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Little Seoul | Top Secret Garage
Hans Ross, más conocido entre los suyos como Ross, siempre fue de esos tipos que no hablan mucho, pero cuando algo ruge… escuchás.
Después de un tiempo alejado del asfalto, decidió volver a lo que siempre fue su vida: los motores, el olor a gasolina y las noches interminables en la ciudad.
*Un día cualquiera, sonó su teléfono. Era Trevaughn Mayshon, una voz que conocía de memoria.
“El taller sigue en pie, hermano. Te esperamos en Top Secret.”
No hizo falta más. Ross volvió.
El Comet
Al fondo del taller, cubierto por una lona vieja, lo esperaba su Comet Retro Custom. Roto, descuidado, con el chasis doblado y la pintura gastada. Pero ahí estaba, como si hubiese esperado ese momento.
Durante días trabajó en silencio. Lijó cada parte, reforzó el chasis y revisó el motor pieza por pieza. Cuando terminó, pintó todo de rojo carmesí, ese tono que para él significaba volver a empezar.
*El día que encendió el motor, el ruido llenó todo Top Secret. Pyro levantó la vista desde su banco, y Trevaughn simplemente sonrió. Ross apoyó la mano sobre el capó y dijo con voz baja:
“Ya está. Volvimos.” Redención
Esa misma noche, salió a la autopista. El Comet rugía con fuerza, reflejando las luces de Little Seoul mientras los edificios pasaban como sombras. Cada cambio de marcha era una historia, cada curva un recuerdo de todo lo que había dejado atrás.
Hoy, Hans Ross sigue presente en Overclutch, moviéndose entre el taller Top Secret y las calles donde todo comenzó. No busca fama, ni ruido. Solo seguir rodando, demostrando que incluso un hombre roto puede reconstruirse, igual que su motor.
Top Secret | Little Seoull | 10 Nov 2025 00:15
Con el paso de los días, Hans Ross seguía firme en su rutina dentro de Top Secret. Mientras los autos entraban y salían del taller, se encargaba de lo suyo: mantener el orden, controlar el movimiento y cubrir los huecos cuando hacía falta. Su trabajo silencioso no pasaba desapercibido, especialmente para Andrés Gironza (Pyro), quien lo observaba desde hace tiempo.
Una tarde, Pyro lo llamó a un costado del taller.
“Tengo algo distinto para vos, Ross. Nada de llaves ni motores esta vez.”
Hans lo miró en silencio, como quien espera lo inevitable. Pyro le explicó que necesitaba que fuera hasta Sandy Shores, a una vieja licorería donde un tipo guardaba un sobre “importante”. No era un trabajo complicado, pero sí requería cabeza fría y un poco de temple.
Sin dudarlo, Hans aceptó. Encendió su Comet rojo, revisó el cargador por costumbre y emprendió camino hacia el desierto. Ante la reunión escuchamos a varios de los miembros, compartiendo ideas, dudas y propuestas que ayudarán a fortalecer la unión y la competencia sana dentro de Overclutch - Blacklist. Fue un espacio de diálogo y motivación, con la meta clara de llevar nuestras carreras y reputación al siguiente nivel.
De Camino al objetivo
Al llegar, el lugar se veía tranquilo, pero esa calma rara que incomoda. Entró, pidió una botella para disimular y luego habló con el dependiente. El intercambio fue corto, tenso. El tipo no quería soltar nada, pero al final accedió a entregar el sobre, no sin dejar una amenaza entre dientes.
Hans ya se iba cuando escuchó el clic metálico detrás del mostrador. El dependiente había sacado una escopeta. Alcanzó a disparar, y algunos perdigones le alcanzaron a rozar mientras Hans saltaba por la puerta. Se subió al Comet, pisó a fondo y desapareció entre la arena.
De regreso en Little Seoul
Dejó el sobre encima de la mesa de Pyro y se sentó en silencio.
“Todo bien”, dijo apenas.
Pyro lo miró, sonrió levemente y respondió:
“Lo sabía.”
No preguntó más. En Top Secret, los trabajos hablan solos, y Ross acababa de demostrar que todavía podía con cualquiera.