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Nacido un 24 de febrero, Allen fue el resultado de un matrimonio extravagante de la ciudad de San Francisco. Dos emigrantes japoneses que llegaron a Chinatown a mezclarse entre sus pares asiáticos, pero con la curiosidad de que el arte y la tecnología siempre estuvo en su prontuario.
A la edad de 8 años sus padres entraron en una profunda escacez por lo que decidieron empezar a trabajar en uno de los restaurantes chinos más humildes del sector, y Allen al no tener con quién estar en casa, los acompañaba para "ganarse el pan" como su padre decía.
Su estancia en ese restaurante se extendió años y años, por lo que Allen no tenía forma de hacer muchos amigos fuera de la escuela, ya que al salir de clases llegaba directamente al restaurante, donde hacía tareas, trabajaba y convivía con los asiáticos asalariados, algunos blancos con poca suerte y algunos otros un tanto... intimidantes, pero con los que Allen se llevaba muy bien, ya que los entretenía y de vez en cuando disfrutaban de una partida de mahjong o dominó. Sus padres aunque nunca dijeron nada, temían que se se dejara influenciar por aquellos sujetos, claramente de una de las triadas más influyentes en la bahía, sin embargo, su hijo fue criado muy bien y el entendió desde pequeña edad que aquellos sujetos podían hacer cosas realmente malas y que mientras que los entretuviera, no habría peligro para sus padres o para el mismo, ya que quería crecer como un hombre de bien.
A la edad de 16 años, entendió en esa basta ciudad, que no podía quedarse en un restaurante si quería hacer más por sus padres y por el mismo, así que culminando sus estudios se aventuró a conseguir por su cuenta un mejor empleo.
Esto no fue fácil, tuvo que luchar contra sus miedos, contra las ideas de sus padres, contra estafadores y explotadores laborales y sobretodo: esas tentadoras ofertas de los caracortada que de alguna manera lo vieron crecer. Siempre se mantuvo firme, excepto por una vez a sus 18 años.
Venía el fin de mes y las cuentas estaban apiladas en la puerta del apartamento familiar, la desesperación lo condujo a llamar a quien creía era un pez gordo: Li Wang. Este le indicó que el trabajo sería fácil, solo ir al muelle, darle un paquete a sujeto, recibir un dinero y en caso de que no se lo diera, dar aviso. Sonaba algo fácil y algo en lo que al parecer no habría víctimas involucradas o no se haría un gran mal, pensó Allen... de todos modos pagaron por adelantado.
Allen se adelantó un poco a la cita con aquel individuo, algo cerca de Embarcadero, por lo que estaba aún más tranquilo, "un sitio abierto, una zona turística, bien controlada, nada puede salir mal, solo será una vez" pensó para si. Vio como las personas dejaban de transitar poco a poco, como oscurecía y como sus manos temblaban cada vez más, no sabía si por los nervios o por el frío del pacífico. Un chico, de aproximadamente su edad, con una mirada hundida y totalmente nerviosa se acercó a Allen de repente, no pudo articular una oración correctamente, pero señaló la bolsa que traía, por lo que su confunso mensaje tuvo sentido.
Allen le acercó la bolsa, y el extraño sujeto sin saber qué hacer, hizo una reverencia ante el y caminó a paso apresurado por el mismo lugar del que salió. Con una mirada de confusión Allen vio como el sujeto se perdía en la distancia, mientras recibía un mensaje: "Todo ok?" Allen: "Si... solo que no me dio nada" "Entendido."
Este último mensaje heló la sangre de Allen como si de algo se percatara, por lo que corrió en dirección al chico con todas sus fuerzas. A lo lejos se escuchó un disparo, unos gritos y luego el silencio más lugubre que SF puede dar. Tirado en el piso, se encontraba aquel chico, ahogándose en su propia sangre producto de un disparo al pecho. Allen rápidamente tomó su teléfono y marcó al 911.
Inmediamente comunicó que había una víctima de un disparo, junto con su ubicación, pero al otro lado de la línea hubo un silencio. Allen gritaba en desesperación para que le respondieran, y solo fue hasta que su voz comenzó a quebrarse que obtuvo la respuesta que cambiaría su vida: "Chico, tengo las manos atadas, pero sigue mis instrucciones"
Se le indicó cómo tratar rápidamente al moribundo joven, a la espera de una "ambulancia", que resultó ser un una camioneta totalmente negra con dos suejetos en la parte de atrás y extraño equipo médico. Estos dos sujetos tomaron al herido de los brazos de Allen y desaparecieron tan pronto como llegaron.
Atónito, Allen se dirigió a su apartamento caminando con sus manos llenas aún de sangre, entró, miró a sus padres y les dijo antes de que pudieran siquiera preguntar: "Salvé una vida y quiero seguir haciéndolo"
Allen sabía que no podría pagar una carrera de medicina, pero tenía algo que había estado entrenando toda su vida: conservar grandes volúmenes de información en forma de pedidos y comunicarlo adecuadamente a la cocina... un dispatch.
Apenas pudo, llenó los fomularios y luego de unas semanas, inició su academia como dispatcher en el Department of Emergency Management de San Francisco. Sentía que su corazón se rompía con cada llamada, pero eso no le dio sino más y más fuerzas para continuar.
Ya fuera atendiendo llamadas de una ancianita en su apartamento que acaba de tropezar, un ajuste de cuentas entre las pandillas locales o un incendio en una fábrica de productos con Cannabis, Allen siempre estuvo ahí para salvar a cuantos pudiera y darles una oportunidad de ser mejores.
Sus padres no podían estar más orgullosos de su hijo, haciendo cursos de salvamento, enlistándose como voluntario en campañas de salud o de prevención de riesgos en la bahía y ganándose un espacio en el corazón de la gente, pero para Allen siempre había algo que faltaba.
Allen sabía que necesitaba un cambio y sin pensarlo mucho, solicitó a un traslado en el estado de San Andreas, una isla lejana con el ambiente perfecto para su plan de vida, por lo que compró un tiquete, empacó sus cosas y despidiéndose de sus aún confusos padres, empezó una nueva vida por su cuenta.
Lo que no esperaba es que allí no tuviesen su traslado registrado en el sistema y ahora tenga que ganarse el pan de lo que sea, mientras espera la posibilidad de seguir salvando vidas.
Nacido el 14 de Octubre de 1990 en Miami, Florida, Ashton es hijo de inmigrantes colombianos forzados a cambiar su apellido, lo que le permitió desde muy pequeño conocer dos culturas diferentes y desenvolverse en cualquiera de ellas con total normalidad.
Sus padres trabajaban en un pequeño puerto exclusivo para magnates importantes, tanto gente de negocios lícitos como los no tanto, sin embargo, ellos no hacían distinción y a todos los trataban por igual, con una sonrisa y una mano amiga, tal vez muy amiga.
Aquellos personajes poderosos creían en la buena reputación de los Walker, por lo que nunca faltaron las propinas y las buenas oportunidades para ellos, sin embargo, todo esto fue una simple fachada que en los primeros años no notaron.
Ashton si bien nunca creció con excesivos lujos, nunca tuvo necesidades y antes sus ojos, sus padres solo eran buenos trabajadores y las vacaciones en su querida Colombia, eran una excusa para experimentar con la naturaleza y ver la inmensidad del cielo como un regalo sagrado. Un verano como cualquier otro, a la edad de 10 años, Ashton notó que sus vacaciones en la casa de sus abuelos se había extendido demasiado, y quería volver a ver a sus padres en su modesta casa de Miami. Intentó comunicarse con ellos, pero no tuvo respuesta hasta meses después.
Sus padres llamaron por fin, y aún con lágrimas en los ojos, le comunicaron a su hijo que no podía volver a los Estados Unidos y debía ser fuerte llevando una nueva vida en Colombia, y si todo salía como ellos esperaban podrían verse en poco tiempo.
Ashton no entendía nada y esto lo marcó, ¿por qué sus padres lo dejarían en otro país? se preguntaba a diario y no dejaba de culparse por lo que fuera que estuviera sucediendo. A pesar de esta difícil prueba, sus abuelos le dieron aún más lujos, lo inscribieron en el mejor colegio posible, le dieron absolutamente todo y lo criaron como una persona lejana a los vicios, la vanidad y sorprendentemente humilde, ya que si se portaba bien, era probable que sus padres lo recibieran de nuevo en su casa.
Pasaron los años y Ashton no dejaba de mirar el cielo como un escape de la culpa que sentía, por lo que en su adolescencia se decidió por un camino en la aviación, definitivamente lograría llevar un avión y buscar a sus padres el mismo, incluso con la oportunidad de comprar un tiquete aéreo quería probarse. Algo exagerado pero que lo ayudaría a cumplir su sueño.
Concluyó el colegio, hizo amistades y se intentó mantener al margen de lo que consideraba la basura humana, pero de alguna forma sabía que la necesitaría para hacerse un nombre en su camino a ser un verdadero piloto. con esto en mente formó relaciones con hijos de políticos y a todo vuelo que hicieran, el iba.
Como un personaje que se codeaba con personas influyentes, Ashton ganó una reputación bastante buena, tal y como recordaba que sus padres la tenían, lo que lo motivó a buscarlos de nuevo, ya que no oía sus voces desde que se había graduado del colegio y seguía sin entender el por qué de su ausencia.
Aprovechando un viaje de uno de los hijos de un embajador y sin decirle a sus abuelos, Ashton abordó un vuelo a Miami, donde en pocas horas estaría frente a la casa que lo vio crecer, pero totalmente vacía.
Con rabia y confundido, Ashton se dirigió al puerto en busca de respuestas, y contra todo pensamiento, ahí estaba su padre, atendiendo a los mismos personajes de la misma forma comedida. Él aprovechó esa oportunidad y sin titubear se dirigió cara a cara con su padre y este sin poderlo creer, rompió en llanto y se intentó alejar de el.
Ashton no se rendiría en buscar las respuestas que necesitaba, por lo que lo siguió hasta un lugar bastante solitario, donde lo enfrentó. Su padre aún nervioso y con lágrimas intentaba explicarle que no había sido culpa de ellos y que todo era por protegerlo. Con rabia, Ashton golpeó a su padre y este sin responder siguió su historia.
Antes de dejarlo en Colombia, sus padres habían recibido algunos paquetes que debían guardar y entregar en el puerto, algo que definitivamente para ellos no olía bien, se decidieron hablar con las autoridades y fueron puestos en un grupo de alta importancia, sabían que tenían una misión y esta era hacer caer un poderoso cartel en tierras americanas. Se les aconsejó llevar a su hijo fuera del país y darle una nueva vida. Casi como dobles agentes, se dedicaron por años a hacer caer a los más peligrosos criminales, pero todo se había complicado y las sospechas empezaron a incrementarse.
Ashton no podía creerlo y todos años de culpa parecían convertirse frente a sus ojos en una admiración profunda por los padres que aún en la distancia nunca dejaron de ver por el. Un fuerte abrazo, un intercambio de contactos y la promesa de ayudarlos fue lo que concluyó ese día tan dramático.
Ashton decidió quedarse un tiempo y hacer lo que siempre había querido, concluir sus estudios como piloto, por lo que no perdió tiempo usando la cuenta familiar y llamando a sus abuelos, se inscribió a los cursos más intensivos y avanzados que pudo para operar en un periodo de poco más de un año, una licencia como piloto comercial y habilitaciones en lujosos aviones privados.
Al concluir sus estudios, Ashton volvió a Colombia a homologar sus títulos, con esto era un piloto con licencias internacionales que le permitirían escalar muy rápido entre sus conocidos y definitivamente ayudar a sus padres en la misión.
Agentes se comunicaron con el por algunos años mientras el hacía un trabajo social con grandes personajes involucrados en distintos negocios turbios, y sin saberlo, pronto se enfrentarían a uno de los viajes más complejos de su vida.
Un nuevo vuelo le fue programado, muy discreto y de alta prioridad. Transportaría a uno de los jefes de una organización dedicada al tráfico de armas. La preparación para la misión fue dura, muchos posibles escenarios en el aire, entrenamiento con armas que le serían entregadas en el avión, y sobretodo una serie de códigos complejos que debía aprenderse para comunicar todas las intenciones y estados en vuelo.
Llegó el día y Ashton solo podía pensar en que su misión daría lugar a una nueva vida de nuevo con su familia. El personaje y sus acompañantes abordaron el avión, lo cargaron con numerosas maletas y se prepararon para el despegue. Ashton estaba muy nervioso y temía que ellos lo notaran, por lo que desde el abordaje, Ashton tuvo que cerrar la puerta que comunicaba con la cabina, respirar y concentrarse.
El vuelo transcurrió de forma normal hasta que a mitad del crucero, uno de los acompañantes entró en la cabina con la excusa de mostrar interés en los instrumentos, sin embargo, rápidamente la situación se tornó peligrosa. Aquel sujeto, bastante alto y corpulento, con una vestimenta y accesorios de alto valor, le hizo saber a Ashton que conocía su plan y que si quería que todo saliera bien, debía hacer algunos cambios en el plan de vuelo.
Ashton por un momento pensó en tomar el arma a un lado del asiento, pero notó que en el cinto del corpulento hombre, había una especie de placa, que solo había dejado expuesta para entrar en la cabina. Ashton asintió y se propuso a cambiar el plan de vuelo a una ciudad que no conocía pero con la infraestructura necesaria para un aterrizaje perfecto: Los Santos. Para su sorpresa, el cambio de plan de vuelo fue aprobado sin una sola pregunta y todo el teatro que hasta el momento se había hecho, empezaba a tener sentido. Ashton emocionado cambió su rumbo y se dirigió a su nuevo destino, con un pequeño gesto de agradecimiento a aquel extraño personaje.
Las ventanas fueron cerradas mientras los demás dormían y aprovechando la hora y la niebla sobre el mar, la llegada al aeropuerto internacional de Los Santos no fue advertida. A Ashton se le indicó una plataforma específica en la que antes de notarlo, estaban rodeados por sujetos armados, las puertas del avión se abrieron casi de repente por la acción de Ashton y en cuestión de segundos, el gran criminal era esposado frente a sus ojos.
Un sentimiento de liberación recorrió su cuerpo, y al descender del avión notó que algo no estaba del todo bien.
Mientras Ashton descendía del avión y el capo de las armas era apresado en un auto blindado y con vidrios tintados, pudo escuchar los gritos del hombre corpulento, parecía enojado porque este no era el plan que habían acordado. Los gritos fueron opacados en un abrir y cerrar de ojos por el disparo de un arma. Un tiro certero a la cabeza del criminal dentro del auto. El hombre solo pudo asentir y dirigiéndose a Ashton le dio un teléfono. El avión fue retirado y sin una sola palabra más, Ashton quedó solo en el aeropuerto.
Luego de unos días sin ninguna noticia y en un hotel modesto, el teléfono sonó. "No tengo mucho tiempo, solo ayudamos a que la balanza del poder se inclinara hacia otro lado, tu familia estará bien y se seguirán comunicando por canales seguros, pero ahora tu vida está en Los Santos, haz una nueva carrera en lo que sea, al menos hasta que todo este circo termine"
Han pasado algunos meses, sin mucho dinero, con mucha experiencia, pero sin muchos conocidos, Ashton Walker busca nuevas respuestas, un trabajo y sobretodo algo que pueda llamar amigo.
Con los contactos ganados en su llegada a la ciudad, Ashton sirvió como director de aviación de Los Santos.
Este trabajo reforzaría la seguridad y la operación aérea, sin embargo, el lugar en el que pondría todo su corazón estaba en otro sitio.
Invirtió junto con sus amigos en una empresa de seguridad, que se convertiría en un valuarte en el que incluso El Estado puso sus ojos para la protección de sus intereses, claro que de forma no oficial.
Este pequeño entrenamiento lo llevó a enlistarse en la fuerza aérea, donde se convertiría en un aviador condecorado como el mejor de su academia, instructor de múltiples aeronaves, piloto de combate y un miembro de la brigada médica, llegando al rango de Sargento Maestre de la Fuerza Aérea.
En su afán de la protección de elementos gubernamentales, Walker tomó una acción decisiva para salvaguardar oficiales policiales, que poco sabía el que trabajaban de cerca con las mafia que habían permeado en las Fuerzas Armadas y vieron en esta acción una oportunidad para intentar humillarlo y retirarlo de su oficio.
Con mucho honor en su corazón dejó su servicio con la frente en alto y se embarcó en una nueva experiencia, pues esta no va a ser la última vez que Walker alcanzaría el cielo.