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Clyde estaba en una mala racha. Había perdido su preciada Dyna Wide Glide. Todo se debió a un momento de imprudencia: había dejado la moto estacionada en la calle durante la noche, sin asegurarse de que estuviera cerrada con llave, y alguien se la había robado.
Clyde estaba devastado. La moto era su medio de transporte y su fuente de alegría en momentos difíciles. Decidió que necesitaba una nueva moto, pero no podía permitirse comprar una nueva. Así que comenzó a buscar opciones alternativas.
Un día, mientras caminaba por el norte sin rumbo, Clyde vio una Harley Davidson Fat Boy estacionada frente a una licorería. Era una moto hermosa, con un diseño clásico y una apariencia robusta. Clyde sabía que era una moto cara y probablemente estaría asegurada, pero no podía resistirse a la idea de tenerla para él.
Esa noche, Clyde decidió participar en el robo de la Fat Boy. Conoció a un grupo de hombres que estaban dispuestos a ayudarlo, y juntos planearon el atraco. Todo salió según lo planeado, y Clyde se hizo con la moto.
Clyde estaba disfrutando de una tarde de paseo en su Dyna Wide Glide cuando se encontró con un anuncio que ofrecía jornada de trabajo en Cayo Perico
Jerónimo le habló a Clyde sobre su trabajo como empresario de la industria del tabaco en la isla de Cayo Perico, y de cómo necesitaba ayuda para cortar y rociar las plantas. Clyde no estaba seguro de si quería involucrarse en algo así, pero Jerónimo le ofreció 2.500 dólares por un día de trabajo, una suma que Clyde no podía ignorar.
Después de pensarlo por un momento, Clyde decidió tomar el trabajo y seguir a Jerónimo a la isla. Una vez allí, se encontró en un paraíso tropical rodeado de plantaciones de tabaco.
Jerónimo le mostró a Clyde cómo cortar y rociar las plantas, y aunque el trabajo era duro, Clyde se encontró disfrutando del ambiente y la compañía. Los trabajadores y Jerónimo compartían risas mientras trabajaban, y Clyde se sintió agradecido por la oportunidad de conocer a alguien nuevo y ganar algo de dinero extra.
De vuelta en Los Santos, Clyde reflexionó sobre su experiencia en la isla. Aunque había pasado por momentos difíciles durante el arduo trabajo, estaba agradecido por haber conocido a alguien como Jerónimo y por la oportunidad de aprender algo nuevo y ganar algo de dinero extra.
Las cosas estaban muy tranquilas en lo que se refería a Clyde, había encontrado una casa de alquiler en Sandy Shores y había vendido su vehículo para comprarse una Raptor, el condado parecía tranquilo, la gente estaba pendiente a lo suyo se avecinaban muchos cambios en Los Santos y la gente esperaba ansiosa a que sucediese cuanto antes.
Gracias al alquiler de esa casa Clyde pudo conocer a dos chicas cuyos nombres eran Riley y Xiana, ambas mecanicas, Clyde siempre se movida en esos entornos de grasa y tuercas y ellas parecieron ser de bastante agrado de Clyde hasta el punto de convivir juntos en una misma casa.
Ellas no sabían de la vida que tenia Clyde en la oscuridad siempre lo mantenía oculto para poder evitar cualquier tipo de problemas, en el condado hasta las paredes escuchan entonces había que tener cuidado con lo que se decía
El día anterior Clyde estuvo con Opie disfrutando de un buen whiskey en el Yellow Jack y le encomendó hacer un seguimiento de unos hombres trajeados, Clyde se puso manos a la obra y empezó a buscar a dichas personas