Treyvon Bryant



  • Treyvon Bryant
    Treyvon nació en Detroit, el 21 de Noviembre de 1999. Su padre, Derek, era
    originario de la ciudad mientras que su madre, Solani, era una inmigrante que
    había llegado al país desde Nigeria en busca de una vida mejor.
    Derek trabajaba en la construcción. No era mal hombre, pero bebía demasiado.
    Cuando se conocieron, Solani trabajaba como interna en la casa de una señora
    mayor con problemas de movilidad. Ella no tenía a nadie y Derek por aquel
    entonces era un chico encantador. El resultado fue un embarazo no deseado
    que tuvo como fruto a Treyvon. Su madre tuvo que dejar el empleo y al no
    tener los papeles en regla, no tenía derecho a ningún tipo de prestación. Se
    mudaron a Farmington Hills, porque era uno de los pocos sitios que podían
    permitirse. Tras nacer Treyvon se dedicaba únicamente a las tareas del hogar,
    lo cual detestaba. Se fue de Nigeria huyendo de un destino como el que le
    deparó su marcha a Estados Unidos. Tenía inquietudes, quería trabajar y ganar
    un poco de dinero para poder estudiar enfermería y ahora todo se había
    acabado y su función se limitaba a ser mujer florero. Nunca descuidó a su hijo
    mientras este era un bebé, pero tampoco sentía mucho apego por el niño ni por
    su padre. Al final Solani se marchó de casa cuando Treyvon tenía tres años y
    volvió a su país. Dejó al chico con su padre, ya que volver a Nigeria siendo
    madre soltera podría haberle traído problemas.
    Derek de repente se vio con un niño la que no sabía cómo cuidar. Nunca lo
    había hecho, para eso estaba Solani, pero no le quedaba otro remedio. Ya que
    no podía dejar de trabajar, lo mandó a una guardería pública, abarrotada de
    niños procedentes de familias con algún tipo de problema y lo recogía cuando
    acababa su jornada. Por suerte, el niño era muy pequeño y aunque los
    primeros días había echado de menos a su madre, al final dejó de preguntar
    por ella. Derek acabó acostumbrándose a hacer de madre y padre a la vez,
    aunque aún dejaba un poco que desear. En este tiempo conoció a varias
    mujeres, pero ninguna quería cargar con un hijo ajeno, por lo que desistió en
    rehacer su vida sentimental
    De pequeño, Treyvon era un chico muy risueño. Casi no parecía afectarle la
    miseria que engullía a su barrio el creciente alcoholismo de su padre. El día
    que comenzó a ir a la escuela pública, el chico estaba muy ilusionado, aunque
    la ilusión se desvaneció al pasar el primer mes. Le costaba mucho trabajo
    comprender las letras y los números e iba muy atrasado con respecto a su
    clase. Muchos chicos mayores se metían con los de su curso por el simple
    hecho de ser más pequeños. Treyvon detestaba la escuela y todo lo que
    suponía acudir a ella.
    Cuando Treyvon tenía ocho años, la constructora para la que su padre
    trabajaba quebró, dejándolo sin empleo. Esto hundió a Derek en la depresión y
    comenzó a beber a diario. Cada día cuando marchaba al colegio, Treyvon se
    encontraba a su padre tirado en el sofá, con una lata de cerveza. Cuando
    volvía de clase, seguía allí tirado bebiendo. Y cuando se iba a la cama. Treyvon
    tenía que prepararse su propia comida, pero como no tenía mucha idea, se la
    pasaba comiendo sándwiches de mantequilla de cacahuete y macarrones con
    queso.
    Las notas de Treyvon en la escuela fueron de mal en peor. Le costaba mucho
    leer y escribir. A veces le era imposible prestar atención y se quedaba
    garabateando el pupitre. Esto le costó más de una regañina en mitad de clase
    de sus profesores, que le dejaban en vergüenza delante de sus compañeros.
    En casa, el dinero que recibió su padre tras el despido se acabó. Llegaban a
    final de mes a duras penas con ayuda de un amigo de la familia, que les
    echaba una mano. Su padre intentaba conseguir algún trabajo nuevo, pero
    dada su adicción a la bebida, le era imposible conservarlo por mucho tiempo.
    Tras año y medio de hacer malabares con la economía familiar, un antiguo
    compañero de trabajo de su padre le ofreció dinero fácil y rápido. Así fue como
    su padre se vio envuelto con una organización criminal local. Usaban su casa
    para guardar grandes cantidades de droga. Treyvon los veía venir una o dos
    veces por semanas a guardar o a sacar cajas llenas de material. A veces su
    padre tenía que salir a hacer algún tipo de encargos y tardaba todo el día en
    llegar a casa. Solía traer comida de un restaurante por el que paraba camino a
    casa. Nunca había comido tan bien como por aquel entonces, aunque no
    merecía la pena por todo lo que tenían que aguantar.
    Poco a poco su vida se llenó de tipos extraños con pinta de peligrosos. Casi
    siempre al llegar a casa, su padre estaba reunido con dos o tres tipos. Derek lo
    mandaba a comer a la cocina y le decía que subiera a su habitación cuando
    acabase. En una ocasión que andaba buscando algo de dinero suelto por los
    cajones del armario de su padre, encontró una pistola. Treyvon la dejó en su
    sitió y no abrió la boca al respecto, pero no pudo volver a mirar a su padre de la
    misma manera.
    A Treyvon no le gustaba tener la casa llena de desconocidos. Aquellos tipos
    trataban a su padre como su sirviente y actuaban como los dueños del lugar.
    En muchas ocasiones, Treyvon fue objeto de sus bromas pesadas, pero no le
    quedaba otra que aguantarlos, ya que el dinero que entraba ahora en casa
    provenía de aquellos tíos.
    Llegó la hora de comenzar la secundaria, poco antes de cumplir los 13 años, ya
    que había repetido un curso anteriormente. Treyvon comenzó a asistir a un
    instituto cercano a su casa, donde había unos grandes detectores de metales
    para evitar que los alumnos colasen armas. Había un par de guardias de
    seguridad sentados en una garita a la entrada. Todo el instituto estaba lleno de
    grafitis y ofrecía una estampa decadente.
    Treyvon no era ni mucho menos el mayor de su clase. Había varios chicos y un
    par de chicas de su edad y un grupito de chicos que tenían quince años.
    Debían de ser más torpes aún que él para haber repetido tantas veces. Había
    una chica llamada Dinah, un año más joven que él y con pinta de empollona.
    En cuanto comenzaron las clases, Treyvon se dio cuenta de que su apariencia
    no engañaba: La chica era un auténtico cerebrito. El chico, que tenía mucha
    labia, conquistó a la chiquilla con palabras bonitas y gracias a ella comenzó un
    floreciente negocio en el que hacían trabajos de clase a cambio de 5 dólares.
    Sacaban un dinerillo considerable para gente de su edad a finales de mes y se
    lo repartían entre ambos, pero Dinah aceptaba más trabajos de los que podía
    hacer. Comenzó a agobiarse y apenas dormía ni comía. Treyvon intentaba
    convencerla para que no se echase atrás, pero ya casi a final de curso, la chica
    sufrió un ataque muy fuerte de ansiedad y sus padres decidieron cambiarla de
    centro. Treyvon decidió que no merecía la pena ir detrás de ella y que ya se las
    apañaría él solo. Al comenzar el siguiente curso, se las apañó para conseguir
    la llave de la sala de profesores, a la que hizo una copia. Cada vez que se
    acercaba la época de exámenes, Treyvon se colaba en la sala y descargaba
    las respuestas de todos los exámenes en un pendrive. Hacerlo le llevaba un
    par de días, ya que cada profesor tenía sus archivos en su propio ordenador y
    tenía que andar apagándolos y encendiéndolos, pero al final siempre se hacía
    con lo que había ido a buscar.
    Treyvon se hizo un chico muy popular. Todo el mundo le buscaba, todos
    querían ser sus amigos, pero a él le gustaba ir a su aire. Con el dinero que
    sacó de la venta de exámenes, se compró una playstation 3, la cual quería
    desde hace tiempo. Cuando su padre le preguntó de dónde la había sacado, le
    convenció de que había sido él mismo quien se la había comprado días antes,
    pero que seguramente no lo recordaba porque iba demasiado borracho.
    Treyvon dejó de ir a la escuela a los 15 años. No se molestó en volver a
    matricularse. Su padre tampoco hizo nada cuando se enteró. Se pasaba el día
    encerrado, jugando a videojuegos. A esa edad había desarrollado interés en
    las motos de cross, pero necesitaba dinero y conseguir un trabajo siendo un
    chico negro de 15 años y sin estudios era misión imposible. Hasta en el peor de
    los lugares lo rechazaban.
    Un día, tras salir a comprar comida, volvió a casa un poco más tarde de lo
    habitual. Los tipos para los que trabajaba su padre estaban allí en el salón,
    fanfarroneando y bebiendo, como siempre. Treyvon se acercó a ellos y les dijo
    que quería dinero. Los tipos comenzaron a reírse de él, pero cuando vieron que
    se quedaba allí parado mirándolos sin inmutarse, se dieron cuenta de que iba
    en serio. Le preguntaron qué sabía hacer y el chico les contó a lo que se había
    dedicado durante ese tiempo en el instituto. Eso les hizo mucha gracia, al
    parecer, porque no dejaban de mirarse y sonreír. Le preguntaron su edad y
    cuando Treyvon les dijo que pronto cumpliría dieciséis hicieron una mueca. Le
    dijeron que era demasiado joven, pero el chico insistió. El que parecía el
    cabecilla, un tipo de unos cuarenta años y con la cabeza lisa como una bola de
    billar se levantó y metió una mano debajo del sofá, de donde sacó una bolsa.
    Se la dio a Treyvon y le dijo que había unos 100 gr de marihuana divididos en
    bolsitas más pequeñas. Si la vendía toda y le traía el dinero en un par de días,
    le daría más.
    Treyvon subió hacia su cuarto, cogió un puñado de bolsitas y guardó el resto en
    un cajón. Se fue hasta un parque cercano donde unos chicos que solían ir a su
    instituto hacían grafitis. Aunque los chicos no eran muy amigables, cambiaron
    el tono con el que se dirigían a él en cuanto les mostró lo que tenía. Le
    compraron todo lo que llevaba encima.
    El resto fue pan comido. En esa ciudad se sabía todo y no había que ser ni
    muy listo ni muy hábil para saber quién te iba a comprar. Lo vendió todo antes
    de acabar el plazo y les llevó el dinero. El calvo se presentó formalmente. Su
    nombre era TJ y los matones que lo acompañaban se llamaban Maurice y Carl.
    Su padre se acabó enterando de que había ido a pedirle trabajo a TJ. Nunca en
    su vida lo había visto tan enfadado. Treyvon le gritó que era un hipócrita por
    enfadarse cuando él tenía droga guardada hasta en el tarro de las galletas. A
    raíz de esta discusión, su padre dejó de hablarle y se limitaba a tolerar su
    presencia cuando TJ estaba delante.
    Comenzó a juntarse con unos chicos de su edad más o menos que trabajaban
    para TJ. Solían ir por parques, institutos y bares a buscar nueva clientela.
    Sobre todo iban a por chicos jóvenes o gente que se iba de fiesta. Más de una
    vez les tocó salir corriendo de la policía. Por suerte, eran rápidos y conocían los
    callejones bastante bien, por lo que nunca les pillaron.
    Pillaron a un par de sus compañeros vendiendo en un parque. Treyvon ese día
    se había levantado muy tarde y no fue por allí a vender. Un golpe de suerte. Ya
    que todos los del grupo eran menores de edad sus compañeros fueron a un
    correccional, de donde salieron un año después. Volvieron a las andadas, esta
    vez siendo todos más cuidadosos, ya que algunos ya habían alcanzado la
    mayoría de edad y al resto les quedaban solo unos meses para ello.
    Comenzaron a hacerse llamar Farmington Lords. Se pasaban las tardes
    fumando, pintando graffitis y escuchando rap cuando no tenían nada que hacer.
    Algunos de los chicos robaban pequeños establecimientos y pronto Treyvon se
    animó a hacer lo mismo. Era divertido, aunque prefería dedicarse a vender
    maría, que era lo que mejor sabía hacer
    Treyvon apenas pasaba por casa. Su padre y él llevaban tiempo sin hablar.
    Tampoco sabía mucho de TJ, que llevaba tiempo sin aparecer por allí. Treyvon
    se juntó con otro chico del grupo, AK y se fueron a vivir a la casa de la abuela
    de este. En el sótano de aquella vieja casa, se dedicaron a cultivar maría.
    Creían que sería fácil, pero resultaba muy caro mantener toda la luz y el agua
    que necesitaban, por lo que hicieron un enganche a un poste de luz. A otros
    chicos les resultaba aburrido, pero a ellos les entretenía todo el proceso. Les
    gustaba aún más recoger el dinero que ganaban con la venta. Al cumplir los 18,
    Treyvon se compró una moto de cross de segunda mano. Estaba un poco
    destartalada y necesitaba pintura, pero planeaba trabajar en ella poco a poco
    para dejarla reluciente.
    Era verano de 2018. Treyvon había decidido salir junto con AK a tomar unas
    cervezas a un bar de un barrio cercano. No solían salir a menudo de su barrio y
    pensaron que podría estar bien cambiar un poco de aire. Allí conoció a una
    chica llamada Samara, con la que acabó en la cama al terminar la noche. Para
    su sorpresa, no se aburrió de ella después de eso como solía pasar. Ni a la
    semana siguiente. Samara era una chica preciosa. De piel color marrón claro,
    ojos azules y pelo oscuro que solía llevar recogido en dos trenzas. Era también
    ingeniosa y divertida y Treyvon se enamoró como un imbécil de ella.
    Samara comenzó a ayudarles a vender. Conocía a mucha gente, no solo por
    Farmintong, también por los alrededores. Después de un par de meses, se fue
    con Ak y Treyvon a la casa en la que ambos estaban viviendo. La convivencia
    no fue un problema, ya que los tres se llevaban bien. Se llevaban demasiado
    bien quizás. No le gustaba ni un pelo la complicidad que se traían los dos. Ni
    las risitas y las miradas que se dedicaban. Se lo comentó un par de veces a
    Samara pero esta se limitaba a reírse llamándolo paranoico, pero las
    sospechas que tenía no iban a cesar simplemente porque le asegurase que no
    pasaba nada. Tenía un sexto sentido para estas cosas y no iba a parar hasta
    descubrir si tenía la razón.
    Era un día de enero. Ese mes había hecho bastante frio y había nevado un par
    de veces. Treyvon decidió salir con la excusa de buscar piezas para su moto.
    Dijo que no llegaría hasta la noche, pero la realidad es que se quedó escondido
    en un callejón cercano durante media hora. Miró el reloj y se fue hacía casa.
    Entró con mucho cuidado de no hacer ruido.
    Tal y como Treyvon esperaba, se los encontró a los dos juntos, en el mismo
    sofá donde los tres se sentaban a jugar a la videoconsola. Ni siquiera le
    sorprendió, aunque se sentía furioso por haber sido traicionado por ambos. Ak
    y él se enzarzaron en una discusión por la que acabaron llegando a las manos.
    Tras recibir varios golpes, Treyvon usó todas sus fuerzas para quitarse a su
    compañero de encima mientras Samara les gritaba que parasen. El chico puso
    tanto ímpetu en deshacerse de él que Ak terminó cayendo hacía atrás y
    golpeando su cabeza contra el escalón de la cocina. Murió en el acto. Aunque
    sabía que se había metido en un buen lio, ni siquiera se arrepentía de haberlo
    hecho, si no puede que hubiera sido él mismo quién hubiera acabado siendo
    un cadáver.
    Tras unas primeras investigaciones, Treyvon pasó a disposición judicial. El juez
    dictaminó prisión provisional para él mientras esperaban la sentencia firme.
    Lo mandaron a una prisión en Atlanta en la que había varios chicos
    afroamericanos como él. Lo trataron bien, aunque no se quería acostumbrar a
    aquello, ya que no sabía dónde iba a acabar. Tras un par de meses en la
    prisión de Atlanta, llegó el día del juicio y con ello la sentencia. Lo condenaron
    por homicidio involuntario a dos años y un mes de cárcel en la prisión de
    Marion, en Ilinois.
    El ambiente en esa prisión era de lo más hostil. Los latinos y los neonazis
    controlaban el patio y a ninguno de los dos grupos les gustaban los
    afroamericanos. Si había algo más asqueroso que la comida de aquel sitio,
    eran desde luego esos dos grupitos de gilipollas.
    Por supuesto su presencia no pasó inadvertida para esta gente, que solía
    cebarse con nuevos reclusos. Solía ignorarlos todo lo que podía, pero esto no
    funcionaba siempre para librarse de recibir un golpe.
    A Treyvon lo pusieron a trabajar como jardinero en prisión. Cuando vio lo que
    cobraba no sabía si echarse a reír o llorar, pero no todo era malo. Trabajando
    en el huerto conoció a otro chico negro, Noah. Debía de ser de los pocos
    afroamericanos metidos en aquel lugar, por lo que ambos se hicieron cercanos.
    En la prisión no había mucho que hacer una vez terminada la jornada laboral y
    ambos pasaban el tiempo contándose su vida o por qué estaban allí. Treyvon
    no dejaba de pensar la suerte que había tenido con su abogado, ya que Noah
    había recibido una condena mayor a la suya por un simple atraco.
    Como estaban hartos de los abusos de los latinos y los nazis, comenzaron a
    juntarse con más chicos negros de aquel lugar. Se hicieron muy cercanos a
    Dylan ya que tenían una edad parecida a la de ellos y tampoco tenía donde ir
    una vez saliera de allí. A partir de entonces, plantaban cara a cualquiera que
    vinieran a tocarles los cojones allí y pudieron tener un poco más de
    tranquilidad, ya que ahora que eran varios y siempre andaban en grupo se lo
    pensaban dos veces antes de buscar bronca.
    Su tiempo de condena se hizo mucho más llevadero gracias a sus colegas.
    Incluso hablaron de comenzar de nuevo los tres en algún sitio. Podían buscar
    algún lugar donde fuera fácil pillar merca y venderla por ahí a universitarios
    borrachos. Noah les habló del sitió en el que vivía antes de acabar allí. Una
    ciudad llamada los santos ubicada en la isla de San andreas. Treyvon no tenía
    ni la más mínima idea de donde estaba aquella ciudad, pero su amigo
    aseguraba que allí no les faltarían oportunidades para hacer dinero.
    Treyvon fue el primero de los tres en cumplir su condena. Salió al día siguiente
    de cumplir dos años y un mes. Se instaló en una casa transitoria con ayuda de
    un asistente social que además le proporcionaba una tarjeta para comprar
    comida cada semana. Para recibir todo esto, tuvo que apuntarse a un
    programa de reinserción social donde le ayudaban a conseguir formación y
    empleo para reincorporarse a la sociedad. Para cuando terminó todo los
    trámites de las ayudas solicitadas, Dylan ya había salido de prisión. Treyvon no
    pudo ir a recogerlo, ya que no tenía vehículo, pero lo ayudó en todo lo que
    pudo para que él también se beneficiase de las ayudas sociales mientras
    ambos esperaban a Noah.
    Los chicos iban a visitarlo cada dos semanas. Aunque no tenían mucho, le
    llevaban algo de comida. Lo mejor de haber salido era dejar de comer la
    porquería que les servían en la prisión. Su amigo agradecía todas y cada una
    de las cosas que ambos le llevaban en sus visitas.
    Al final, seis meses después de haber salido de la cárcel, salió Noah. Lo
    recibieron con cerveza y pollo frito y esa noche no durmieron. Había mucho
    que planear. Cogieron las pocas pertenencias que tenía y se dejaron la casa
    transitoria sin avisar siquiera.
    Fueron en autobús desde Ilinois hasta San Diego. Tardaron día y medio, pero
    era la forma más barata de llegar hasta allí, donde tenían que coger un ferry.
    En media hora estaban en aquella isla, sin dinero en los bolsillos pero con
    muchos planes y ambiciones en mente.
    Apariencia física. Treyvon es un chico de raza afroamericana. Mide algo más
    de 180. Lleva el pelo, de color negro, recogido en rastas y a veces se deja
    perilla. Luce varios tatuajes por todo su cuerpo. Le gusta llevar gorras,
    camisetas de baloncesto y deportivas de marca si puede echarle el guante a
    algunas.
    Personalidad: Al haberse criado con un padre que no estaba demasiado
    presente, está acostumbrado a pasar tiempo solo. Es un chico tranquilo, al que
    le gustan las motos y las bicis, pero con mucho carácter. Se le da bien
    engatusar a la gente para obtener cosas de ellos. No tolera a los racistas y si
    alguien le trata de manera diferente por ser negro, no se queda de brazos
    cruzados.
    Objetivos: Llega a los santos gracias a su amigo Noah, quien vivió en la isla
    años antes y la conoce. Durante su estancia en la cárcel se hace muy cercano
    al chico y a Dylan, por lo que decide que quizás está bien ir allí para comenzar
    a trapichear de nuevo, ya que no quiere volver a pisar su ciudad natal.


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