como se hacia para suministrar cargamentos a la mitad de la ciudad y mas sabiendo que la Isla es territorio federal, controlado por la mano del Estado, en ese momento, la LSAF.
Después de las explicaciones e historias, algunos de los miembros quisieron sacarse fotos en ese lugar tan especial.
´Santos´, tu Legado esta a salvo.
@Black-Family dijo en Black Family:
¿Por donde empezar? Más que una organización, somos una familia. Black Family es una organización criminal clandestina que domina el tráfico de drogas y armas de la ciudad. Conocida por su combinación letal de lujo ostentoso y violencia implacable, impone respeto tanto en los callejones más oscuros como en los salones más exclusivos. Dirigida por una jerarquía impenetrable, se rige por un código de lealtad absoluta: traicionar a la familia no es una opción, es una sentencia de muerte. Lo que diferencia a la Black Family es su estructura meticulosa y su habilidad para infiltrarse en todos los estratos sociales. Empresarios, políticos y hasta miembros de la ley han sido corrompidos por su poder. Sus negocios no solo generan riqueza, también influencia, extendiendo sus tentáculos hacia cada rincón de la ciudad. Su reputación se forjó en sangre: enemigos borrados del mapa, competidores arrasados y testigos silenciados. Para sus miembros, pertenecer a la familia no es ser parte de una simple organización, sino integrarse en una hermandad donde la vida y la muerte están atadas por juramentos. La estética de la organización combina el glamour del poder con la oscuridad del miedo. Autos de lujo, trajes impecables y mansiones que contrastan con la brutalidad de sus métodos. En las calles, el nombre Black Family no se menciona en vano: significa respeto, control y dominio absoluto.
Más que una organización, somos una familia.
Black Family es una organización criminal clandestina que domina el tráfico de drogas y armas de la ciudad. Conocida por su combinación letal de lujo ostentoso y violencia implacable, impone respeto tanto en los callejones más oscuros como en los salones más exclusivos. Dirigida por una jerarquía impenetrable, se rige por un código de lealtad absoluta: traicionar a la familia no es una opción, es una sentencia de muerte.
Lo que diferencia a la Black Family es su estructura meticulosa y su habilidad para infiltrarse en todos los estratos sociales. Empresarios, políticos y hasta miembros de la ley han sido corrompidos por su poder. Sus negocios no solo generan riqueza, también influencia, extendiendo sus tentáculos hacia cada rincón de la ciudad.
Su reputación se forjó en sangre: enemigos borrados del mapa, competidores arrasados y testigos silenciados. Para sus miembros, pertenecer a la familia no es ser parte de una simple organización, sino integrarse en una hermandad donde la vida y la muerte están atadas por juramentos.
La estética de la organización combina el glamour del poder con la oscuridad del miedo. Autos de lujo, trajes impecables y mansiones que contrastan con la brutalidad de sus métodos. En las calles, el nombre Black Family no se menciona en vano: significa respeto, control y dominio absoluto.
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