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Un día como cualquier otro en el condado de Blaine, Giussepe Zannotti se deja caer por el Yellow Jack. Pero esta vez, algo está por cambiarlo todo.
Después de eso, G.Z. se dirige directo a sus tierras: el icónico Stab City. Un refugio para los moteros, lejos del bullicio de la ciudad y del dominio de los sureños, donde viven a su manera.
Tras aquella llamada, Zannotti se encontró cara a cara con los dueños del lugar: un MC llamado Death Nation. Se hacían llamar un "Club Madre" y le exigieron que se quitara sus parches de Blaine County, alegando que su MC no había sido bendecido. Pero la verdad era otra… el club de Zannotti existía mucho antes que ellos. La sangre le hervía, pero no armó un escándalo. Sabía que su reputación valía más que una pelea en ese momento.
Los motores rugieron por primera vez en las carreteras de Blaine County cuando Giussepe Zannotti y Rick Hawking fundaron el Bandits MC. No eran simples motociclistas; eran hombres con un código, forjado en el fuego del asfalto y en la hermandad inquebrantable de los suyos. Desde el primer día, dejaron en claro que no eran un club cualquiera.
Con cada kilómetro recorrido, se ganaron respeto en el condado. Negocios, rutas y lealtades fueron construyendo el nombre de Bandits MC, hasta convertirlo en uno de los clubes más poderosos del norte. No solo dominaban las carreteras, sino que su influencia se sentía en cada taller, en cada bar y en cada rincón donde el rugido de sus motores se hacía escuchar.
Pero en este mundo, la confianza es un arma de doble filo. Apostaron por las personas equivocadas… y pagaron el precio. Una redada terminó con el legado que habían construido. Rick desapareció entre las sombras, y Giussepe fue sentenciado a 20 años tras las rejas. Lo que una vez fue un imperio sobre ruedas se desmoronó de la noche a la mañana.
Ahora, después de dos décadas encerrado, Giussepe está de vuelta. Pero el condado ya no es el mismo… y el futuro del Bandits MC es incierto.
Autor: Giussepe "El Anciano" Zannotti Ubicación: Sandy Shores, junto a la tienda de perritos calientes al lado de la comisaría
Anoche el aire del desierto venía espeso, con ese sabor a polvo y peligro que solo Sandy puede darte. Nos reunimos los dos fundadores de esta hermandad: Lorenzo y quien les escribe, Giussepe, para ponernos al día y ver en qué andaba el movimiento por este lado del mapa. A la cita se nos unieron dos rostros nuevos: Smirnov y Cisneros. Tipos callados, observadores… pero con mirada de lobo. Esa clase de mirada que no se finge.
Nos sentamos en una tiendita de perritos calientes, justo al lado de la comisaría, porque si vamos a marcar territorio, que sea donde más arda. Hablábamos de lo que se habla entre hermanos: el polvo, los motores, el club… hasta que un tipo solitario se acercó.
El sujeto portaba parches. No cualquiera… llevaba los colores de los Desert Bastards MC. Uno de los MC más pesados del condado. Viejos, organizados, con historia. De esos que no salen de casa sin saber quién manda en cada rincón por donde pisan.
Hubo silencio al principio, de esos que podrían romperse con una chispa. Pero no fue necesario. Cruzamos miradas, respetamos jerarquías y terminamos hablando como hombres. El tema central: los malditos Sureños.
Esa plaga que se infiltra entre las grietas del desierto como si les perteneciera, marcando territorio con violencia, con droga barata, con códigos que no respetan nada. Discutimos cómo eso ha empezado a afectar el equilibrio. Los Sureños no entienden de rutas ni de respeto. Solo de números y metralla.
No hubo amenazas, ni alianzas, pero sí hubo algo más importante: diálogo entre clubes serios. El tipo no vino a fanfarronear, ni a marcar territorio. Vino a oír y a ser oído. Y en este mundo, eso vale más que mil balas.
Seguimos siendo independientes.
Pero sabemos que el condado está cambiando.
Y que tal vez se acerque el momento en que los verdaderos MC tengan que mirar hacia los lados y preguntarse: ¿De qué lado del asfalto estás?
Firmado: Giussepe “El anciano” Zannotti Fundador & Presidente – The Lost MC
Hoy tuvimos un reclutamiento, y no era una simple reunión. En este negocio, cada encuentro puede ser la diferencia entre sumar un aliado o cavar una tumba. Antes de que todo comenzara, cité a “El Rubio”. Era su momento de probarse, de demostrar que todo lo que había dicho hasta ahora no eran solo palabras lanzadas al viento.
Siempre aseguraba que sabía moverse en este mundo, que entendía las reglas no escritas y cómo manipular los hilos que mantienen viva una organización como la nuestra. Pero en la calle, las palabras no pesan nada si no se respaldan con hechos. Hoy, cada movimiento suyo iba a ser observado, cada decisión evaluada.
Le dejé claro que no habría segundas oportunidades. En nuestra línea, la lealtad se mide con sangre, la destreza con precisión, y la inteligencia con la capacidad de anticiparse a la traición antes de que ocurra. El Rubio entendió el mensaje. Solo asintió, serio, sin decir palabra.
El motor rugió, la noche se cerró sobre nosotros y nos pusimos en marcha hacia el lugar. Afuera, el mundo seguía girando; adentro, en ese coche, comenzaba la verdadera prueba.
Al llegar al punto, todo se movió con precisión calculada. Una de nuestras sombras conducía la Jubilee modificada, lista para salir en cualquier momento. Habíamos citado al chico en un callejón estrecho de la ciudad, un lugar donde la oscuridad cubre las preguntas y solo importan las respuestas.
El Rubio no perdió tiempo; actuó con frialdad y sin titubeos. Lo subió al coche de un movimiento firme y lo revisó de pies a cabeza. El chico estaba limpio, ni armas, ni micrófonos, ni problemas.
Con eso asegurado, tomamos rumbo hacia nuestro almacén físico, ubicado lejos del ruido de la ciudad. Un lugar donde nadie hace preguntas y todo lo que ocurre se queda entre esas cuatro paredes.
Al llegar al almacén, comenzó el interrogatorio. Las preguntas fueron directas, sin rodeos: ¿Quién eres? ¿Qué quieres de nosotros? ¿Qué ganaríamos al tenerte en nuestras filas?
El chico respondía con cierta intriga, pero sus palabras no tenían el peso que buscábamos. Decía que pintaba paredes… nada más. Aun así, decidimos darle la oportunidad; a veces, las promesas vacías se convierten en pruebas de fuego.
Pero no fue así. Un par de días después, volvió con la misma cantinela: quería regresar a pintar paredes. Un juego infantil en un mundo de hombres.
No hubo segundas oportunidades. Sin titubeos, una de nuestras sombras desenfundó su arma y puso fin a la farsa. En esta vida, el poder no se regala, y hay quienes simplemente no nacieron para tenerlo.
Si buscas un rol de mafia real, donde la lealtad se gana, el respeto se construye y el poder se toma con inteligencia y sangre fría, este es tu lugar. Aquí no se juega a ser criminal… aquí se aprende a moverse en las sombras, a escalar paso a paso hasta lo más alto. Las Sombras Son Eternos
La noche envolvía el almacén con un silencio denso, apenas roto por el chirrido de la puerta metálica al abrirse. El interior olía a fertilizantes, químicos y tierra húmeda, un recordatorio de que allí se llevaba a cabo algo más que un simple cultivo.
"V" fue el primero en hablar, su tono firme resonó entre las paredes del lugar: “Este es un trabajo importante… tenemos que entregar 250 bongs a nuestro contacto, no hay margen de error.” Sus palabras marcaron la pauta de la noche.
El grupo se puso en marcha. "B" aseguró la entrada, mientras El Rubio descargaba pesadas cajas de fertilizantes sobre la mesa, dejando escapar un resoplido cansado. Brian se enfundó los guantes de látex y comenzó a preparar las bandejas, bolsas al vacío y la selladora térmica, mientras Eloise verificaba la humedad y encendía las luces ultravioletas que bañaron las plantas en un brillo violeta, resaltando su calidad.
El trabajo avanzó con precisión quirúrgica: selección de cogollos, pesaje exacto y empaquetado hermético en lotes que serían utilizados para el armado de los bongs. Cada movimiento estaba calculado, sin espacio para improvisaciones.
Al finalizar, el producto quedó listo para su uso y el objetivo cumplido: 250 bongs preparados para su entrega, asegurando la reputación y el negocio de la organización. Las luces se apagaron, la puerta se cerró y el almacén quedó sumido en la oscuridad, como si nunca hubiera sido visitado esa noche.
OOC | Información: Para aquellos interesados en participar en este tipo de rol narrativo, pueden contactarse a través de Discord: Gladius743
El sol comenzaba a fundirse sobre el horizonte, tiñendo las aguas del Alamo Sea con un matiz ámbar, casi cobrizo. El lago, usualmente inquieto por el paso de botes o el viento del norte, yacía en ese momento calmo, como si respirara al ritmo del mundo. Las cañas secas a la orilla crujían bajo el peso de una brisa suave, arrastrando consigo el olor a tierra mojada y gasolina vieja.
A lo lejos, el canto de las gaviotas se mezclaba con el sonido ocasional de una rana escondida entre los juncos. Los árboles al otro lado del agua proyectaban sombras largas, dando la impresión de que el tiempo se estiraba junto a ellas. Todo parecía detenido, envuelto en una serenidad artificial, como si el lago supiera que aquella paz no duraría demasiado.
Una figura solitaria, anciana pero firme, permanecía sentado al borde de un muelle de madera carcomida, con una caña de pescar en mano y la mirada fija en el horizonte. Las botas colgaban sobre el agua, sin tocarla, y el chaleco de cuero gastado hablaba de historias viejas, de caminos recorridos y cicatrices ganadas. A su lado, el silencio era sagrado, solo interrumpido por el leve zumbido de una radio olvidada que pronto habría de traer noticias inesperadas.
Todo era tranquilo en ese momento, hasta ahora, era momento de ensuciarse las manos y trabajar, en algo que Zannotti, manejaba especialmente.
Giussepe al montarse en su NightBlade se coloca en direccion hacia la Sede, al llegar lo esperan.
Jhonny Murray: Presidente de los Bastards, hombre de pocas palabras y de alta presencia.
Jay "Jota" Hobs: Miembro de los Bastards, no nos habiamos presentado, bastante joven y serio.
Rick Flanagan: Nos habiamos visto antes, me cae bien, de pocas palabras tambien..
El presidente comenzó a interrogarme a mí y a los demás miembros, indagando sobre mis conocimientos en la elaboración de droga: dónde solía fabricar, de dónde provenía mi experiencia y si aún sabía hacerlo. Sin rodeos, le conté mi historia.
Tras mi llegada a los Estados Unidos, luego de un largo y forzado exilio, me sumergí en el mundo del contrabando y en la producción de lo que muchos llaman oro blanco: la cocaína. Operaba de forma discreta, aprovechando una pequeña licorería en Sandy Shores como fachada. Allí, entre botellas polvorientas y un olor constante a alcohol barato, perfeccioné mi técnica poco a poco, hasta lograr un producto cuya calidad comenzó a hacerse notar entre los compradores.
Con el tiempo, sin embargo, dejé aquel negocio. La edad, el desgaste y la aparición de mejores oportunidades laborales me hicieron colgar el delantal del laboratorio y dejar atrás ese capítulo… al menos, hasta que alguien volviera a tocar el tema.
Entonces me puse manos a la obra....
El trabajo quedó terminado, y el Presidente observaba con una media sonrisa de aprobación. Otra jornada en la que el viejo dejaba claro que aún le quedaba pólvora en el cargador… un paso a la vez, sin prisa pero sin detenerse.
Ride Forever, Die Whenever
The Lost Motorcycle Club fue alguna vez una de las organizaciones más temidas y respetadas del mundo criminal. Fundado en 1964 en Acter, Alderney, su expansión hacia San Andreas consolidó al club como un símbolo de hermandad, libertad y caos. Desde Liberty City hasta Blaine County, The Lost se forjó entre fuego, sangre, asfalto y traición.
Sin embargo, tras la muerte del legendario Johnny Klebitz a manos de Trevor Philips, y la posterior masacre en Sandy Shores, el club entró en una espiral de decadencia. Sin liderazgo fuerte ni estructura, los capítulos se fragmentaron, los colores perdieron respeto, y la hermandad quedó quebrada. El último presidente de la costa oeste se mantuvo con lo poco que quedaba: unos cuantos hombres fieles, motocicletas oxidadas y una reputación hecha trizas.
Años más tarde, con el club reducido a una sombra de lo que fue, el viejo presidente del capítulo de San Andreas entendió que la historia de The Lost MC no podía continuar si seguían viviendo del pasado. Lo que alguna vez fue una familia, hoy era solo un recuerdo.
Fue entonces cuando tomó la decisión más dura pero más sabia de su vida: entregar el liderazgo del club a alguien que pudiera devolverle el alma al asfalto. Alguien cuya leyenda no nacía de cuentos, sino del rugido constante de su Harley. Ese hombre era Giussepe Zannotti.
Giussepe Zannotti, italiano de nacimiento, motero de corazón y guerrero de espíritu. A sus más de 60 años, Zannotti no busca fama, ni gloria, ni aplausos. Él busca respetar la ruta, vivir con lealtad y morir con honor. Su barba blanca y sus trenzas vikingas no son una moda, son una marca de guerra. Su mirada verde ha visto traiciones, muerte y libertad. Su piel tatuada lleva la historia de quien nunca abandonó la carretera, incluso cuando la vida se lo exigía.
Zannotti aceptó el desafío con una condición: reconstruir The Lost MC desde sus cimientos, pero sin borrar su esencia. Para lograrlo, convocó a dos hombres de confianza:
Lorenzo Fiore, hermano de sangre y estratega silencioso, un hombre que conoce el peso de una decisión y el valor del silencio en medio del ruido.
Diego Luna, su mano derecha, leal hasta la muerte. Criado bajo la tutela de Zannotti, Diego representa la nueva generación que aún respeta las reglas del viejo mundo.
La reconstrucción no fue inmediata. Giussepe, Lorenzo y Diego no buscaban un club de payasos vestidos de cuero. Querían un Motor Club real, con códigos, respeto, jerarquía y propósito. El nuevo Lost MC no es una imitación del pasado; es su renacer. Mantienen los colores, el símbolo y el legado, pero con una nueva mentalidad:
Lealtad, hermandad y fuego.
No buscan guerra, pero no la evitan.
No se arrastran por negocios fáciles, pero tampoco se dejan pisotear.
Bajo su mando, el club volvió a rodar por las carreteras de San Andreas, esta vez más unidos, más sabios y más letales.
Hoy, The Lost MC entra en una nueva era. Desde el polvo de Sandy Shores hasta las calles oscuras de Los Santos, el rugido de sus motores vuelve a escucharse. Ya no son los restos del pasado. Son el principio de una nueva historia.
Bajo el liderazgo de Zannotti, y con la sangre nueva de Fiore y Luna, The Lost MC resurge como una familia renovada, lista para enfrentar un mundo que los dio por muertos.
ACTUALMENTE THE LOST MC ES UN PROYECTO EN FORMACION, SI QUIERES FORMAR PARTE DE LA NUEVA ERA COMUNICATE AL SIGUIENTE DC: gladius743
Orígenes
Niccolo Aguilera nació en Nápoles, Italia, en 1993, hijo de un comerciante italiano y una madre de raíces latinoamericanas. Su infancia estuvo marcada por dos mundos: la disciplina y astucia del entorno italiano, y la pasión y tenacidad heredada de su sangre latina. Desde joven, fue testigo de la vida dura en los barrios donde los negocios ilegales eran parte del día a día, aprendiendo que la lealtad y el silencio podían salvar vidas.
Primeros Pasos en el Crimen
A los 18 años, tras la muerte de su padre en circunstancias sospechosas, Niccolo dejó Italia y se mudó a Los Santos, buscando nuevas oportunidades. Comenzó como intermediario en negocios menores: contrabando de tabaco, distribución de licores falsificados y apuestas clandestinas. Su carisma y capacidad para negociar le permitieron ganarse respeto rápidamente.
Fue en esta época que recibió su apodo “El Rubio”, debido a su cabello claro y estilo pulcro que contrastaba con la rudeza de las calles.
Consolidación y Primeras Conexiones
A los 25 años, Niccolo comenzó a relacionarse con figuras de peso en el hampa local, sirviendo como mediador en tratos peligrosos y resolviendo disputas sin derramar sangre. Este enfoque calculador y profesional le abrió puertas hacia negocios más grandes:
Tráfico de armas discretas para coleccionistas y grupos pequeños.
Protección de locales de lujo mediante extorsiones sutiles.
Lavado de dinero a través de talleres y concesionarios ilegales.
Su vehículo, un Rhinehart modificado completamente en blanco, se convirtió en su sello personal, representando lujo, control y poder.
Participe de organizaciones como:
Asphalt Brokers; Peckham Block; Villa Kuro; Vasuras Crew; The Red Line; Rosas Gang...Dejan en claro que no es un tipo cualquiera, que viene para quedarse.
Expansión hacia el Mundo Mafioso
Hoy, con 32 años, Niccolo está en la transición hacia el verdadero poder. Esta buscando una nueva casa, un lugar donde aprovechar sus conocimientos y llegar hacia lo mas alto, ya deja de ser un pandillero o un simple mafioso de pacotilla, hoy empieza lo bueno.
Aunque mantiene un perfil elegante, su reputación crece en Los Santos como la de un hombre que cumple su palabra, sabe negociar y sabe cuándo ser despiadado.
Rasgos Distintivos
Alias: "El Rubio"
Edad: 32 años
Vehículo: Rhinehart blanco modificado
Estilo: Mezcla de clase europea y malicia callejera
Filosofía: “El poder no se grita, se demuestra con silencio y precisión.”
Fecha: Cuando el tiempo dejó de importar. Hora de convocatoria: 23:50 Ubicación inicial: Ruta estatal del norte Destino: Viejo galpón a las afueras de Harmony
La noche tenía ese aire denso que sólo se respira en el desierto cuando algo importante está por pasar. A las 23:50, como lo marcaba el escueto comunicado enviado por Giussepe Zannotti, las máquinas comenzaron a rugir una tras otra en la carretera. No hubo explicaciones, ni discursos motivacionales. Solo una hora, un destino, y un llamado silencioso que los hombres correctos supieron entender sin que se lo explicaran.
La ruta fue testigo de una fila de motores bramando hacia el oeste. Bajo el cielo abierto y sin estrellas, rodábamos sin hablar, pero sabíamos todos hacia dónde íbamos. Uno a uno, nos fuimos sumando a la marcha como piezas que encuentran su lugar en el engranaje de algo más grande.
El destino: un galpón oxidado a las afueras de Harmony, olvidado por los mapas, pero perfecto para lo que estaba por nacer.
Cuando las motos se apagaron, el silencio se volvió espeso. Solo se escuchaban las botas contra la gravilla y algún perro ladrando a lo lejos. Se bajaron los cascos. Se cruzaron miradas. No éramos muchos, pero éramos los justos.
Ahí, en medio de la nada, con olor a caucho quemado y aceite viejo, Giussepe —el que todos ya empezaban a llamar “El Anciano”— se adelantó sin ceremonia ni rodeos. No traía papeles, ni promesas. Traía algo más fuerte: la certeza de que lo que iba a empezar esa noche no se iba a romper fácil.
Se habló poco. Se dijo lo necesario. Que el club no era para cualquiera. Que este camino no era de ida y vuelta. Que acá no hay jefes, hay hermanos. Y que la traición se paga más caro que la sangre.
Fue ahí, entre sombras y polvo, donde se dejaron claros los primeros pilares de The Lost MC:
Lealtad como estilo de vida.
Respeto por el orden del club.
La carretera por encima de todo.
Y los colores… jamás en el suelo.
No hubo brindis. No hubo fotos. Sólo un grupo de hombres marcando el inicio de algo que ya se sentía eterno.
Esa noche no fundamos solo un club. Fundamos un código. Una forma de respirar. Una hermandad para tipos que hace tiempo dejaron de confiar en el mundo, pero que encontraron en el rugido del motor algo parecido a la verdad.
Desde ese punto perdido cerca de Harmony, comenzamos a rodar. Y desde entonces, nunca más paramos.
Escenario: Bar del sur, Sons of Silence
Las bisagras oxidadas del bar rechinan cuando Giussepe Zannotti empuja la puerta. El silencio lo envuelve. No hay música, no hay risas ni el choque de vasos. Solo polvo, olor a alcohol rancio y mesas cubiertas de manchas pegajosas.
Se detiene en medio del salón, sus botas resuenan contra la madera. A sus sesenta años, acostumbrado al ruido de motores y disparos, ese vacío casi lo sacude más que cualquier balazo. Mira a su alrededor: botellas vacías tiradas por el suelo, colillas de cigarro esparcidas como recuerdos de noches mejores. Suspira.
Con calma, se dirige a la barra. Encuentra un trapo arrugado en una esquina, lo empapa en un balde con agua turbia y comienza a limpiar. Sus manos, endurecidas por décadas de carreteras y guerras personales, se mueven lentas pero firmes. Cada pasada sobre la madera es un acto de paciencia, un recordatorio de que el respeto no se compra ni se hereda: se gana, siempre.
El viejo cuerpo cruje al agacharse para recoger vidrios rotos, pero su espíritu no se doblega. Mientras ordena botellas y barre el suelo, sus pensamientos lo acompañan:
"Toda una vida rodando, combatiendo, sobreviviendo… y aquí estoy, de nuevo en el inicio. Prospect. Sin títulos, sin corona. Solo un hombre frente al camino. Y me gusta."
La barra empieza a relucir, el suelo pierde su mugre, el aire se siente menos pesado. Afuera, la noche cubre el sur con su manto oscuro, pero dentro del bar brilla algo distinto: la voluntad de un hombre que, aun con los años a cuestas, no se rinde.
Giussepe se apoya un momento en la barra recién limpiada, se seca el sudor de la frente y sonríe. En el silencio, su voz ronca rompe el aire:
—Se empieza de nuevo… y aún tengo mucho por demostrar.
El eco de sus palabras se pierde en el vacío, pero él sabe que pronto, muy pronto, ese eco encontrará respuesta.
Pasteldechoclo
En días recientes, The Lost MC sostuvo una reunión con una organización que se ha ganado respeto por su presencia en los canales oscuros, particularmente por su capacidad de movimiento de armamento y cargamentos diversos: el Cartel Del Norte.
La cita fue coordinada cuidadosamente y se concretó en una colina alejada de San Chianski, al este del condado. Por parte de The Lost, asistieron los miembros:
Giussepe Zannotti (Fundador)
Rky Stanford (Presidente)
Ezequiel Cisneros (Sargento De Armas)
Brian Zancudo (Prospecto)
El encuentro transcurrió de forma fluida, manteniendo el respeto y la seriedad que requiere este tipo de acercamientos. Durante la conversación, se establecieron líneas claras sobre futuros negocios, especialmente en lo relacionado a armamento, donde se manejaron precios competitivos y logística posible.
En representación del MC, también se propuso y acordó el precio de venta de la cocaína en $3,500 por kilogramo, sujeto a cantidades y frecuencia de pedidos.
Antes de dar por finalizada la reunión, y como gesto de cortesía de parte del club, El Anciano entregó un presente especial: un whisky añejado, producido artesanalmente por locales del condado, como símbolo de gratitud y respeto.
Los representantes del Cartel Del Norte fueron:
Julio
Mosco
El Mudo
Todos ellos llegaron en vehículos de alto valor, reforzando su imagen de estructura organizada y firme en el mercado.
Con esto, se abre una puerta de colaboración que podría traer beneficios para ambos bandos, siempre bajo las condiciones y códigos que respetamos.
Seguimos avanzando. Seguimos marcando presencia. Seguimos siendo The Lost.
—
Registro oficial de Giussepe "El Anciano" Zannotti The Lost Motorcycle Club
El día de ayer recibimos una invitación... especial. Uno de mis chicos, Rky Stanford, actual presidente del club, conoció a un tal Darwin, quien se presentó como miembro de los Desert Bastards. Nos extendieron la invitación a un evento organizado por ellos, cuando la noche ya había caído.
A la hora pactada, llegamos al lugar señalado. Nos presentamos como corresponde y pudimos apreciar un establecimiento bastante bien ambientado, con detalles que delataban orden y estilo. Tomamos asiento, compartimos algunas palabras, y cruzamos mirada con varias muchachas del lugar.
Fue entonces cuando Darwin se nos acercó y soltó la propuesta con naturalidad:
“Tendremos una pelea callejera. ¿Tienen algún miembro que los represente?”
De inmediato miré a Stanford. No se negó. Estaba claro que alguien del club daría la cara. Y no solo él: también se le dio la oportunidad al prospecto Brian.
Al llegar al ring, se respiraba tensión y entusiasmo. Se dieron batallas reñidas, entre rugidos, aplausos y miradas intensas. Le llegó el turno a Stanford: su oponente, nada menos que Tanner, un viejo conocido del club. Ambos dieron espectáculo, pero fue Stanford quien se alzó con la victoria, dejando claro lo que representamos.
Luego subió Brian, quien lamentablemente no logró llevarse la pelea. Aún así, demostró ganas, y eso también se respeta.
Y justo cuando pensábamos que todo había terminado… Un hombre, tan viejo como yo, me propone una pelea. Acepté.
Fue una contienda pareja, con técnica y golpes certeros, pero un par de aciertos bien conectados me dieron la ventaja. Cerramos así una jornada intensa y memorable.
Nos llevamos una buena experiencia, tanto yo como mis muchachos. Agradecidos con los Desert Bastards por la hospitalidad y el espacio. Aquí estamos, vivos, presentes y representando a The Lost MC como se debe.
Registro oficial de Giussepe "El Anciano" Zannotti
The Lost Motorcycle Club
ACTUALMENTE THE LOST TIENE LAS PUERTAS ABIERTAS PARA NUEVOS MIEMBROS, LISTO PARA FORMAR HISTORIA?... DC: gladius743