El Origen de "Cero"

Lugar: Desierto de Siria, 2023.

El sol cae a plomo sobre un paraje seco y silencioso. Cinco hombres del Grupo Wagner caminan entre las ruinas de un pueblo devastado. El humo aún sale de algunas casas, y el olor a pólvora y muerte lo envuelve todo.

Uno de los mercenarios, Aleksei, arrastra a un prisionero con una bolsa negra en la cabeza. Otro, Yuri, revisa el perímetro con el arma en mano. El joven Vyacheslav, de mirada helada, se mantiene a un costado, su uniforme salpicado de sangre seca.

El Capitán Makarov se detiene frente al grupo, mirando el cielo como si esperara que algo lo detuviera… pero sabe que nadie vendrá.

— ¿Nombre del objetivo? —pregunta Makarov, sin mirar al prisionero.

— Hafez Al-Rami. Confirmado —dice Yuri, entregando una foto.

Makarov asiente. Luego, gira hacia Vyacheslav.

— Te toca, Sicorenkiz.

El resto lo observa. Nadie dice nada. Vyacheslav avanza sin emoción, saca su pistola y, en un solo disparo al cráneo, ejecuta al prisionero. Cae como un saco al suelo.

Aleksei rompe la tensión.

— Joder… Ni siquiera preguntó nada. Ni una palabra. ¿Qué es, un robot?

Yuri se ríe, pero sin gracia.

— No es un robot. Es un puto cero.
— ¿Un qué? —pregunta Aleksei.
— Un cero, hermano. Mira sus ojos… no hay nada. Cero preguntas, cero remordimientos, cero dudas. Lo que le digan, lo hace. Lo que vea, lo entierra.

Makarov se cruza de brazos, observando a Vyacheslav mientras limpia el arma en silencio.

— No es la primera vez. Hace tres días limpiamos un bloque entero de insurgentes y él entró primero. Ni pestañeó cuando encontró niños armados. Lo despachó todo, como si fueran sombras.
— ¿Y sabes qué más? —añade Yuri—. Nunca pregunta qué hicimos aquí. Cero curiosidad. Solo sigue la orden. Por eso vive. Por eso lo llaman así.

Aleksei se queda mirando a Vyacheslav, que ya está caminando hacia el vehículo.

— Cero… —repite, en voz baja—. El tipo que vino de la nada, sin alma, sin ruido… pero con plomo en las venas.

Año: 2025
Lugar: Bar clandestino en Los Santos.

Un pandillero local se acerca a Vyacheslav, ya convertido en una figura temida. Tiene curiosidad y algo de arrogancia.

— Oye… ¿Por qué te dicen “Cero”, ruso? ¿Es por lo frío que eres o porque vales eso?

Vyacheslav lo mira, en silencio. El ambiente se congela. El ruso deja el vaso en la mesa, se inclina hacia él y dice, sin levantar la voz:

— Porque todo lo que tocar… volver a empezar desde cero. Incluyendo idiotas que preguntar demasiado.

El pandillero traga saliva, da un paso atrás. Nadie vuelve a preguntar.